Monterrey.- Escriben a consigna. Con las vísceras. Poco o nada le interesa el bienestar social. Impulsan la idea ciega del beneficio a la oligarquía. Juguetean para tomar un asiento a la diestra del poder centralizado.
Por salud mental deberíamos cauterizar las páginas de los periódicos impresos. En la misma casa editora se promueve el erotismo chafo y ramplón. En las mismas prensas se imprime la campaña pertinaz de antagonismo.
El colchón de salvamento es la edición popular. La de noticias escandalosas, de los ejecutados por la ola del crimen organizado. Con encabezados picaros y de doble sentido.
Ya no es motivo de orgullo, aunque jamás lo ha sido, la tolerancia. En ese mismo medio destrozaron la vida particular de José Alvarado, entonces rector de la UANL.
Se fueron al basamento de la familia del también escritor, cronista y periodista. Los capos italianos tienen un código de honor, jamás con las mujeres y los hijos.
A estos desnutridos mentales, de la calle Washington al oriente, no contentos con la intachable vida académica de Pedro Salmerón, ex director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, le censuraron su posición de investigador.
Tratan de enlodarlo, como lo hicieron con José Alvarado, como lo han hecho con quienes lo han permitido.
Hasta el punto de defenestrarlo. Y de colarlo en línea directa con Andrés Manuel, para llamada de atención.
Confunden, como pasa en el interior del país, la lógica de la opinión, con la imposibilidad de reflexión.
Bien lo puso en letra Vasconcelos, “Donde termina la civilización y comienza el aroma a carne asada.”