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Covid-19: lo político
Pablo Vargas González

Pachuca.- Con el Covid-19 una de las pandemias globales, que es vista en nuestra generación como las más devastadoras a nivel mundial, y a pesar del avance de la tecnología y de la información es la que más terror ha infundido en la sociedad, en México ha sido utilizado como una arena del conflicto político e ideológico entre actores, un capítulo más en la pugna por proyectos de nación distintos, en medio de la conflagración, sin acatar ninguna suspensión ni dar tregua, a un costo sin precedente.

     A partir del triunfo de Andrés Manuel López Obrador en julio de 2018 se concretó no solo un proyecto de nación distinto al que había imperado en los últimos 40 años sino también quedaron al descubierto las raíces históricas de una honda separación entre partidarios de proyectos antagónicos. Se mostró que hay una amplia exclusión social y una fractura política que traspasa la vida política y se coloca en los medios de comunicación, los centros de pensamiento y el análisis político. Se trata de dos grandes fuerzas que dividen al país en una disputa por la hegemonía.

     En 2019 se empezó un golpeteo contra la propuesta de gobierno de AMLO, denominada Cuarta Transformación (4T), sobre todo por el proyecto de política social y los anteriores negocios que tenían los gobernantes con la elite económica del país (el nuevo aeropuerto, los presupuestos, etc). En 2020, aprovechando la coyuntura de la pandemia del Coronavirus, la confrontación fue in crescendo, de manera inexplicable.

     La decisión del gobierno federal fue de cautela frente a lo que sucedió en Asía y Europa donde eligieron las medidas de excepción durante la segunda quincena de febrero; en España se llamó “Estado de Alarma”, en Italia se declaró la “cuarentena total” primero para 11 ciudades después para todo el país; en Francia se declaró “una guerra” con el “Estado de emergencia sanitaria”, en los tres países con duras restricciones a la movilidad y traslado de personas que impactaron los derechos consuetudinarios y la economía por los cierres de empresa y todo tipo de actividad económica.

     Entre la concepción dura para enfrentar el Coronavirus, en México, el gobierno federal fue tomando medidas escalonadas para evitar el quiebre de la economía, junto a ello el presidente López Obrador siguió en actos públicos abiertos, lo que pareció una ambigüedad. Desde entonces empezó una retahíla de voces, en ocasiones histéricas (Dresser, Ferriz de Con), exigiendo medidas de emergencia sanitaria e incluso no pocas veces pidiendo “estado de excepción”. La declaración de la fase 1 para combatir el Covid 19 fue inclusive elogiada por la OMS por “adelantarse” al contagio comunitario.

     En marzo el contagio no se hizo exponencial pero desde los medios de comunicación y sobre todo las redes sociales se aprovechó para cuestionar las medidas sanitarias; desde entonces cualquier acto, declaración o anuncio del gobierno federal fue descalificado; y se gritaba por qué no se actuaba como en Europa, por qué estaba mal el sistema de salud, por qué había insuficiencia de médicos y enfermeras.

     En el inicio de la pandemia se cuestionaba fuertemente que el presidente Andrés Manuel diera la información, se le refutaba que estaba desinformado, que era omiso y que no “hacia un manejo científico”; después de que el gobierno hizo la declaratoria de Emergencia Sanitaria con “sana distancia” (fase 2) y que el sub subsecretario de salud López Gatell se hizo cargo de la información técnica, este fue el blanco de los ataques más furibundos.

     Junto a ello vinieron los ataques del “exterior”, medios extranjeros se sumaron al coro de descalificación, obviamente orquestados desde el interior por los grupos de poder. El Washington Post sacó notas exageradas pero el peor fue el editorial del diario británico Financial Times, siguiendo las críticas de la elite económica, “aseguró” que la presidencia de AMLO dañaría a México, y llamó a los sectores económicos, gobernadores y líderes empresariales a “unirse” para que México no se convierta en “otra” Venezuela.

     En México ya había campañas en redes sociales que pedían la “renuncia del presidente” que si bien empezaron en 2019, antes de la crisis sanitaria, ahora encontraban el caldo de cultivo para escalar de manera virulenta. En ningún país del mundo, salvo EUA y Brasil, como en México la confrontación de proyectos ha sido tan dañina a tal grado de exigir la renuncia del presidente, generar pánico y pedir a las audiencias que no hagan caso de la información de salud. Es obvio que lo político ha impregnado el combate al Coronavirus, y la lucha por proyectos de nación distintos está aún en juego.