RODRIGUEZ29112024

AL BORDE
El despojo de la memoria
Jorge Castillo

Monterrey.- En días recientes hemos confirmado esa máxima de la sabiduría popular que dice: «del dicho al hecho hay mucho trecho». Sin embargo, y para el caso de Donald Trump, esta certeza no desestima su peculiar estilo comunicativo. Pues además de agresivo, estridente y mentiroso, también se dirige hacia sus interlocutores con desdén. Así es como podemos calificar su reciente propuesta de “solución” al complejo problema geopolítico, militar y humanitario de la Franja de Gaza en el Medio Oriente.

Su plan se resume en ‘tomar control’ del territorio, reasentar a la población palestina en Egipto o Jordania, y reconstruir la ciudad para convertirla en la ‘Riviera de Medio Oriente’ donde ‘vivirá la gente del mundo’; lo cual supone que Estados Unidos ocupe una ‘posición de propiedad a largo plazo’ sobre la zona. Así de simple. Y aunque declaró que esto sería benéfico para la región y para los mismos palestinos, su pretendido proyecto implica dos cosas claras: el despojo de territorio y la limpieza étnica mediante el desplazamiento forzado.

Para Trump se trata de un juego de suma cero, donde unos pierden todo y otros ganan todo, sin conciliación alguna entre las partes. Es, al menos en lo declarativo, una política abierta de invasión y ocupación colonizadora, pues se pretende negar el derecho histórico del pueblo palestino sobre su tierra, sobre su identidad y su cultura asentadas en un territorio de aproximadamente 3,500 años de antigüedad. Así de pasmosa, burda e insultante es la propuesta de Trump, ya que de un plumazo quiere borrar la huella palestina sobre un sitio milenario, lugar de cobijo de sus antepasados.

Pero no nos sorprendamos mucho, no hace demasiados años ése también fue el objetivo de las políticas expansionistas de los imperios coloniales europeos sobre los territorios “vírgenes” del orbe: el hacer a un lado –casi hasta el exterminio– a las poblaciones nativas. La diferencia es que en aquel entonces ésas políticas se ejecutaban con la firme creencia de que así se alcanzarían el progreso y la civilización, en tanto beneficios mayores para todos los pueblos involucrados (colonizadores y colonizados). Y hoy –con pleno conocimiento de los errores, abusos y crímenes cometidos en el pasado– el presidente de uno de los países más poderosos del mundo, propaga una cínica narrativa de mero beneficio unilateral, sin importar el derecho internacional y los derechos humanos.

Ejemplo de esto último es el caso del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, quien, a petición de Trump, está dispuesto a entregar sus ‘tierras raras’ a Estados Unidos, a cambio de recibir su apoyo contra Rusia. ¿Acaso estamos nuevamente ante el juego de la pirinola planetaria con la que unos pocos buscan ‘tomar todo’, inclusive los territorios en los que se sustenta no sólo la vida material de un pueblo, sino en los que también se inscribe su memoria ancestral, su espíritu de nación?

Sin embargo, consciente de lo irracional de su proposición al afirmar que no quería sonar gracioso o parecer un ‘listillo’, es muy seguro que Trump tenga en claro lo poco realista de su propuesta. Las mismas autoridades palestinas, la comunidad internacional, los organismos multilaterales y las naciones de Medio Oriente ya han declarado sus disgustos y negativas al respecto. ¿Entonces, qué pretende Trump con ésas declaraciones? ¿Perturbar el actual acuerdo de paz a favor de sus intereses geoestratégicos de corte expansionista? ¿Visualizar una oportunidad de negocios que beneficie a su emporio inmobiliario? ¿Lanzar, como es su estilo, una bravata para medir los posicionamientos internacionales? Difícil saber con claridad lo que pasa por la mente del déspota neoyorquino avecindado en Palm Beach y en Washington, D.C.

Lo que sí es claro, es que la postura y la actitud de Trump sobre este conflicto revelan, sin duda, un profundo menosprecio por la vida y la dignidad del pueblo palestino, en franca consonancia con las políticas de despojo y de genocidio israelíes. Y también expresan su trato racista hacia los palestinos, al negarles, cual seres inferiores, su derecho a la libre autodeterminación como una nación con hondas raíces históricas en el territorio y como un genuino actor internacional en el concierto mundial; y sin el cual no se puede lograr una paz justa y duradera para la región.


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