CORONA29062020

DISPARATES
Veintiséis años
Armando Hugo Ortiz

Monterrey.- Este miércoles 1 de julio, entra en vigor el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, México y Estados Unidos (TLCAN-2). Cuando inició la versión anterior (TLC), 1 de enero de 1994, irrumpe a la luz pública el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, tomando varias poblaciones de Chiapas y atacando una base militar; convoca a avanzar a la capital de la república para derrocar al mal gobierno. Entre otras causas citaba la firma del Tratado, que condenaba a México a la subordinación.

     Antes de ello, la imagen del presidente Carlos Salinas de Gortari flameaba en la cúspide, entre otros motivos, por la firma del tratado comercial, ya se hablaba del nuevo Hombre Fuerte, incluso se esbozaba su futura reelección; se lo merecía el muchacho.

     Su proyecto quedó pulverizado en tres meses con el asesinato de su delfín, Luis Donaldo Colosio, y el posterior distanciamiento con Ernesto Zedillo, heredero de su presidencia.

     El TLC continuó, con sus argumentos a favor y en contra.

     Hoy inicia la versión corregida y recargada, bajo la presidencia de López Obrador. El entorno es diferente al de hace cinco lustros; salvo las caravanas motorizadas de FRENA, exigiendo la renuncia del Peje, no se sabe de alguna insurrección seria; pero la pandemia no mengua en el continente americano.

     En el estrepitoso derrumbe de la economía, los tres países necesitan con urgencia el TLCAN-2 para su reactivación, no como un proyecto a mediano plazo, sino remedio inmediato, en particular México y EEUU.

     Si funciona en este año, ayudará mucho a Trump en su reelección; a López Obrador le beneficiará para las elecciones intermedias del próximo año, y la revocación de mandato en 2022. Si los astros se alinean, ambos podrían perfilarse como los líderes morales de sus respectivos proyectos de nación.

     ¿Se lo merecerán estos muchachos?