Fotografía: Manuel Martínez Gutiérrez
Huesca, España.- En España no se sale de casa. Sólo se autoriza la salida para lo indispensable: comida, farmacia o algún hospital cercano para alguna urgencia muy urgente. Si te sientes mal, pero no son síntomas de Covid-19, llamas al centro médico para que te atiendan por teléfono, y de esta forma se tratará de resolver tu dolencia. Todas las citas para especialistas, que estaban programadas, serán atendidas después de los días de confinamiento. Las citas a especialistas se programaran cuando se termine la pandemia. Eso han dicho, esa es la realidad que ya se tiñe de pesadilla. Las demás enfermedades han quedado en segunda línea de actuación. Sólo las urgencias impredecibles son importantes y el Covid-19, que es la estrella del momento. Esto pasa con un sistema sanitario excelente y de primer mundo, con muchas ventajas que no tienen muchos países. Y sí, sirven de mucho, pero esta pandemia nos quiere ganar la batalla.
Es aberrante imaginar lo que se sufre en otros países. Algunos tienen sólo el servicio sanitario privado y de acuerdo a las posibilidades económicas se accede a la salud. No quiero ni pensar en el caso de México, en dónde pagas casi todos los medicamentos. Me duele en el alma imaginarlo. Quisiera decirle a los que me leen, que hagan caso. Es sencillo poner de nuestra parte. No salir de casa, lavarlos las manos constantemente, beber muchos líquidos y evitar las reuniones, así sea entre familiares y amistades. Creo que mucha gente ignora el nivel de contagios que genera este virus.
Los hospitales están desabordados. En España, como en otros países, se han tenido que hacer de emergencia hospitales. Ocupan centros feriales, bibliotecas, centros culturales, sociales, deportivos, etcétera. Hay centros destinados a los contagiados con síntomas leves, pues las zonas de urgencia (UCI) sólo se utilizan para casos graves que requieren de un respirador y oxigeno. Y muchas veces no hay los que se necesitan. Los médicos y sanitarios no dan abasto con el número diario de contagios. Se sienten en muchos momentos desprotegidos, son héroes con batas blancas que se esfuerzan lo más que pueden, se sienten responsables de la salud colectiva. Es un peso grande sobre sus espaldas. Sufren con el colapso sanitario, pero siguen en su lucha diaria, las cifras también siguen aumentando. Y son ellos los que con su trabajo separan a muchos del abismo.
A las ocho de la noche se escuchan aplausos para los héroes anónimos: Médicos, enfermeras, auxiliares, técnicos de ambulancia, personal de limpieza, de cocina, farmacéuticos, personal de súper mercados, de los estancos (donde siguen vendiendo tabaco), basureros, policías nacionales y locales, guardia civiles, militares, políticos… Bueno, a estos últimos no les aplauden, como siempre unos dan soluciones y los otros critican. Y cuando es al revés también. Unos están de acuerdo y otros no. Parece mentira que aún estando en crisis vírica, sigan diciendo lo que ellos harían y no se ponen a ayudar de alguna forma más allá del dinero. Pero bueno, ese es otro tema que también pasa en todo el mundo.
Se hacen tanatorios improvisados para conservar a los muertos. Son demasiados para ser incinerados, y se tiene que hacer de forma improvisada sitios para tenerlos en lo que les llega su momento. Son demasiados para la previsión económica de cualquier país. Ninguno estamos preparados para la pandemia. No hay una partida en los presupuestos económicos para pandemia. Se ha luchado por los desprotegidos, pero nunca imaginamos que seríamos todos. Sobre el pavimento, con edificios modernos y tecnología punta, flota una niebla con olor a muerte que no perdona el color político ni la clase social.
Es mucha gente la que se expone con su trabajo en estos momentos. Tratan de controlar la pandemia con sus más de 650 fallecidos por día. Y parece, según las estadísticas, que este virus afecta más a nuestros mayores. A esos que vienen de la posguerra. Que ha vivido el franquismo con lo bueno y lo malo. Que han luchado por sobrevivir, por sacar adelante a su familia, por llenar de vida los pueblos de colonización y hacer las grandes ciudades. Por trabajar muchos en la ganadería y la agricultura para convertir a España en un país europeo y ser uno más en la globalización. Ahora muchos agonizan solos, algunos en residencias de ancianos o en hospitales, da lo mismo. Nadie imaginaba que morirían tantos de una sola vez y en un mismo lugar. Se van cientos de persona de vez en el país, en todos los países donde está tocando la pandemia. También están enfermando sus cuidadores, sus familias, sus amistades.
Este virus se esconde en el cuerpo en silencio. No muestra señas de su existencia hasta que estás infectado y la fiebre lo delata. Y comienza la cuenta atrás en esa lucha del cuerpo por salvarse, a veces con nuestros anticuerpos, otras en cambio se necesita la ayuda oxigeno y respiradores. Y hacen tanta falta, que la empresa de autos “Seat”, ahora está haciendo 400 respiradores por día, apoyada en la empresa de material médico “Hersill”. Y esto ocurre sin nosotros salir de casa, desde hace más de veinte días, porque si lo hacemos nos multan. Y es cierto, aquí se cumplen las multas. Son estrictos porque la salud está en juego. Incluso han llevado a gente al calabozo por no cumplir el confinamiento. Así que aquí y allá no sale nadie. Es por nosotros, por los que amamos, por los que nos quieren, por salvar al mundo.