Monterrey.- Este pasado (muy pasado) martes 13 (me persigno por si sí o por si no) se celebró el Día del Rock y las redes sociales se inundaron de fotos, de imágenes de aquellos rebeldes de corazón. La mayoría ya vetarros acabados de vacunar. El rock, esa extraña rama de la música utilizada de bandera para quien se arriesga, para quien se rebela, para quien protesta… Hay muchas formas de ver al rock, yo en lo personal lo veo medio chafo. Me gusta y me gustará más Tropical Panamá.
Me pidieron que escribiera en mi editorial Patito una reseña por el Rock, que por el 13 de julio, que por el famoso festival Kool Aid o no sé cómo se diga esa cosa. Ustedes verán que la hice varios días después, me valió un reverendo cacahuate porque ya es agosto, pero conseguir para la papa manda ¡Eso sí es rebeldía y no fregaderas!
Música diabólica. Canciones para locos marihuanos. Ritmo que te hace brincar sin medida y con harto corazón. Cadencia libre de ataduras y que se va para donde quiera. Eso es el rock… inútil es y será meterlo a fuerza en un país donde la mayoría escuchamos música para bailar y música para caguamear. Escuché por ahí una vez que de 125 millones que somos en México, solo diez o quince millones escuchan rock, así que seguirán relegados a la sombra de la Banda y el Reguetón. Dato interesante ese, pero no me hagan mucho caso. Roqueros del mundo, solo me queda decir que se cuajen ahora que hay lodo. En todo caso hay que cobrar la quincena que el jefe nos trae cortitos, así que cierro diciendo: “¡Y qué viva el rocanrol!”.
Cambio y fuera.
*Dedicado a don master Federico Arana
“Ni cabe duda que las primeras intentonas rocanroleras corresponden en estos pagos a los Pablos Beltrán Ruiz, los Venus Rey, los Chilos Morán, los Marios Patrón y los Agustines Lara. Más como llamar pioneros del roc a elementos que no sólo no son ni han sido rocanroleros (ni por vocación, ni por apariencia, ni por edad, ni por actitudes), sino que encima detestan al roc más que a la sarna. Además, a nadie escapa que si grabaron o interpretaron el ritmo que nos ocupa fue por puro y límpido oportunismo, por mondo y lirondo chaquetazo. Habiendo dineros de por medio, a ellos tanto les daba grabar marchas, zarabandas, habaneras danzas aztecas o rebuznos”.
Del libro “Huaraches de ante azul” de Federico Arana