A la memoria de
Ruth Joan Bader Ginsburg.
A su discreta pero potente inteligencia
y a sus incansables convicciones.
Monterrey.- Al cumplirse el sexto año de la trágica Noche de Iguala como caso paradigmático del agotamiento del modelo mexicano de investigación criminal e impartición de justicia subordinado a los intereses del orden público –entiéndase a beneficio del poder político en turno y de sus (corruptibles) aparatos institucionales–, bien valdría comentar sobre algunos de los elementos que problematizan las labores de los cuerpos judiciales desde los tropos recurrentes de las narrativas cinematográficas anglosajona y escandinava; y las cuales, sin caer en exageraciones, imbuyen muchas de las representaciones e imaginarios que la mayoría de la gente tenemos sobre tales asuntos.
Sin tener expertise en el cine noir o el thriller policiaco, sólo me interesa comentar los aspectos que considero más relevantes de dos películas intituladas Insomnia, en sus versiones noruega de 1997[1] y estadounidense de 2002;[2] dirigida la primera por Erik Skjoldbjærg y la segunda por Christopher Nolan. Tanto en la versión original como en su remake observamos a detectives de primera línea que son comisionados a las tierras de la noche blanca (donde hay luz solar día y noche durante 6 meses) para investigar el asesinato de una adolescente; en una ciudad del ártico noruego y en un pueblo de Alaska, respectivamente.
Estos son los escenarios gélidos y luminiscentes en que los que el detective protagonista de cada historia, Jonas Engström / Will Dormer, ambos con previos cuestionamientos a su labor policial, uno por actos antiéticos de indecencia y otro por posible manipulación de evidencias criminales, empiezan a sufrir de insomnio debido al cambio de horario, a las noches blancas y por un combinado sentido de culpa y del deber, ya que cometen un error fatal durante un operativo de persecución del sospechoso en un ambiente cubierto de un inasible manto de niebla.
Error que por conveniencia propia se dedican a encubrir con la ayuda material y simbólica de un perro, y en el cual podemos ver reflejada su propia labor policial. Animal que, para el caso particular de ambas películas, al mismo tiempo es un guía, un rastreador y un guardián de las almas de los muertos, y de la conciencia y reputación de los vivos. Pero dados los elementos particulares de cada historia, también podemos notar algunas diferencias importantes entre ambas versiones.
Mientras en la Insomnia estadounidense el prestigioso detective angelino, Dormer, no deja de sentir culpa por el error cometido y por el temor de que esto destape sus prácticas fraudulentas en casos previos, este personaje también se muestra como un policía comprometido y apasionado en su genuino compromiso de atrapar a los criminales en pos de dar justicia a las víctimas y sus familias, aunque sea alcanzada por medios cuestionables.
Tales cualidades le lleva a exponer una serie de diversos diálogos muy emocionales con otros personajes de la historia, en los que se exponen sus dilemas morales centrados en el problema de la justicia revanchista (genuina, verdadera), movida por deseos de venganza. Haciéndonos también testigos de una emotividad y pasión (ilusas) por una idealizada justicia y cumplimiento del deber, encarnados en la joven detective Ellie Burr, y las cuales son puestas en contraste con las prácticas indebidas pero necesarias, en el mundo real, del detective Dormer.
Aquí recuerdo (como pequeño paréntesis) en el contexto mexicano, las recurrentes quejas de diversos actores políticos y judiciales que reniegan del nuevo Sistema Penal Acusatorio por ser inoperante y hasta contraproducente ¿ante las “realidades” criminal y/o judicial previas que se pretenden cambiar?
En cambio, en la Insomnia noruega, el detective de origen sueco, Engström, tampoco deja de sentir culpa por el error cometido e igualmente afirma su sentido del deber, pero desde que llega a la ciudad de Tromsø no deja de realizar su trabajo como algo rutinario, como una labor meramente burocrática, fría y desapasionada; tal vez como un esfuerzo cotidiano por evitar repetir errores previos que le trajeron serias consecuencias, y que se refleja en su reclamo a Jon Holt por no haberse podido “controlar” ante la adolescente que asesinó. Reclamo circunstancial que le hace sin recurrir al uso de elocuentes y emotivas disertaciones morales.
En este sentido, pareciera que la versión gringa es una abierta declaración antiburocrática frente a la potencial labor deshumanizante e impersonalizante del trabajo policial. Esto último se puede observar en una escena donde la detective Burr quiere deshacerse, cuanto antes, del papeleo y de los reportes de la investigación paralela que le fue asignada; acaso como una sutil alusión a la típica figura del policía rebelde que siempre es renuente a las reglas y los procedimientos que le impiden “hacer bien” su más importante trabajo: atrapar a los criminales. Esa versión ya clásica del héroe americano, ahora heroína, que hace justicia pasando por encima de la ley y/o haciendo a un lado los reglamentos y los rutinarios procesos administrativos.
Una última diferencia fundamental entre ambas historias es que en la versión estadounidense Dormer busca, en un arrebato desvelador, ir nuevamente a perseguir la justicia no matter how y al más puro estilo del western, como parte de una búsqueda personal de redención moral, para despertar de su letargo y de su nebulosa confusión profesional; brindandonos un mensaje final de buenos deseos e intenciones. Mientras que en la versión noruega Engström, motivado por la posibilidad muy cercana de que su error sea descubierto, y con ayuda crucial del providencial infortunio y del azar, logra, aunque sea de forma circunstancial, brindar justicia a la víctima adolescente; la cual, por fin, alcanzará el descanso y la paz eternas.
Finalmente quiero comentar que en mis años de estudiante universitario un profesor nos afirmó, un poco a tono de burla, que las películas no mostraban la realidad social tal cual. Pero ahora, con mayores elementos de apreciación del cine, puedo afirmar que las películas sí pueden ser una vía muy eficaz para su problematización y reflexión, pues sus elementos narrativos, con sus diversos géneros, estilos, tonos y énfasis, bien reflejan y hasta recrean las formas recurrentes desde las que representamos e imaginamos nuestro ser y devenir humanos, según, claro está, del contexto sociocultural y de la época que se trate.
Y aunque por un lado debo admitir, en favor de aquel maestro y por la obviedad de su afirmación, de que difícilmente en el cine encontraremos expresiones que muestren o expliquen fiel y científicamente la realidad social que nos ayuden a caracterizar sus componentes y elementos, pues esos objetivos no forman parte de las preocupaciones y del quehacer propiamente creativo y artístico de sus realizadores, también considero, por otro lado, que en los tropos narrativos cinematográficos podemos encontrar aspectos de mucho provecho para el análisis de muchos asuntos de enorme relevancia social, como la impartición de justicia y hasta los mismos marcos idiosincrásicos desde los que se imparte.
Pues además de las versiones masculinistas sobre el apasionado y demagógico héroe americano y el frío y calculador burócrata noruego –ambos conflictuados–, otro ejemplo claro y más fidedigno de representación de la realidad y hasta del cambio social, es el filme biográfico On the basis of sex (2018) dirigido por Mimi Leder, sobre la empeñosa y comprometida vida de la recientemente fallecida Ruth Joan Bader Ginsburg (1933-2020), abogada de derechos civiles de las mujeres y jueza de la Corte Suprema de los Estados Unidos de América.
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Imagen: Fotograma del filme On the basis of sex (2018) - Mimi Leder.
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1. Aquí puede verse: https://ok.ru/video/1443418213065.
2. Aquí puede verse: https://ok.ru/video/679034227334.