La Semblanza Histórica Del Municipio de General Treviño, elaborada por el Profesor Aarón Cadena Sáenz, da cuenta de un pasado digno de considerar en sus diferentes ámbitos. En esta ocasión cobra especial atención hablar del beisbol, tomando como punto de referencia obligado, a la crónica de profesor Aarón, donde deducimos que desde hace casi un siglo, la persistente práctica y la gran afición hacia el rey de los deportes es uno de los rasgos culturales con mayores recuerdos entre quienes nos sentimos distinguidos al considerarnos originarios de este pintoresco pueblo.
Aunque del beisbol llegó a conocerse en esta región desde la época del porfiriato, en el último cuarto del siglo antepasado, no fue sino hasta mediados los años de 1920 , con el inicio de la Liga Mexicana (1925) cuando Victorino “Lino” Velázquez, originario de Nuevo Laredo Tamaulipas y avecindado en el pueblo por esa época, notable por su espíritu innovador, tomó la iniciativa para integrar la primer novena con la que inició formalmente el club, lo cual sería la base para que las generaciones poseriores hicieran cada vez mejores equipos y dieran lugar a toda una historia del deporte local.
Cabe señalar que este proyecto fue posible gracias al apoyo del profesor Gorgonio Saénz, alcalde dos veces entre 1925 y 1930 , quien dio las facilidades para la formación del Club Deportivo de Beisbol, así reconocido hasta la fecha, y que a su vez convocó a los vecinos y paisanos migrantes a participar económicamente en el equipamiento y los gastos requeridos; también gestionó para que fueran cedidas 4 hectáreas, un espacio de 200 metros por lado, al que hasta la fecha se le llama “El Cuadro de Pelota”, espacio donde está actualmente la Unidad Deportiva Municipal.
Desde sus inicios, y durante cerca de cuatro décadas, los partidos tenían carácter amistoso, se hacían los domingos y eran entre el equipo local y uno visitante proveniente –regularmente– de Cerralvo, Agualeguas, Melchor Ocampo, Los Aldamas o Los Herreras; ocasionalmente, venían a jugar de Monterrey, Miguel Alemán y Laredo. Había compromiso de cumplir como visitantes cada dos semanas, sobre todo con los equipos más cercanos, a los que casi siempre los visitantes llevaban su porra para combinar la alegría y el buen humor en un ambiente campirano, pero puramente deportivo.
A los juegos dobles, mañana y tarde, acudían aficionados de todas edades, era común que grupos de mujeres jóvenes formaran parte del público, propiciando un ambiente especial protagonizado por varones propiamente uniformados. Había eventos originales para atraer a la afición foránea, tales como aquel juego de pantomima, donde participaron dos equipos locales mixtos, aficionados y jugadores, todos vestidos de mujer; también recordamos el partido entre el equipo local contra una novena de jugadores de color (negros), proveniente de Harlingen, Texas, a fines de los 50, cuando se registró un lleno total, formado en gran parte por aficionados foráneos; esta vez, el equipo local se impuso y, como siempre, cuando el equipo de Treviño era el ganador, una caravana de carros y camionetas recorrió las calles principales tocando el claxon para celebrar el triunfo.
El ambiente beisbolero del pueblo fue cambiando conforme creció la migración legal hacia Estados Unidos, que en un principio era individual, luego la hacían familias completas. En general era común ver buena parte de migrantes regresar a pasar el invierno, sobre todo aquellos trabajadores temporales en las ciudades de Chicago y Detriot. Hubo épocas que los juegos de beisbol solo se animaban en las estaciones otoño-invierno.
A manera de anécdota, se recuerda aquel verano en el cual un grupo arraigado de jóvenes, patrocinados por particulares, en coordinación con la tlapalería propiedad de Felipe Espinosa, organizaron un modesto equipo al que llamaron “Los Mezquiteros”, con el ánimo se mantener viva de la tradición del llamado por tradición “el juego de pelota”, para competir con sus similares de los alrededores.
En ese tiempo observó mayor lucidez en la actividad deportiva, pudieron allegarse recursos para equipamiento y mejoras del parque; los jugadores de esas generaciones fueron más competitivos, gracias al impulso y madurez deportiva que le dio a General Treviño la categoría de “pueblo beisbolero”, al cual acudían personalidades del medio deportivo profesional en busca de talentos.
El beisbol treviñense de las últimas fechas se ha venido adaptando a la modernidad en cuanto a equipamiento, reglas del juego y forma de competir. Actualmente los utensilios son de calidad superior a los antiguos; en todos los partidos las reglas son vigiladas por un “umpire” (principal) profesional atrás del cátcher, contra la vieja costumbre de asignar esa tarea a un veterano del equipo local al centro del diamante; se organizaron los juegos de liga en coordinación con los municipios aledaños, en sustitución de los partidos amistosos.
En suma, este relato indica cómo el espíritu deportivo, en lo general, es un aspecto cultural muy significativo en el desarrollo de una la sana convivencia local y la apreciable identificación con otras localidades de la región noreste mexicana.