GOMEZ12102020

El arte de insultar
Ismael Vidales

Monterrey.- Hay un libro muy agradable que le recomiendo leer, su título es “El arte de insultar” y su autor es Héctor Anaya. Se trata de un trabajo muy intenso que le llevó más de diez años y recopila una rica gama de formas de insultar utilizadas por destacados escritores y gente del mundo político, reúne ejemplos nacionales y de otros países, actuales y lejanos.

     El nombre no es original, conozco dos obras con el mismo título, inspiradas tal vez en la obra del filósofo alemán Arthur Shopenhauer. La obra no consigna los insultos procaces o vulgares, sino anécdotas, dichos, refranes, endechas, coplas, epigramas y más. Por ejemplo, consigna del genial estadista inglés Winston Churchill, entre otras las siguientes anécdotas: 1) Cuando Churchill cumplió 80 años un periodista joven fue a fotografiarlo y le dijo: Sir Winston, espero fotografiarlo nuevamente cuando Usted cumpla 90 años. Churchill le respondió: ¿Por qué no? Se ve bastante saludable. 2) El General Montgomery estaba siendo homenajeado, por vencer a Rommel en la batalla de África, en la II Guerra Mundial. En su discurso el General Montgomery expresó: No fumo, no bebo, no prevarico y soy un héroe. Churchill oyó el discurso y con celos e ironía, comentó: Yo fumo, bebo, prevarico y soy tu jefe. 3) Un día la diputada Lady Astor, le dijo a Churchill: Sr. Ministro, es usted odioso, si fuese mi marido, yo pondría veneno en su te. Churchill, con mucha calma, se quitó los lentes, y en aquel silencio en el que todos estaban esperando la respuesta dijo: Señora,… si yo fuese su marido,... ¡me lo tomaba!

     La obra de Anaya también consigna anécdotas picarescas del genial Quevedo: 1) Se cuenta que en una ocasión hizo una apuesta con otro colega a que le decía en público a la soberana, que era coja. El colega aceptó la apuesta porque estaba seguro que la ganaría, pues nadie en su sano juicio iría con la reina y le diría en su cara su estado de discapacidad. Pero Quevedo, simplemente, cortó dos hermosas flores y acercándose con toda galantería a la reina, hizo una genuflexión, le dijo: Su majestad es-coja entre el clavel y la rosa. Y todavía fue más lejos, insistió: entre el clavel y la rosa, su majestad es-coja otra vez. 2) Otra ocasión el monarca lo conminó a ofrecer excusas por algo que hizo mal a juicio del monarca, Quevedo argumentó que nunca daba excusas porque éstas resultaban ser más ofensivas que la propia ofensa y que algún día se lo probaría. El día llegó cuando sorprendió al monarca cortando unas flores y sin más, llegó por la retaguardia y con las dos manos le apretó las nalgas. Sorprendido el monarca, apenas se repuso y lo miró con furia, a lo que Quevedo respondió: “Perdón, creí que era la reina”.

     Una frase que me encanta, es atribuida a Antonio Plaza poeta que vivió y murió en la pobreza; y cuando su amigo Juan de Dios Peza le aconsejó que escribiera adulando al gobierno y con ello recibiría generosa recompensa, él contestó “Sería como afeitar a un muerto, se mella la navaja…y se desprestigia el barbero.”

     Se cuenta que Bernard Shaw le envió una invitación a W. Churchill, más o menos en los siguientes términos: Tengo el honor de invitar al Primer Ministro al estreno de mi obra Pigmalión… Venga y traiga un amigo,... si lo tiene. Churchill respondió: Agradezco al ilustre escritor la honrosa invitación. Infelizmente no podré concurrir a la primera presentación. Iré a la segunda, si es que se realiza.

     Termino con la frase de Bernard Shaw que viene muy a cuento en estos días: “Los políticos y los pañales, debieran cambiarse con igual frecuencia… y por la misma razón”.