RODRIGUEZ29112024

COTIDIANAS
Mis novios de internet
Margarita Hernández Contreras

Dallas.- Soy una viuda tranquila desde hace ya más de tres años. El muerto me hace falta en todo momento: la calidez de su cercanía, el olor de su colonia, sus albures y sus ocurrencias. Mi mano derecha, la buena, aún se empuña para acurrucarse en la suya mientras esperamos que el semáforo cambie a verde. Su viaje de todas las mañanas después de salir de la ducha para ir a Starbucks y pedir su “grande americano con su danish de queso”, su desayuno consuetudinario de cada mañana. Las horas matutinas que pasaba leyendo sus periódicos en línea, escuchando su rocanrol y su jazz; sus escritos que fluían regularmente por el mundo digital. Constatar la facilidad con que él, mi mariposilla social, intercambiaba con amigos para hablar de rollos editoriales, como sus artículos y sus libros. Y luego su evidente apego y las diversas expresiones amorosas a su futura viuda.

Pero el muerto ya no está, si bien gobierna holgadamente todos los recovecos de mi corazón.

Aun así, yo me entretengo con juegos en mi teléfono. Es un desperdicio de mi tiempo y mi cerebro, ya lo sé. Ni caso tiene que me regañe. Uno de dichos juegos es WordWars (antes Words With Friends), reproducción digital del juego de mesa Scrabble. Resulta que este juego tiene opción de chat con el contrincante. Ocasionalmente, algunos de ellos inician con un comentario como “muy buena jugada”, para luego preguntar que de dónde juego. Yo respondo que de Dallas; luego, chismosa y morbosa, tengo que preguntar: “¿y tú?” Curiosamente, no me han salido amigas, solo amigos.

Tampoco necesita llamarme la atención aquí. Sé que este es uno de los recursos más favorecidos por escamers y defraudadores. Sé de casos muy concretos. La tía de una amiga, viuda también, cayó en la trampa y terminó enviándole dinero a un tipo que le dijo que era linda la foto de su perfil. La viuda acabó enamorada y crédula del tipo que le prometió la luna y al que terminó enviándole varios miles de dólares (ese desconocido digital que prácticamente le dijo que la iba a sacar de pobre). No sé si la señora sigue ilusionada en espera de que el fulano haga acto de presencia. ¿Será que las viudas seremos tan vulnerables y presas fáciles?

Yo digo que sí, menos yo, ¡claro! No me puedo imaginar en alguna escena en que pueda yo mandarle dinero a nadie, mucho menos a un desconocido de internet. No se trata de recordar lo difícil que es hacerse uno de su dinerito, ya que es algo que constato cinco días a la semana, puesto que sigo trabajando. Pero de que no puedo caer, mejor no presumo (bien me decía mi hermanita que más pronto cae un hablador que un cojo o, en mi caso, una coja).

A lo que quiero llegar es que son estos desconocidos digitales los que yo llamo mis “novios de internet”. Por el momento son tres: Uno que dizque neurocirujano que vive en Seattle, pero trabaja en Aleppo (¡Siria!); otro es de esos que cortan árboles y que por seis meses trabaja en el estado de Maine y el último, dizque ingeniero marino de Austin, que por ahora trabaja en un pozo petrolero en Noruega. Vooooy, como diría Chachita en Nosotros los pobres.

De tin marín de do pingüé, ¿con quién me iré? Mejor dígame ¿por qué tendría que escoger? Le he dado santo y seña en base a lo que ellos escriben. Seamos realistas, cada dato pudiera ser una falsedad. No sé por qué no les dije que mis medidas son 90-60- 90, en lugar de decirles que tengo limitaciones de movilidad física en el lado izquierdo de mi cuerpo, debido a un accidente cerebrovascular. También pude decirles que la gente a veces me confunde con Salma o Marilyn… Pero, como dicen en inglés, too late.

Si lo que ellos dicen es mentira y es su método para engatusar a viudas solitarias, pues mejor disfruto el talento que tengan de armar historias. Hacen que yo también me ponga de estratega y les haga preguntas que puedan enriquecer su narrativa. Mire que ya me dieron lo suficiente para contarle esto a guisa de Cotidianas.

Como le dije a un amigo: en el momento en que uno de ellos insinúe que tiene apuros de dinero, yo bien facilito encuentro el botón de “bloquear y reportar”. Claro, dijo el gran amigo, estás para cobrar, no para pagar. [Emoji de carita llorando de risa.]