En la búsqueda de las leyes que rigen el mundo y la vida el ser humano siempre ha buscado respuestas a las preguntas. Y estas respuestas se dan en diversas concepciones de la realidad que van de la magia, la religión, la filosofía y la ciencia
Desde la ciencia, se indaga en la realidad siguiendo un método que ha cambiado a lo largo de la historia, pero que siempre ha interpuesto la razón por encima de la creencia. Aunque algunos resultados de la ciencia no fueron los correctos según un análisis actual, siempre se buscó la explicación de los hechos mediante la observación, la recopilación y el tratamiento de los datos, buscando sus relaciones funcionales y su modelación matemática, la repetición de los fenómenos en el laboratorio (experimentación) para buscar las leyes que los rigen, la repetición constante para buscar las regularidades.
Un problema grave en la enseñanza de las ciencias naturales es que se pretende que el docente imite la actividad del científico; sin embargo, el científico se mueve en un mundo desconocido y el docente ya conoce el fin del camino y, más aún, el alumno sabe que el docente sabe y espera que el docente "lo guíe". Esta metodología dio origen al conductismo y a las prácticas científicas basadas en "recetas" cuyo producto hay que obtener. "Como el camino está trazado, es fácil olvidar en el aula los orígenes empíricos de las ideas científicas y quedarse con los resultados".
Si la enseñanza conductista, libresca, tipo recetas de cocina, donde el camino está dado y hay que seguirlo para obtener el producto, fue favorecida en la escuela tradicional por el libro de texto que era la máxima autoridad junto con el maestro, en la actualidad, el texto impreso está siendo sustituido por las redes sociales, por la información vía Internet y últimamente por la Inteligencia Artificial.
Hoy más que nunca, la enseñanza de la ciencia está en riesgo; hoy más que nunca resuenan las palabras de Sagan. Antes que enseñar recetas, antes que enseñar contenidos descontextualizados y sin un fin, se debe enseñar al niño y al adolescente a interrogar la realidad, como lo hacían Tales, Anaxímenes, Herón, Arquímedes, Hipatia, Marie Curie, Feynman, Planck, Hawking y tantos y tantos más. No formar mentes inquisitivas conducirá a las presentes generaciones a depender de la Inteligencia artificial.
Contestar exámenes y aprobarlos no deja una mejor huella en el estudiante que el hecho de explorar temas que les gusten, que les emocionen, que les permitan en un futuro próximo participar activamente en el crecimiento de su comunidad y de su país.
Recuerdo que cuando cursábamos tercero de secundaria en mi querida Secundaria 3 de Apodaca, N.L., un compañero de Santa Rosa preguntó al profesor Pedro Cantú Chapa al iniciar el segundo semestre: "¿Qué temas de Física y Química vamos a cubrir este semestre, profesor?"; y su respuesta fue: "No importa los temas que cubramos, porque a lo mejor se les olvidan en el futuro, lo que importa es lo que ustedes descubran".
Este enfoque visionario del maestro Pedro es el que persigue hoy más que nunca la Nueva Escuela Mexicana. Enseñar a aprender por sí mismos, indagando, trabajando en equipo y proponiendo soluciones a problemas en los que la ciencia, las matemáticas, el arte y la tecnología ofrecen soluciones, mismas que habrán de estructurarse en proyectos y presentarse oralmente y por escrito."