GOMEZ12102020

Diálogo indirecto en Una pintura no es una isla
Abel Garza Martínez

Monterrey.- El arte pictórico puede ser el lenguaje del silencio. La escritura también es silente, a menos que se lea en voz alta. Pintura y texto hablan a su modo, si estamos dispuestos a escuchar con los ojos. El ciberespacio también es aparentemente mudo, en la superficie; en sus profundidades hay música y ruido. Ahí convive el habla en todas sus modalidades, desde el parloteo hasta el discurso más estructurado. El gruñido y la retórica, la expresión humana. La imagen se vuelve palabra; y ésta a su vez, se vuelve imagen.

     Una pintura no es una isla es el título de la exposición que reúne la obra de siete artistas: Salvador Díaz, David Garza, Leo Marz, David Meraz, Adrián Procel, Óscar Soto Lozano y Reynaldo Zesati. Surge como respuesta a un hecho perturbador, cuando los siete amigos se percatan de que en la misma habitación hay gente que se comunica por teléfono celular, intercambiando mensajes de texto, de un extremo al otro, sin mirarse a la cara.

     Eso es algo que parece ir normalizándose en nuestra época: una especie de deshumanización, alienación tecnológica. Quizás es el efecto confesionario o biombo: a veces la gente se desinhibe cuando no tiene la presión de hacer lectura facial del interlocutor, aunque se pierda otro tipo de información: la convivencia cercana, la imagen del rostro viviente. Lo único que nos sacará de ese ensimismamiento, que no soledad, es el diálogo. Nadie es una isla, aunque lo parezca. O tal vez somos un archipiélago, o una constelación. Somos un conjunto humano.

     Un hombre o una pintura nunca están solos, existen en relación a los demás. De algún modo su existencia siempre se desborda. Todo está interrelacionado. Se requiere un escucha o un lector, oídos y ojos. Algunos son tímidos e introvertidos; otros no, pero prefieren la comunicación indirecta o diferida. La pantalla es hipnótica, nos tiene enajenados. Los amigos se proponen honrar la simultaneidad de la existencia. Deciden hacer convivir su obra más reciente en un mismo espacio. Buscan la mirada cómplice. Los siete magníficos cambiaron las pistolas por los pinceles.

     Acaso el cuadro más político es el de Salvador Díaz. Ya el mismo título El traje nuevo del emperador es una alusión directa al cuento de Hans Christian Andersen, aquél que habla del famoso traje invisible, metáfora recurrente en la Metafísica, la Teología y la Política. Una fábula moderna sobre el poder y la disidencia.

     Díaz construye por capas: el lienzo, el papel periódico, la tinta y la pintura. A modo de palimpsesto, la imagen y la palabra se empalman. El tiempo congelado de la hemeroteca vuelve a ser fluido gracias a la intervención artística. Esta obra es la que más nos habla, pues da la impresión de que la figura humana surge del periódico, dejando a la vista los encabezados que dan cuenta de las noticias y los eventos del día. La intertextualidad es su esencia.

     Aparece la celebérrima frase “El Estado soy yo”; pero quizás ya no hay rey ni emperador, si no Imperio. Ese al que aluden Michael Hardt y Antonio Negri; ese que más que sustentarse en el pueblo, lo hace en las multitudes globalizadas. Lo efímero permanece: la nota sobre un joven que ayuda a rescatar a su padre secuestrado, las vialidades alteradas por el nuevo Estadio; la nota roja y las sentencias judiciales conviven junto a las marcas de lujo de la moda. El traje nuevo del emperador ofrece literalmente muchas lecturas posibles. Crítica, complacencia o testimonio de un tiempo aparentemente encapsulado, pero inserto en una realidad constantemente cambiante.

     David Garza presenta una visión muy interesante en Broken landscape VIII. Ahí lo natural y lo artificial parece fusionarse en una abstracción que rompe la continuidad del paisaje, o mejor dicho irrumpe con estructuras geométricas, de quiebres y fracturas que terminan por incorporarse al panorama dominado por un sol, dando así un efecto bello y desconcertador.

     Leo Marz ofrece el díptico titulado Tongues of flame donde el bosquejo de siluetas estilizadas parece representar un diálogo, el ir y venir de las palabras o el envío de un beso.

     David Meraz en BSSF No. 2 / Fantasy muestra el colorido propio de los ornatos de las fiestas de antaño. Un coloquio de aves, donde un colibrí parece sostener con el pico un listón o una serpentina. Publicidad retro o eco de los maestros ilustradores de una época pasada.

     Adrián Procel presenta una imagen amplificada en Estructura del vacío VI: en lo que parece ser una fotografía para carnet de identidad, falta una cabeza. Sólo se ve la representación de un traje y un cuadrado vacío en lugar de testa. Ausencia que por reflejo pudiese incluirnos, como en aquellas siluetas de cartón con un hueco en el área del rostro, para que uno pueda colocarse atrás e incorporarse a la representación. Completar el juego equivale a asumir el look de Men in Black (traje negro, corbata negra y lentes oscuros). Quizás al igual que Yves Saint-Laurent aspira a crear el equivalente femenino del traje masculino. Cualquiera puede vestirse así, pero socialmente no todos serán vistos igual.

     Óscar Soto Lozano creó una obra impactante, llamada CUADRANTE, donde los colores se alinean de manera ordenada y minuciosa, de tal modo que forman una pantalla vibrante. Este cuadro despertará nostalgia y melancolía en los espectadores de más edad, pues recordarán que hubo un tiempo en que la televisión no ofrecía programación continua, no había transmisión de contenido audiovisual de modo permanente, entonces los espacios muertos eran cubiertos por esas famosas barras de colores. Algo que no creerán las nuevas generaciones. CUADRANTE es hipnótico como una ilusión óptica.

     Reynaldo Zesati nos regala una postal enorme con su obra Naturaleza y Guyton. Ahí el recuadro verde de unas hojas se superpone a dos pliegos enormes de papel de china rosado, o papel picado por múltiples equis.

     Si usted tiene oportunidad, acuda a ver esta exposición y dialogue con estas pinturas. Juzgue por cuenta propia si vale la pena conversar o no. Yo creo que sí vale la pena intentar conversar por todos los medios posibles. Más desde el juego libre del arte. Es un esfuerzo que debemos hacer.

Una pintura no es una isla permanece en exhibición en el Centro Cultural Plaza Fátima desde el 15 de julio hasta el 21 de agosto de 2021. Miércoles a sábado, de 16:00 a 20:00 horas. Entrada libre.