Monterrey.- Algunis de ustedes se me han enojado mucho porque me empecino en creer en el plan presidencial de vacunación. Miren. Soy gentecilla altamente vulnerable por mi condición de deficiencia inmunitaria. En mi familia mi padre y yo nos hemos aislado, muy disciplinados, con salidas únicamente por necesidades de salud y víveres. Algunos viajes a mi casa de campo han sido bajo estrictas normas de distancia. En nuestro confinamiento hemos sido apoyados por el resto de nuestros parientes.
Hace meses ni soñábamos siquiera con la inmunización colectiva que ahora es una realidad. Si ya esperamos casi un año en el encierro, podemos continuar así dos o tres años más. No nos queda más que esperar por nuestro turno hasta ser llamados al pinchazo.
Estoy de acuerdo en que el sistema de vacunación sea administrado como asunto de alta seguridad nacional. La inseguridad y violencia que corroe a nuestro amado país así lo amerita. No se me olvida la conducta acaparadora de muchas personas al inicio de la pandemia. Agotaron existencias de agua, comida y papel sanitario en un santiamén. ¿Quién me garantiza que en manos de los comerciantes y políticos voraces la vacuna no sea también acaparada y revendida a precios imposibles?
Ya pasé por la ingrata experiencia de recibir costosos antirretrovirales piratas de manos sin escrúpulos. Mafias extranjeras en complicidad con delincuentes locales me pusieron en grave peligro. Ninguna institución se hizo responsable. La codicia de algunos vivales no tiene límites. Seguiré aguardando pacientemente.
Ojalá estemos vivos para revisar el día de mañana si nuestra confianza en el sistema federal rindió frutos. Seré el primero en protestar muy fuerte si mi espera fue en vano. En esto tengo ya más de treinta años de experiencia como activista del sida. Ya no hagan corajes. Si detestan al presi atáquenlo con pruebas, no con rumores ni politequería oportunista en época electoral. Por su atención muchas gracias.