Monterrey.- Poco se sabe cómo se organizan, rumbo a México, se dice que a través de las redes sociales. No son de forma espontánea, se ignora si los organizadores lo hacen por lucro. Es difícil imaginar si quienes se añaden tienen conciencia de la enormidad de los retos: atravesar territorio mexicano primero, e ingresar a Estados Unidos como meta final. No hay información para calcular cuántos lo consiguen.
Desde 2019 se mencionaba a la agrupación Pueblos sin Frontera, como patrocinadores; según parece solo apoyan durante la marcha. En principio eran grupos de miles, hoy de 300 o 500 personas.
Las caravanas son un desafío para el gobierno mexicano, sea que los centroamericanos permanezcan en los albergues sureños o se desplacen hacia el norte.
Entrar por la frontera sur a México no es difícil. La oferta del gobierno es que permanezcan ahí, mientras tramitan las visas de entrada quienes ya están en la frontera norte. La mayoría lo rechaza y se lanzan a peregrinar.
Es cuando se da el choque contra la policía. Son meros forcejeos de los emigrantes que pretenden romper el cerco; la violencia en forma mínima, es fruto de la crispación, más que premeditada por alguno de los bandos. No hay hasta el momento encarcelados, heridos, o mucho menos muertos.
Durante el trayecto tienen el auxilio humanitario de sectores de la población, de organizaciones humanitarias e incluso gubernamentales.
Pero la prensa mexicana está a la expectativa de actos de represión brutal para calificar al gobierno de México como lacayo de EEUU. Hasta hoy no se han dado.
El principal desafío es que haya poder de convencimiento para que los peregrinos acepten la realidad de su situación y tengan paciencia, mientras se cumpla el sueño dorado de ingresar a la Unión Americana.
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