GOMEZ12102020

Diáfanas del norte, de José Luis Bautista Gómez
Eligio Coronado

Monterrey.- José Luis Bautista Gómez es un poeta maduro, cuya obra transita por los azarosos vericuetos del amor, con la solvencia de un lenguaje claro y elocuente, donde el discurso fluye con la naturalidad que le proporciona su sensibilidad y un renovado e inquebrantable dominio del oficio.

Con la habilidad de un moderno Fidias Elizondo, o un Federico Cantú, José Luis (San Sebastián, Tantima, Ver., 1982) va construyendo sobre las páginas vacías la estructura de su canto, hasta darle la forma y sonoridad requeridas, porque «Diáfanas del norte»* es un canto, un canto de amor a nuestra ciudad.

¿Y cómo elabora este canto? Mediante la imágenes de la realidad que lo van impactando. Su concepción poética refleja su reacción ante los impactos que recibe a su paso por nuestra urbe: “No hay fuego que me caliente / o cobija que me abrigue / cuando lo que necesita el alma es un abrazo” (ESTACIÓN CUAUHTÉMOC, p. 34), “Desde afuera se perciben / alebrijes que vuelan desde las dulcerías, / (…) las hierbas frescas, / los sonidos (…) del almuerzo, / el incienso, / (…). / La fiesta eterna, / resguardada (…) por cuatro calles, / (…) / el lugar de todos y de nadie” (MERCADO JUÁREZ, p. 47), “Mis primeras huellas sobre estos adoquines / que no se cansan del peso (…) / de los que caminamos a todas partes: / a la Gran Plaza, a la fuente Neptuno, al antiguo barrio” (TU NOMBRE, p. 11).

¿Por qué José Luis percibe lo que nosotros no dimensionamos? ¿Por qué él sí valora nuestro andamiaje urbano y nosotros lo soslayamos? ¿No será que nuestros sentidos se han obnubilado tanto que ya no advertimos la belleza que nos rodea porque, al igual que “La paloma” de Alberti, se ha desorientado nuestra brújula estética y creemos que “el mar es el cielo, la noche la mañana y las estrellas, rocío?”

Pero este joven autor no se desorienta ni distrae y consigue vincular su emoción con su voluntad creativa para ofrendarlas al entorno que ahora lo cobija y estimula.

Vasta legión a la que pertenece desde ahora José Luis, legión de autores que han privilegiado a nuestra ciudad con los halagos de su pluma, muchos de ellos consignados por Israel Cavazos Garza, en el volumen antológico «Monterrey en la poesía», de 1995.

Finalmente, no deseo encerrar mis pensamientos sin antes compartir con ustedes algunas joyas de este importante poemario: “Hablo de todos cuando me refiero a mí / porque así me siento cuando camino: / una multitud dirigiéndose a varios lados” (p. 46. Este fragmento revela la filosofía humanista de José Luis, y nos recuerda al John Lennon que dice en su canción “I Am the Walrus”: “we are all together”, o sea: “somos todos juntos”), “Hoy giro en este sueño que me encanta / (…) /. Mis pies habitan las calles de piedra” (p. 48. Aquí José Luis demuestra su técnica literaria al aplicar una sinécdoque cuando dice: “Mis pies habitan” que significa: “yo habito” porque se refiere a sí mismo por una de sus partes, esto es, sus pies), “se abren las puertas, / (…) sale y entra el mundo” (p. 17. Se trata de una metáfora en la que “el mundo” es la gente, claro está), “Siempre está allá, / a la medianoche, / suspendida / por el ángulo superior de la ventana, / como una araña brillante / subiendo al techo” (p. 24. Este poema se refiere a la luna, y la figura empleada aquí es una metáfora: La luna es “como una araña brillante / subiendo al techo (por el ángulo superior de la ventana)”, “Los pájaros vuelan sin cuestionar / dónde dormirán, sobre qué árbol, / en qué ciudad” (p. 50. Esta reflexión significa simplemente que los pájaros son libres), “La gota de sol, creciendo en línea recta, / es una linterna y cálida espada (p. 49. Esta metáfora se explica sola, ¿verdad?), “Lo único que queda de este hombre / es el corazón queriendo escapar” (p. 45. El dramatismo angustioso de esta imagen es impactante y nos sacude. Refleja, en mi opinión, una terrible desesperación).

Con estos ejemplos confirmo que José Luis posee “un lenguaje claro y elocuente donde el discurso fluye con la naturalidad que le proporciona su sensibilidad”.


* José Luis Bautista Gómez. «Diáfanas del norte». Monterrey, N.L., El Parlamento de las Aves, 2022. 64pp., ilus. (formato: 12 x 16.5 cms.)


ESTACIÓN CUAHUTÉMOC
Alguna vez hemos coincidido aquí,
en este choque puntual de trenes.
Me azota el recuerdo de las tres de la madrugada:
sirenas de ambulancias, patrullas
en esta ya caótica memoria.
Mi hombro descubierto
recibe el invierno en su camisa rota.
No hay fuego que me caliente
o cobija que me abrigue
cuando lo que necesita el alma es un abrazo.

JOSÉ LUIS BAUTISTA GÓMEZ



BUSCANDO MI FORTUNA
Entre la fragilidad de esta tarde,
barro hojas con mis pies
buscando monedas entre el suelo,
entre las estrellas caídas del otoño.
Rebusco,
voy y vuelvo
a orillas de mi cansado camino,
extiendo mi mano hambrienta
que ahuyenta al temerario afortunado.
Nunca quise perder, y lo que no quise tengo:
un cigarrillo, zapatos desgastados,
alma ausente de mis propias ganas de seguir,
miradas indiferentes
que no perciben lo veloz que huyo hacia mi final.

JOSÉ LUIS BAUTISTA GÓMEZ



SIEMPRE SONRÍO FRENTE A TODOS
Detrás de este semblante sucio
que no ha encontrado agua para lavar
las horas tristes,
bajo los puentes de polvo
me he vuelto sombra.
Lo único que queda de este hombre
es el corazón queriendo escapar.
He implorado días de amor,
he querido soñar que vuelo.
El cielo abre su pecho acorazado
pidiendo que siga sonriendo.

JOSÉ LUIS BAUTISTA GÓMEZ