Ciudad de México.- El PAN, muy desorientado por el miembro de la familia michoacana, Marko Cortés, su “Jefe Nacional” (recordé a Mussolini. No sé por qué), quien ya debía de haber renunciado a la presidencia del CDE, nomás por pena, por vergüenza, por haber hundido en el lodazal de la ignominia al partido, anda como la perrita Fifí entre los coches, estacionados (aparcados, dice la gente en algunas autonomías de la Península Ibérica) en las vías “rápidas” que atoran la movilidad de los habitantes de la Ciudad de México y que, además, pagan por quedar varados en su trayecto de un lado a otro.
Los azulados no tienen más remedio que, o refundar el partido que, en lo pasado remoto, se movió por la dignidad de personalidades de derecha, pero dignos, incorruptibles, muy respetables, que no se pueden enlistar en este espacio reducido, o integrarse a Morena, donde caben todas las alimañas, habidas y por haber entre la fauna política mexicana.
Por el momento, los panistas andan a la deriva, sin pastor. ¿Santiago Creel Miranda? No, hombre. Este neoporfirista está de salida. ¿Ricardo Anaya? Éste no es mexicano. Suspira por la american way of life, tanto que vivía o vive del otro lado.
La dama Democracia hirió de muerte política e ideológica a los panistas, tanto a los “bárbaros del norte”, encabezados por el refresquero y vende botas, como a los milenials, que aspiran a crear un país con el modelo de los desayunos de todo el día, en la Isla Coronado o en los grandes hoteles de Beverly Hills o New York.
El 2018 dejó lelos a los “líderes de la libertad” neoliberal. Y el 2021 los anuló totalmente. Renunciaron a su ideología comunitarista, a sus principios de bien común, a sus aspiraciones de cogestión empresarial. Y no podrán recuperarse mientras sigan creyéndose los salvadores de la patria. Mientras sigan defendiendo, en la praxis, el axioma de “cristianismo, sí. Comunismo, no”, que en la práctica es lo que temen del presidente Andrés Manuel López Obrador., a quien no les queda más que tildar de pendejo.
Lamentable es que lo que queda del PAN no vaya a levantarse más, ni por los gritos de las panistas y los panistas advenedizos, los chapulines derechosos, a los que no les queda más que patalear y chillar desde las curules o escaños del poder legislativo.