VALDEZ13072020

Chacha Saavedra: Reencuentro con la Música Norteña
Francisco Ramos Aguirre

Ciudad Victoria.- La historia de la música norteña, debe muchas páginas y reconocimiento a las mujeres intérpretes y compositoras. La música es evocadora y en ese sentido, surge la imagen de algún cantante que escuchamos en nuestra infancia o adolescencia. No tan célebre como hubiera soñado, en sus mejores momentos grabó discos, actuó en radio y televisión, alternó en escenarios con grandes artistas, cosechó aplausos y decidió alejarse del espectáculo.

     Dentro de la cultura musical norestense, una de las leyendas del pasado cercano es Chacha Saavedra, quien vivió su infancia rodeada de música y ritmos norteños en la frontera tamaulipeca. La letra de las canciones que escuchaba en la radio, formó parte de su lenguaje y vida cotidiana. Años más tarde, la atmósfera donde creció resultó fundamental para involucrarse en el medio artístico, donde no es fácil triunfar y construir un nombre y estilo. Para la mayoría que incursionan en el ámbito profesional, representa un proceso en ocasiones doloroso y colmado de obstáculos.

     La región fronteriza donde creció al lado de su familia, estaba definida por su carácter rural. La mayoría de sus habitantes, eran campesinos nacionalistas dedicados al cultivo del algodón. Había también rancheros, comerciantes con pequeñas fortunas y propietarios de grandes bodegas de granos. Era común la venta de fertilizantes, insecticidas, maquinaria agrícola y productos del campo. Los años sesenta del siglo pasado, fueron tiempos los pistoleros a sueldo, ligados al contrabando de licor, casimires, cigarros y aparatos eléctricos.

     Puede decirse que el territorio donde creció Graciela, es una zona donde floreció la cultura musical que actualmente identifica a los tamaulipecos. En esa franja americanizada se aprecia el buen gusto de una sociedad que mueve al ritmo de polkas, cumbias norteñas, redovas y corridos. Por el mismo rumbo, se encuentra el poblado El Control, próximo a Matamoros cuna de Rigo Tovar y el Grupo Bagdad.

     Para explicar la afición de sus habitantes por la música, vale recordar que en los años cuarenta del siglo pasado, llegó a esa región un grupo de misioneros culturales de la Secretaría de Educación Pública, entre ellos un profesor que enseñó a cantar y tocar guitarra a los lugareños. Los frutos aparecieron décadas después con las agrupaciones Los Norteñitos, Los Archies, Los Duendes y Grupo Control de mucha inspiración y sentimiento.

     Graciela Chacha Saavedra, nació para ser cantante y compositora. Podemos decir que su carrera artística, transcurre en la época de gloria del género norteño. Sencilla en su trato, paso a paso se convierte en una de las cantantes emblemáticas de los escenarios populares del noreste de México. El talento le viene de herencia porque sus ancestros, eran muy musiqueros y aficionados al canto, sólo por entretenimiento y costumbre. Una de las canciones que aprendió de su madre fue Sentencia del autor coahuilense, Pablo Valdés Hernández. Desde entonces le vino el gusto por el bolero. Al mismo tiempo, se emocionó al escuchar por primera ocasión las voces juveniles de Los Relámpagos del Norte, a quienes convirtió en sus favoritos.

     Mientras escuchaba en la radio y sinfonolas de Valle Hermoso, Tamaulipas los boleros norteños y rancheras de Lydia Mendoza y Chelo Silva, soñó convertirse en una estrella del espectáculo, tener su propio camerino y escuchar grandes ovaciones. Gracias a ellas, el resultado fue notable, porque despertaron las ganas de ser artista. A fuerza de oír estas cantantes México-Tejanas, Chelo terminó por admirarlas y definir su estilo personal que enriqueció la música norteña.

     Chacha Saavedra, evoca una trayectoria de éxitos entre finales de los sesenta y noventa del siglo pasado, época en la cual desarrolló su carrera artística en México y Estados Unidos. Su versatilidad en interpretaciones de boleros norteños y canciones rancheras, la ubicaron en el recuerdo de quienes verdaderamente conocen y aprecian la música regional. Su espléndida voz, permanece inmortalizada en numerosos discos que grabó como solista y acompañada de su primo Teodoro Ruvalcaba, integrando el Dueto Dominante.

     En ese tiempo surgieron otros duetos mixtos norteños, que figuraron en el medio artístico. Por ejemplo Víctor y Fina, Dueto Falcón, Dueto Azteca: María y Memo, Marcelo y Aurelia –Marcelo García y Aurelia Segovia–, Ray y Laurita, Silvia y Gilberto, Dueto América, Martín y Malena, Dueto Frontera y Alma Norteña, entre otros forjadores del género representativo del norte.

     Graciela nació en Sabinas Hidalgo, Nuevo León. Hija de Graciela Ortegón dedicada al hogar y el chef Zeferino Saavedra, quien laboraba en un hotel de Chicago. A los siete años de edad, se trasladó con su familia a la ciudad de Valle Hermoso, Tamaulipas, anteriormente llamada 18 de Marzo, donde concluyó la educación primaria. En esa época, era un territorio agrícola fronterizo de migrantes, braceros y repatriados de Estados Unidos, fundado en tiempos del presidente Lázaro Cárdenas.

     Posteriormente, gracias el ingeniero Eduardo Chávez se convirtió en uno de los distritos de riego más importantes en la producción de algodonera. Después vino el auge del sorgo, pero no dejaba de ser una ciudad pequeña, sin calles pavimentadas, acaso un cine, dos o tres maquiladoras, trocas americanas, una modesta plaza y hombres de sombrero texano.

     En 1968, al regresar a Monterrey, acudió al programa televisivo Aficionados de Rómulo Lozano. Graciela cantó y obtuvo el triunfó en sus primeras presentaciones. El conductor la recomendó con unos amigos y gracias a ello, grabó sus primeros temas en Discos Dominante. En esa época, Lozano esposo de María Eugenia Llanas La Tucita, era empresario de una caravana de artistas donde Graciela inició su carrera artística en cines, teatros al aire libre, palenques y ferias regionales de Coahuila, Zacatecas, Nuevo León, Tamaulipas y Aguascalientes.

     Para entonces, empezaba a superarse el rechazo de un sector social de la población, hacia la música norteña considerada exclusivamente de arrabal y cantinas de mala muerte. De alguna manera, el bolero norteño rompió con las estructuras sociales, amparadas en las buenas costumbres y patrones de las élites. En todo caso, los grandes empresarios cerveceros regiomontanos se beneficiaron con el consumo del producto en los numerosos bares, donde a través de las rocolas y fara-fara, se tocaba este tipo de música.

     Rómulo Lozano, tenía un gran cartel artístico en Monterrey. Una de las actuaciones estelares de Chacha Saavedra fue en la Plaza de Toros de esa ciudad, alternando con Lalo González El Piporro y Lucha Villa. En el ascenso de su carrera, actuó en el coso taurino de Guadalajara durante el homenaje a Vicente Fernández, donde participaron estrellas del momento: Dueto Dominante, Lola Beltrán, Manolo Muñoz y otros.

     Año tras año, fueron célebres sus presentaciones en los “stands” o sitios de diversión, patrocinados por marcas cerveceras en las ferias de Reynosa, Miguel Alemán, Díaz Ordaz, Monterrey, Saltillo, Valle Hermoso, Aguascalientes, Querétaro y muchas ciudades más. Todos estos elementos, armaron el rompecabezas de la cultura popular musical de México.

     Uno de sus éxitos más sonado es la canción Cariño de su paisano Juan Escamilla Treviño, grabada originalmente por el Dueto Serenata. En 1970 la hizo famosa Chacha Saavedra, vendió muchos discos y posteriormente la hicieron suya Los Babys, Rigo Tovar y Los Tecolines. Luego vendrían Bórrate, Falsa Ilusión, Mantenido, Quién no, Por Despecho, A ti qué y otros temas pegadores de despecho al estilo de Chelo Silva, difundidos a través de presentaciones, radiodifusoras y rocolas propias del ambiente de cantinas, salones de baile y centros nocturnos.

     Entre los lugares de talla internacional y prestigio donde actuó, sobresalen La Arena de Houston, salones de baile Guillis, Panamerica, Los Globos, El Presidente y otros. Cantó tres ocasiones en el Millon Dollar de Los Ángeles, Coliseo de Houston, Selland Arena de Fresno, California y salones de baile de Rainbowl, Arizona, San Francisco, Michigan, Chicago, Colorado y otros. Eso representaba la antesala de un modesto encumbramiento.

     Chacha pertenece a una época cuando los cantantes, tenían un contacto personal con el público y sus seguidores. Convertirse en ídolo, representaba disfrutar del acercamiento con el pueblo a través de presentaciones y programas de la radio que se transmitían en vivo. Favorable a ese contexto, fueron sus actuaciones en plazas de toros, estadios y terrazas al aire libre. Chacha Saavedra, se involucró como artista exclusiva en las famosas Caravanas Corona de Guillermo Vallejo “Vallenato” que recorrían las principales ciudades del país. Esta experiencia fue inolvidable, porque además de relacionarse con numerosos artistas de amplia trayectoria y fama, le abrió las puertas hacia otros ámbitos de su carrera profesional.

     Gracias a su buena voz y presentación, Chacha logró conquistar las audiencias del norte de México y Estados Unidos. Al involucrarse Promociones Rey Caravanas de artistas de Arnulfo El Gordo Delgado, prácticamente recorrió todos los estados de este último país. Principalmente aquellas ciudades, donde residían miles de personas de origen mexicano. La mayoría del público que asistía a teatros y salones de bailes, era de origen mexicano. Después de varios años de radicar en la Unión Americana, a base de esfuerzo y sacrificio, algunas familias había logrado un modesto ascenso social y mejor calidad de vida.

     A lo largo de su carrera, en estas y otras compañías artísticas, tuvo la oportunidad de actuar al lado de otras luminarias del espectáculo: Lola Beltrán, Vicente Fernández, Lucha Villa, Juan Gabriel, Hermanitas Núñez, India María, Mauricio Garcés, Jorge Rivero, Los Polivoces, Tun- Tun, Irma Serano, Alberto Vázquez, Tehlma Tixou, Freddie Fender, David Reynoso, Cornelio Reyna, Manolo Muñoz, Johnny Laboriel, Irma Serrano, Rosita Quintana y muchos más quienes le dieron consejos.

     En medio de todo esto, Chacha vivió intensamente y con agrado el ámbito de la música norteña. Sobre todo con otros grandes nombres del espectáculo musical que actuaban invariablemente en las ferias del norte de México -los mejores escenarios para promover la música-, como Juan Salazar, Lorenzo de Monteclaro, Pedro Yerena y otros menos conocidos, por ejemplo Jesús Rodríguez –originario de San Nicolás de los Garza– y Josué.

     Lo mismo logró acercarse a otras figuras importantes admiradas por ella, antes de ser profesional de la música: Chelo Silva, Manuel Pomián y Lydia Mendoza, quien la animó a seguir adelante a pesar de las adversidades: “...cada vez que yo la visitaba en su casa me decía: niña cantas muy bien, no te detengas. Síguele, tu voz va dar mucho que decir. Nomás no te detengas... y no me detuve gracias a sus consejos.”

     En aquel tiempo, Lydia vivía en Houston, Texas donde Chacha la visitaba eventualmente en su residencia. Después su hija se la llevó a San Antonio donde falleció. La relación que sostuvo con Chelo y Lydia, fue gracias a Linda La Norteña Escamilla, mamá de la cantante Elsa García, quien la presentó con las cantantes de quienes era comadre.

     En el ámbito de la grabación de discos, grabó más de doce LP para los sellos Dominante, Mélody, Sonido Internacional de San Antonio, Musimex de Los Ángeles, RAMEX de Houston, DLV y DISA de Monterrey, acompañada del grupo de Pepe Olivares y el Mariachi Reyes de Guadalajara. En Melody grabó tres discos LP con el Mariachi de Pepe Villa, el Dueto Dominante y Jorge Lavat. En discos Falcon grabó los temas Ay que dolor, Buscarte para qué, Prenda del Alma y el corrido Carmela y Canuto, bajo la dirección musical de Tomás Ortiz, integrante de Los Alegres de Terán.

     En su residencia en Houston, Texas Chacha Saavedra lleva una vida tranquila. No sale demasiado a la calle, pero mantiene contacto permanente a través de las redes sociales. Canta, compone canciones, convive con su familia. A través de Facebook y Youtube interactúa con sus admiradores, quienes recuerdan las experiencias de amores, desamores, encuentros y desencuentros que vivieron con sus canciones.