Monterrey.- Aunque juntos revolucionaron la ciencia de la Física, injustamente sólo podía haber un genio.
“En un salón de clases del Instituto Politécnico de Zúrich, Suiza una mañana del 20 de octubre de 1896, una joven se enfrenta a las miradas incrédulas de un salón de clase. Todos la observan desafiantes menos uno, ella es Mileva Maric, él Albert Einstein”.
En la bella novela histórica de Marie Benedict “El Otro Einstein”, Mileva expresa lo siguiente: – El amor por aprender física y matemáticas fue lo que me hizo venir al Instituto Politécnico de Zurich Suiza. Era la Europa de fines del siglo diecinueve cuando se gestaba una nueva forma de entender la realidad del mundo físico. Sin embargo, en las universidades aún se veía con malos ojos la presencia de mujeres y más aún en las carreras de física y matemáticas.
Mileva, mujer valiente e inteligente procedente de Serbia, un país del norte de Europa, se traslada a Zúrich a estudiar Física. En este empeño siempre estuvo apoyada por su padre. En el Politécnico de Zúrich, Henrich Martin Weber enseñaba Física y Matemáticas.
Recordemos que Weber era en ese entonces un célebre matemático, continuador y difusor de los trabajos de Riemann, matemáticas que años después servirían para la construcción de la Teoría General de la Relatividad en la que el espacio-tiempo no obedece a la Geometría Euclidiana sino a una nueva Geometría en las que el quinto postulado se modifica para posibilitar la existencia de otro tipo de espacio que se curva en presencia de grandes masas.
En otro pasaje de “El Otro Einstein”, Albert, quien desde el primer día de clases no perdía oportunidad de conversar con Mileva, le dice:
- Está muy callada señorita Maric.
- Constantemente soy acusada de serlo, señor Einstein. Por desgracia, no tengo el don para las charlas intrascendentes como las mujeres comunes.
El amor que pronto despertó el joven Albert, llenó de conflictos interiores a la joven Mileva, “ … Aunque anhelaba examinar las nuevas ideas sobre el calor, la termodinámica, los gases y la electricidad, tanto como las matemáticas, el lenguaje secreto de Dios, estaba segura que esta era mi religión… me hallaba en una cruzada y los cruzados no pueden ser frágiles, mientras sentía el peso de los ojos del señor Einstein sobre mí, recordé que los cruzados tampoco podrían permitirse el romance. Sin embargo, la vida de Mileva cambió desde que se enamoró de Albert. Es así como la joven Serbia que anhelaba titularse en el Instituto Politécnico de Zúrich tiene que abandonar sus estudios para casarse con su gran amor. Aquí hay que aclarar que el abandonar el Instituto no significó que abandonara su amor por la física y las matemáticas, lo hizo porque quedó embarazada del genio. A la discriminación sufrida por Mileva al ser la única mujer estudiante de física y matemáticas, por ser una campesina procedente del Norte de Europa, por no ser muy agraciada físicamente ya que sufría de una leve cojera, se suma el hecho de no ser aceptada por la madre de Albert quien, como algunas suegras metiches”, no descansó hasta separarlos.
La gran matemática que fue Mileva hace pensar, y así lo considera Benedict, que aunque Albert no le dio crédito en la Teoría de la Relatividad, su participación en ella fue muy importante debido a que Mileva dominaba la Geometría de Riemann, campo en el que había trabajado desde que ingresara a la universidad y la concepción de un espacio que se curva en presencia de grandes masas como lo establece la Teoría General de la Relatividad no podría construirse sin las Geometrías no Euclidianas.
La ruptura entre Albert Einstein y Mileva Maric queda grabada al final de El Otro Einstein : “¿Faltaba algo? Nuestro equipaje estaba bien guardado, no podía ser la ausencia de Albert; los chicos y yo estábamos acostumbrados a viajar sin él, … tal vez el algo que faltaba era la vieja que yo dejaba atrás… sonó el silbato del tren y miré por la ventana. Ahí estaba Albert. Rugiendo y temblando, el tren comenzó a tomar velocidad mientras salía de la estación. Aceleró más rápido y más rápido y Albert se hizo más y más pequeño. Como el QUANTUM. O como un ÁTOMO. Hasta que desapareció por completo en el ÉTER.”