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           Fotografía: Manuel Martínez Gutiérrez

Confinamiento o vacaciones en casa
Elizabeth Hernández Quijano

La Ràpita, España.- Han pasado 26 días de confinamiento. Hemos llegado al Jueves Santo y todos en casa. Hace casi un mes que se declaró oficialmente por la OMS: Pandemia. Parecía exagerado cerrar negocios públicos y cartel de cerrado de los sitios públicos: bares, cafés, restaurantes, cines, teatros, casas de cultura, bibliotecas, iglesias, centros bíblicos, museos, todo tipo de competiciones deportivas, viajes programados; Cofradías para realizar los pasos de la Procesión de estos días Santos de la religión católica. Un sin fin de actividades que se realizan cada año y casi nunca fueron anuladas.

     No creíamos que Covid-19 afectara a tal nivel. Detener países, comunidades, sociedades... Casi todo, menos los servicios sanitarios y básicos. No lo podíamos asimilar pero es así. Se anularon vacaciones de Semana Santa y hay controles estrictos en las carreteras para no cambiar de residencia en ciudad a la playa. Y sobre todo y muy importante, se cancelaron las Procesiones y Sus Pasos, que conmemoran La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús dentro de la religión católica y que en España mueve a fieles y a mucho turismo nacional y extranjero.

     Se detuvo la mayor parte de la sociedad. Con esto se espera que los contagios sean controlados. Y la única forma de estabilizarlo es el confinamiento. Y eso es lo que estamos haciendo en España, en México y en el mundo. Unos más estrictos que otros, pero a todos los ciudadanos nos enviaron a casa con la advertencia de multa, con la ayuda del ejército e incluso con drones que graban a los que intentan saltarse el NO SALIR DE CASA. En la televisión, salió que en Filipinas los militares tienen la orden de pegar tiros a la persona que se salga de su casa. Así que hablamos de palabras mayores.

     Seguro fue difícil esta decisión para los gobiernos. Cerrar los aeropuertos. No es fácil detener tantos vuelos programados con antelación. Pedir a las aerolíneas privadas del mundo que cancelen sus vuelos. Primero desde China o Italia y ahora bloquean toda la frontera aérea. Sólo está abierta para los aviones de repatriación y algunas excepciones. Estados Unidos, fue uno de los primeros países en aislar la llegada vuelos Europeos y de cerrar sus fronteras. Las ciudades fueron cerradas y aún así por los informativos de todo el mundo se emite una lista sin fin de contagiados por el Covid-19. Los españoles abarrotamos los supermercados de inmediato y agotamos en primer lugar el papel higiénico. Después el agua embotellada, el alcohol del 96o, los guantes de látex, las mascarillas y los geles desinfectantes de todos los sitios donde se vendieran y por supuesto de todas las farmacias.

     Se abastecieron de nuevo los supermercados. Pero ayer miércoles Santo, la gente hacía cola en los supermercados, guardando el metro de distancia, como si se acabara la comida. En los telediarios nos piden tranquilidad y dicen que están suministrados. Que no faltará comida esta Semana Santa. Sólo escasean los guantes, mascarillas y geles desinfectantes, que es complicado conseguirlos inclusive en farmacias. Todo lo que tenían en stock fue vendido a hospitales y centros médicos. Ante esta crisis de los geles desinfectantes, se han pasado recetas por Internet para prepararlos en casa: utilizan una crema tipo gel de áloe, o una normal si no se consigue la de gel, un poco de alcohol y un poco de agua oxigenada. Se ha tenido que buscar alternativas para limpieza del virus y utilizando el agua con lejía (cloro) se limpia la casa.

     Los militares desinfectan residencias de ancianos. Estos sitios están siendo golpeados por este virus tan letal para ellos y sus cuidadores. Se han quejado directores de estos centros por la televisión, de estar preparados para que los mayores tengan una vida cotidiana de calidad, y en algunos casos, encuentren la muerte mientras duermen. Por norma cuando un usuario está enfermo de gravedad, llaman a la ambulancia y se lo llevan al hospital. Ya sea para curarlo, si es posible, o para que muera en paz al lado de sus familiares, si es que los tiene, suelen visitar el hospital y pasar alguna noche con ellos, para que no mueran solos.

     A las ocho de la noche se hace un aplauso desde ventanas y balcones. Sobre todo se nota en sitios más grandes que donde vivo ahora, La Ràpita-Cataluña: 14.790 habitantes. Los vecinos desde su terraza o ventana comparten música, ya sea, estilo karaoke o con algún instrumento. Y junto a los aplausos, y las series o películas, hacen más llevadera la noche. Animan a los sanitarios y a toda esa gente anónima que trabaja, mientras los españoles estamos calientes en nuestra casa. Así sucede, poco más o menos en la Unión Europea. Todos estamos guardados para tener poca o nula exposición al virus. Alguna noche le aplauden a la policía local, otra a los guardias civiles, otra noche les toca a l@s de limpieza de todo tipo, a tod@s los que trabajan en supermercados y tiendas de alimentos, a panaderos, a agricultores y temporeros que tienen que seguir recogiendo frutas, hortalizas o verduras. La tierra cultivada tiene su ciclo y le dan igual las pandemias, las fiestas o lo que se nos ocurra, se tiene que recolectar. Cada noche se aplaude a un sector laboral diferente para que nosotros estemos tranquilos. Y después muchos de los vídeos que toma la gente, lo cuelgan en la red y se hace viral; pasa de unos a otros, así como ese último chiste sobre el hecho de estar confinados 24 horas los 7 días de la semana y sin fecha final exacta para este confinamiento.

     Así que NO SALGAS DE CASA. Este Jueves Santo, lo pasaremos en la tranquilidad de nuestro hogar.