Monterrey.- El retiro de la gimnasta estadounidense Simone Biles de la competencia olímpica es muestra clara y lastimera del endeble carácter de estas nuevas “generaciones de cristal”, que nada les embona porque ya no aguantan nada, ni siquiera el abuso sexual del que han sido objeto bajo el manto cómplice de dirigentes e instituciones deportivas honorables.
Lo cual, a los adalides del “sentido común” y del “deber ser”, nos hace cuestionar que se aplauda el implícito derrotismo de Biles, pues corremos el riesgo de que normalicemos su mal ejemplo, el de formar más generaciones de mediocres sensibleros que exalten las nobles pero trágicas figuras de los perdedores apesadumbrados. Quienes con sus temores, dudas y conformismo,[1] irremediablemente, conducirán a nuestras sociedades a su absoluta decadencia y ruina.
Destino fatal dada esa extraña idea de autocuidado mental expresada por Biles como razón principal de su retiro, pues es respaldada por grupos que promueven supuestos conocimientos sin fundamentos verdaderos y que cuestionan los cimientos de nuestro más preciado dogma arcaico, el cual también confirma nuestro máximo axioma naturalista moderno: la pervivencia y la grandeza solo pueden ser fruto del dolor y el sufrimiento.
Falsos saberes que también justifican extraviadas “ideologías de algodón de azúcar”, las cuales confunden y degeneran a nuestros pequeñines, quienes ya no saben diferenciar el blanco del negro, ni pueden identificarse claramente como mujeres, varones, gatitos o taburetes, o siquiera distinguir dónde es arriba y dónde es abajo. Referentes que solo les desorientan y distraen del único e inconfundible aspecto que le da sentido a su vida personal y social: ser alguien significa, por definición, sobresalir de entre los demás, a quienes debemos vencer conforme la premisa de la excelencia; la cual nos exige estar siempre por encima de la cima.
Pero con sus ideas y valores de terso arropo, por demás fantasiosos e irracionales, tales ideologías no permiten a nuestros jóvenes el aceptar, asumir y desarrollar los incuestionables atributos que poseen; los cuales les potencien y enaltezcan como personas y naciones.
Insulsas ideologías de “lo políticamente correcto” que nos privan de todas esas prodigiosas herramientas y técnicas para el incandescente forjado de nuestros campeones y líderes, y por las que se nos acusa injustamente de ser unos vulgares y violentos abusadores; pero quienes en el fondo solo queremos dictar lo que es mejor para para toda la sociedad, aunque excepcionalmente, y por descuido, cometamos errores o algunas ‘manzanas podridas’ desvirtúen nuestras buenas intenciones.
Ideologías con posturas ingenuas que, además, no quieren reconocer nuestros refinados medios para «gestionar» –o mejor dicho enjaular–, de manera eficiente, las temperamentales fuerzas de la naturaleza y nuestras problemáticas emociones humanas.[2]
Métodos ya institucionalizados, con sus respectivos instrumentos y mecanismos, los cuales Biles no supo aprovechar para switchear (superar) sus malestares psicoemocionales,[3] y así poder alcanzar toda la gloria olímpica que ella y su país se merecían. Perdiendo, en ello, la inigualable oportunidad de ser dignificada reverencialmente por todos sus admiradores, quienes le hubieran aclamado por mantenerse en las magnificentes alturas de fama y celebridad mundiales. Admirables distinciones que nadie, en su “sano juicio”, debiera despreciar.
Metas consistentes con la tradición civilizatoria que expresa nuestro venerable lema olímpico, el cual nos invita a ir más rápido, ir más alto y ser más fuertes juntos (citius, altius, fortius communiter).
Si no fuera así, y tratando de observar con más detalle la trayectoria personal y deportiva de Simone Biles, entonces de qué otra manera pudiéramos entender, contextualizar y manifestar el objetivo del Olimpismo moderno: ‘… poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana’.
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[1] Vea como dos atletas comparten el oro en los actuales juegos olímpicos: https://www.youtube.com/watch?v=UVnWd_5oRZo&ab_channel=MarcaClaro.
[2] Aquí algunos ejemplos de la gestión emocional del estrés en un deporte de clase mundial: https://www.youtube.com/watch?v=zxvBkZ-jGyo&ab_channel=TennisTV.
[3] Sugiero vea la versión romantizada del inmediato, rudo y eficaz “manejo masculino” del estrés emocional y competitivo, expuesto en el filme Over the top (1987), dirigida por Menahem Golan. Historia que reivindica la valía del laborioso, honrado y noble redneck ante el desprecio clasista de los ricos: https://www.youtube.com/watch?v=Y8YLUXkz9Zs&list=PL23508C6DC085BAA5&index=12&ab_channel=Rah%28ider%29.