Ha publicado reportajes y entrevistas en la revista Tres Puntos de la Agencia Informativa UDEM (pueden buscarse en la versión digital: www.revistatrespuntos.com).
También poemas en la revista digital Cuatro versos.
Fue Ganador del tercer lugar en el certamen literario Palabras que Cuentan de la UDEM.
Actualmente es Coordinador editorial en Tilde Editores.
Ha sido Editor en la Agencia Informativa UDEM y Editor de la revista Tres Puntos.
Ha tomado Diplomados en Creación Literaria en la Editorial Atrasalante y Diplomado del Curso de Verano 2018 en el periódico El Norte.
1.- ¿Cómo escribes?
Para mí es importante pensar en términos de unidad. Personalmente encuentro difícil realizar poemas de cualquier suceso o de un momento al azar. Cuando escribo ya tengo pensados algunos temas que me gustaría desarrollar. Ciertos sucesos, conversaciones o momentos pueden vincularse con esos temas, y es así como los reúno. Si eso da para una plaquette o una sección de libro es algo que contemplo posteriormente.
2.- ¿Por qué escribes?
Considero necesario poetizar el mundo que experimento. Entiendo la poesía como una forma de conocimiento antes que cualquier cosa: no se trata de embellecer el mundo, pues ese sería un criterio subjetivo; para mí, la poesía debe buscar la belleza en el mundo, y lo mismo puede encontrarse una obra de Caravaggio que en un atardecer o en la forma que un alimento se pudre. Hasta en lo repugnante pueden ser hallados elementos que constituyan una estética.
La literatura –y sobre todo la poesía– es una rama del saber que supera la racionalidad positiva e instrumental, pues ofrece una manera alternativa de abordar aquello que atienden otras disciplinas, desde la historia y la psicología hasta el lenguaje. Se diferencia de dichas disciplinas en que busca acercarse al conocimiento desde la ficción. Sin embargo, y ante todo, concibo la escritura literaria como la manera en que construimos puentes de lenguaje estético entre los seres humanos, es el encuentro gozoso con el otro. Podría decirse que escribo porque es lo que me hace sentir humano.
3- ¿Desde cuándo escribes?
Si la pregunta se refiere a la primera vez que escribí –o intenté escribir– un texto de carácter literario, tendría que remontarme a los ocho o nueve años de edad, cuando escribí un cuento en una computadora con Windows 95. O quizá aún antes, pues en la escuela primaria, desde el primer año, cada mes nos pedían escribir un pequeño relato a partir de una imagen que la maestra nos proporcionaba; pero esos relatos eran tareas, no actividades de ocio, cosa que considero fundamental para la escritura.
Ahora bien, si la pregunta hace referencia a la edad en la que empecé a escribir de forma más o menos consciente, con ciertas lecturas importantes en mi haber, entonces no es necesario ir tan atrás: debió ser a los 16 años, aproximadamente. A esa edad comencé a escribir relatos y poesía en prosa, pues el verso era una forma que aún no había logrado desarrollar.
4- ¿Para quién escribes?
Sería un despropósito no admitir que escribo para otros: para la pequeña comunidad literaria que comprenden algunas amistades interesadas en la literatura, pero también pienso en cualquier potencial lector que desee abrirme un lugar entre su repertorio de literatura. Sin embargo, también sería falso decir que no escribo para mí, de la misma forma en que escribo para otros, pues escribir es asimismo una actividad de autoconocimiento y de proyectar una subjetividad hacia el exterior.
5- ¿Sobre qué escribes?
Es común que en mis poemas se presencia la ciudad. Desde su arquitectura y las relaciones sociales que la comprenden, hasta sus contradicciones. Personalmente encuentro ajenos, al menos hasta el momento, los paisajes naturales; no es que jamás los introduzca en mis textos, pero son escasos y, cuando los coloco en algún poema, casi siempre intento construir un imaginario ficticio o hiperbólico. La ciudad, sin duda alguna, ha sido hasta ahora la base de mi quehacer literario; sin embargo, ésta aparece representada, la mayoría de las veces, con un tono satírico, pues la urbanidad genera en mí un amor-odio: no puedo abandonarla, pero tampoco soy capaz de abrazarla.
Por otra parte, he elaborado textos que coquetean con el significado de la epifanía. Creo que, de hecho, muchas veces la poesía es esencialmente epifanía. En ese sentido, poetizar el mundo implica ver algo más allá de lo aparente, por decirlo de algún modo. La poesía puede hallar belleza en un objeto o evento sencillo. En ese sentido, una de mis obsesiones a la hora de escribir poesía es justamente la poesía; pero la poesía como forma de conocimiento, como disciplina reveladora de una verdad que se encuentra en rincones muchas veces insospechados.
6- ¿Qué es para ti la literatura?
La literatura es la unión de forma y fondo en una lengua determinada. Mientras que en una conversación o mensaje cotidiano suele dársele mayor importancia al fondo, esto es, a la idea que desea comunicarse, en una obra literaria dicha comunicación está incompleta si no se atiende la manera en que se comunica. Creo que una manera clara de pensarlo es mediante la analogía con un vaso y la bebida que se halla en su interior: uno no puede hidratarse ni disfrutar del líquido si éste no se encuentra en el vaso, pero tampoco puede hacerlo si el vaso está vacío. De igual manera, un cuento o un poema que no construye una estética no alcanza a comunicar lo que debería, y tampoco será posible que lo haga si su fondo –el líquido– está ausente.
7- ¿Qué opinas de tu propia obra?
Me gusta pensar que se ha desarrollado con los años, tanto en estética como en contenido. Creo que he llegado a tocar los dos extremos: el de la forma artificiosa y el del fondo con acabado estético irregular. Pero también pienso que el equilibrio entre dichos elementos solo se alcanza con la madurez, una madurez que aún se encuentra en desarrollo. Me atrevo a llamarme poeta, algo de lo que no estaba seguro hace un par de años. Mientras nutra mi biblioteca personal y practique con mayor frecuencia la escritura, ese futuro de madurez literaria me resulta plausible.
8- ¿Cuándo está listo un texto?
No considero que, a grandes rasgos, sea posible una respuesta objetiva. Cuando uno lee el texto de otra persona es fácil, salvo excepciones, identificar lo que supuestamente le falta al texto. Lo cierto es que todos o casi todos los textos tienen deficiencias y, por lo tanto, podría decirse que están incompletos, que “no están listos”. Sin embargo, la mayoría de las críticas que podemos hacer a una obra están cargadas de prejuicios; no siempre es fácil diferenciar entre lo que objetivamente sería bueno o necesario que estuviera ahí y lo que simplemente nos gustaría que estuviera ahí. No quisiera alardear mucho al respecto, pues me considero todo menos un crítico literario.
Por otro lado, respondiendo esta pregunta desde mi interioridad de autor, pienso que un texto está listo cuando nada le sobra. Pueden faltar elementos o bien afinarse, ya sea porque lo descubrimos con el paso del tiempo o porque nos lo hicieron saber en un taller o por medio de algún escrito de carácter crítico. Pero, si bien estas nuevas perspectivas pueden pasar a nutrir el texto, no son imprescindibles. Al final de cuentas el lenguaje es infinito; ciertamente un determinado texto que trata un tema en particular, y que posee cierto número de imágenes o personajes delimita las posibilidades de escritura, pero éstas no dejan de ser difíciles de calcular. Visto desde esa perspectiva, siempre habrá algo que pueda añadirse al escrito, y justo por ello, para determinar si está listo, la mejor medida es asegurarse de que nada sobre en él.
9- ¿Qué opinas del nivel de nuestra literatura nuevoleonesa?
Aunque por mucho tiempo la literatura de nuestro estado no figuró del todo en el panorama nacional, creo que con el paso de los años se ha ganado un lugar, junto con la literatura de otros estados del noreste mexicano. No quiero caer en el relato trillado de la literatura nuevoleonesa como arte marginal, ignorada por estar alejada de la capital en un país centralista. Algo de cierto hay en esa afirmación, pero también me parece que es injusta; lo cierto es que nuestra tradición literaria es relativamente joven. Las primeras obras de Alfonso Reyes se publicaron hace más de un siglo, pero si comparamos esa cantidad de tiempo con la tradición literaria de la Ciudad de México, veremos que la nuestra es más o menos reciente. Y no lo digo con desdén; por el contrario, dicha situación me parece positiva. Quizá algunas de las mejores obras aún están por publicarse.
A veces pienso que mi generación tiene cierta deuda con las anteriores, incluso con las más inmediatas, pues hoy ya existen autores y autoras de reconocimiento nacional e internacional. Tuvieron que edificar una tradición literaria que apenas había comenzado a existir. Yo ya tengo múltiples referentes locales, referentes que son una base para escribir.
10- ¿Vives de la literatura?
No del todo. Es verdad que trabajo en una editorial, pero no todas las publicaciones que llevamos a cabo son de carácter literario. En efecto, hay novelas, poemarios y ensayos entre la colección de Tilde Editores, pero también nos vemos en la necesidad de hacer proyectos para instituciones que tienen un carácter más bien técnico. Salvo contadas excepciones, me parece que en Nuevo León es difícil vivir completamente de la literatura. La mayoría de los que trabajamos en este medio tenemos que dedicarnos a otro tipo de actividades, o bien adaptar las actividades que hacemos a otro tipo de producción.
11- ¿Para qué le sirven los escritores a la sociedad?
No veo un fin precisamente pragmático en la existencia de escritores u otros artistas; no creo que sean “útiles”, pero me queda claro que son necesarios. La ficción es una manera de acercarse a la realidad que no encaja del todo en un periodo temporal como el nuestro, que tiende a la hiperproductividad. Ciertamente muchos de los mejores escritores leen y escriben con frecuencia, pues se trata de una profesión que demanda tiempo y esfuerzo, como cualquier otra. Pero en el fondo es una actividad interpretativa de la realidad; el escritor busca conocer el mundo que habita, antes que intentar transformarlo en un producto. En tanto que el escritor nutre una forma de conocimiento, es necesario, sirve para una causa. Nos ayuda a entendernos mejor a nosotros y al mundo en que nos desenvolvemos. En ese sentido, los escritores son necesarios, pero no necesariamente útiles.
12- ¿Quiénes escriben mejor: los hombres o las mujeres?
El género no me parece un impedimento para la escritura. Coincido con la premisa de que muchas escritoras importantes fueron borradas o minimizadas a lo largo de la historia. Ello quizá generó que muchos hombres tuvieran la idea de que las plumas femeninas eran menores, pero no lo son de ninguna manera.
13- ¿El gobierno o Conarte te han apoyado alguna vez?
Hasta ahora no. Al menos no de manera individual. En donde trabajo hemos recibido apoyos de CONARTE para la producción de coediciones, eso hay que reconocerlo. Pero hasta el momento yo no he sido beneficiado por algún programa de CONARTE u otra institución pública. Tampoco podría decir que es injusto, pues pocas veces he participado en convocatorias u otras actividades. Comencé a hacerlo recientemente.
14- ¿Autores favoritos?
Esta pregunta la respondo diferente siempre que me preguntan, pero algunos de los que tienen tiempo de interesarme son Vicente Huidobro, Ernesto Cardenal, Emily Brontë, Jorge Luis Borges, Ezra Pound y Alejandra Pizarnik. Pero también, desde un tiempo para acá, he prestado más atención a escritores mexicanos, y de ahí mis favoritos son Octavio Paz y Rosario Castellanos.
15- ¿Libros que te hayan impactado?
Son muchos para enlistarlos sin olvidar alguno, pero puedo decir que me siento especialmente fascinado por algunos poemas de largo aliento: «Altazor o el viaje en paracaídas» (Vicente Huidobro), «Poema sujo» (Ferreira Gullar), «Un lance de dados jamás abolirá el azar» (Stéphane Mallarmé) y «Híkuri» (José Vicente Anaya).
16- ¿Cómo generarías lectores?
Pienso que una de las claves está en introducir a la gente en la literatura de la forma inversa a la que solemos hacerlo. He hablado con gente a la que en secundaria, con 14 o 15 años de edad y sin un mínimo bagaje literario, los hicieron leer «Cien años de soledad» o hasta «La Odisea». Se tiene la idea de que es importante enseñar a partir de las raíces, ya sea de nuestra literatura latinoamericana o mexicana, o incluso de toda la literatura occidental. Y creo que eso es un error. Esas obras tienen mucho que decirnos y lo seguirán haciendo por varias generaciones, pero también es cierto que fueron escritas bajo un contexto diferente al nuestro. Humano, sí, pero distinto al fin y al cabo. Es difícil para un adolescente de secundaria hallar lo que esas obras tienen que decirnos hoy, a menos que vengan de una casa donde la literatura tenga mucho tiempo de ser importante. Desde luego que hay familias en las que los abuelos y padres son lectores voraces, pero no son pocas.
17- ¿Qué recomendarías a las personas que desean ser escritoras?
Primero que nada, leer en círculos de gente que comparta su interés por la literatura. Analizar un texto desde distintos ángulos siempre es útil para sacarle provecho a los libros. Si es posible incluir en el grupo a alguien con formación literaria, mucho mejor. Y, sin dejar de hacer eso, involucrarse en talleres literarios para pulir sus textos, así como escribir cada que se tenga oportunidad, incluso si aquello que se escribe no forma parte de un proyecto próximo a publicarse.
18- ¿Proyectos futuros?
Seguiré aplicando a becas como la del Centro de Escritores de Nuevo León y participando en certámenes. Hasta ahora solo he completado un libro (no publicado), pero tengo varios textos que, junto a otros, podrían conformar más libros en un futuro. Eso sí, no tengo pensado abandonar la creación literaria.