GOMEZ12102020

ANTOLOGÍA DE AUREO SALAS
Lágrimas de olvido
A. F. Ligida

Monterrey.- Nunca había llorado y hoy lo hago.

     Años de vivir juntos. De ver el sol todas las mañanas. De levantarte para que no se te hiciera tarde. De cuidarte cuando enfermabas. Tuvimos niños, me convertí en protectora de aquellos endiablados enanos y ni así dejé de procurarte. Dejamos atrás un pasado y lo convertimos en futuro. Y ni todo eso pudo frenar el terremoto que se avecinaba.

          ―¿Por qué eres tan fría a veces? ―me preguntaste cuando todo comenzó.

          ―¿Qué? ―murmuré con ingenuidad. Proyectabas tus ansiedades en mí, tú eras el que se distanciaba poco a poco.
Luego las llegadas tarde. Ir a las fiestas por separado. Imaginarnos como una buena familia mientras los niños entendían que algo estaba mal. Y se fue enfriando lo que sentía por ti hasta que no significaste nada.

     Hoy llegaste llorando, me pedías perdón y una oportunidad para arreglar las cosas. Me dijiste que mi personalidad te cansaba, que te quedabas a trabajar para no verme, pero que habías cambiado.

     Yo te abracé y lloré. No porque te entendiera, no porque me conmovieras, sino porque sentía que abrazaba a un extraño. Lloraba porque tenías que irte de la casa… ya no te quería.