GOMEZ12102020

Cabalgando hacia el atardecer
Luis Valdez

Monterrey.- Otoño es buena temporada para dirigirse hacia donde cae el sol, con amigos perdidos en la tormenta y otros caídos en las revoluciones juveniles.

Haciendo un recuento de los amigos muertos, noviembre es un mes para personas fuertes, curtidas por el sol, voluntariosas o necias por insistir en no caer en un rincón del cuadrilátero.

En el relato Por un bisteck, de Jack London, el protagoniata es un boxeador que camina por la noche regreso a casa. Ha sobrevivido al día. A una jornada más en este purgatorio lleno de golpes y hambre. En la primera novela de Michel Houellebecq, el hombre sobreviviente ha logrado convencer a la doctora del psiquiátrico que es alguien con aptitudes para regresar al mundo. ¿Qué le queda? Caminar hacia el bosque.

Y es que en estos tiempos el bosque es la penumbra de nuestra civilización. De ahí viene el hombre y hacia allá debería ir. No es la penumbra lo que busca Meursault en El Extranjero, sino la rechifla y humillación pública. Harry Haller, ese maravilloso e iluminado hombre cincuentón que Hermann Hesse ideó como el perfecto lobo de la estepa, busca la vida en la noche. Se revitaliza en ella porque la reta.

Los hombres que han sobrevivido a las revoluciones ya no tienen necesidad de retar a la noche o a las nuevas ideologías. Ni siquiera a la desbandada de influencers que cada día se la creen porque obtuvieron cien seguidores. Los de la vieja guardia ya vencieron al dios del tiempo y solo les queda reír, y si se dan permiso, llorar a ratos.

Los jinetes del atardecer de ahora, ganan la guerra cada 24 horas. Este es su otoño porque se lo han ganado. Los que se les han adelantado ríen con ellos entre sueños. Pero por mientras, el covid19 les sigue pelando los dientes.