Monterrey.- En medio de este confinamiento pandémico,
En mi casa procuro mantener girando el hamster con estudio.
Tan es así, que ya hasta me chilla la ardilla con el más mínimo esfuerzo neuronal.
Confinamiento que también estimula
A que los niños piensen más en la existencia del ratón de los dientes;
A que sus hermanxs se entretengan viendo Ratatouille en la tele;
A que sus papás aprendan a cocinar el exótico Caldo de rata;
A que los reporteros de las vespertinas emulen, sin pena, El día de la marmota;
A que los intelectuales consideren seriamente sueños utópicos de capibara.
Y que algunos tantos, como Roger Rabbit, se sientan engañados por la 4T.
Quién hubiera pensado que los murciélagos serían sospechosos de todo esto,
Y hasta impidieran a los Mickeys y Mimis de mamá, la festejaran como se debía.
Más increíble aún, saber que los conejos y los murciélagos ni siquiera son roedores,
Y mucho menos que los últimos tengan relación alguna con las flying rats.
Más insólito es que afuera, a pesar de todo, las ratas polakas y los ratones sigan con las suyas.
Ni en tiempos del Ratón Vaquero, el Ratón Crispin, la Rata Ben, Topo Gigio y Mimoso Ratón,
Hubiésemos visto tal descaro en situación similar ¿O sí?
Sobre todo pensando en que, sin hobby, hay quienes como castores no paran de trabajar.
Y con la crisis de empleo que nos acecha, me inquieta saber
¿Quién cuidará de los cynomys en el Museo del Desierto?
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