PEREZ17102022

CUENTOS DEL MONTÓN
La lámina amarilla del espacio
Aureo Salas

Monterrey.- Es raro, esto que escribo lo hago sin saber cómo. De repente y sé cómo se usa esta máquina para poner garabatos. En la escuela nomás aprendí a sumar y restar, a leer y escribir a como podía… Ahorita mi cabeza revuela, como si supiera más de lo que sabía ayer, y ahora hasta escribo en computadora. Creo que fue la lámina amarilla (mañana les platico de la lámina amarilla).

Ya pasaron tres días, dejen les platico cómo encontré la lámina. Andábanos despiertos desde temprano. Tasajiando las hierbas para tener por dónde andar a la hora de regar la siembra. El sol calaba duro en la cabeza; tanto me calentaba los pensamientos, que cuando escarbaba para quitar una piedra le di a una lámina amarillenta y tan solo la maldije tirándole de patadas. Ya me quería ir a la casa para aventarme unas cheves, pero si no desmontábamos ahora que era la seca, en los aguaceros estaría canijo.

Esto lo dejaré escrito por aquí, yo no sabía usar este aparato del demonio, esta laptop, pero es como si ya la hubiera usado desdenantes. Todos estos botoncitos, y sé para qué sirve cada uno… ¡Que miedo! Igual después escribo más…

Ya pasaron tres días y aquí estoy de nuevo en esta máquina a la que solo le sabía mi hijo, que ahorita está en la escuela ¡Yo ni para cuando escribiera en estas cosas! Pero se me está dando con una gracia que ni yo me conocía… Es más, hasta escribí mal varias palabras en los párrafos anteriores, las veo, resaltan a la vista y me hacen sentir que no debo verlas… o borrarlas o qué sé yo…

Otra vez hasta aquí escribo, tengo muchas cosas que hacer.

Pasaron otros cinco días y aquí estoy escribiendo de nuevo. Ir a la labor se vuelve una práctica aburrida. Tengo varias ideas de cómo mejorar la siembra y la cosecha, pero mis compañeros me ven raro, no me hacen caso, como cuando me ponía a beber cervezas con ellos y me ganaban a las cartas. Igual no dije nada, encontré una forma de quitar la hierba con un aparato que fabriqué hace dos días ¿Recuerdan de una lámina amarillenta que desenterré? Creo que ella es la causante de esto que me pasa y creo tener una vaga idea de lo que es… Desde ese día sé más cosas y mi mente no se está quieta…

Hasta aquí escribo, acabo de idear algo y creo que debo dibujarlo.

Han pasado otros cuatro días. He estado muy ocupado. Conseguí varios elementos que me permitieron cosechar lo que acababa de sembrar hace unas semanas. Arregle el auto y le modifiqué el motor para que gastara tan solo una cuarta parte del combustible. Eso me dio la idea de otro motor que funcione con energía solar. Mañana lo construyo. Por cierto, ayer jugué a las cartas con mis amigos, les quité todo el dinero, hasta los papeles de una camioneta. Les dije que se arrepentirían de invitarme a la cantina, ya no soy el mismo Pascual González de antes… Ahora soy otro…

Quiero salirme de aquí… Esto ya no me llena… Hasta aquí escribo…

Iba a salir del pueblo, irme a la ciudad, pero me está costando trabajo volver a pescar el hilo de las cosas. Estoy batallando para entenderle a la gente. Hasta se me dificulta escribir en esta máquina. Todo se está volviendo muy simple, siento mi cerebro a mil por hora… La lámina amarilla no es de aquí, es la pieza de un aparato que no fue construido ni aquí ni ahora, vino del espacio. Hasta aquí escribo…

Ya no le entiendo a las personas. Puedo elaborar un aparato predictor del clima infalible. Las palabras de la gente han perdido todo sentido. Sé cómo hacer que la luz se detenga. Ya no siento nada por nadie. Es posible doblar el espacio con la luz estática. La lámina amarilla se llama Álvirax, según puedo traducir a nuestra lengua… ¡Como se pasa el tiempo! Esta línea me ha costado más de media hora… Creo que ya no escribiré más…


Pascual González
No sé qué pasó contigo papá, mamá dice que borre esto que escribías, pero no quiero. Hace un mes que caíste en coma. Estás dormido, pero ya no te levantas. Tus ojos se mueven como si soñaras mil cosas, pero no respondes. Fui a buscar esa lámina amarilla de la que hablabas y la encontré. La enterré en otro lugar para que nadie la encontrara. Hoy le hable a la maestra de biología sobre el cuerpo humano, ¡no sabe nada! Y estarías orgulloso si supieras que he modificado tu motor para que gaste tan solo una quinta parte de combustible…

Pascual González hijo