GOMEZ12102020

El gran proyecto social de los CENDI
Lupita Rodríguez Martínez

“Ya es tiempo que aparezca el maestro.
No esperen al experimentador, sino el maestro experimentado,
el capaz de llevar adelante un plan preciso, aunque con flexibilidad
y la inspiración propia del que domina su tarea y crece al cumplirla”.

José Vasconcelos.

Monterrey.- En 30 años como directora general de los Centros de Desarrollo Infantil (los CENDI) del Frente Popular ‘Tierra y Libertad’ he aprendido que sí existe la fórmula para acabar, para siempre, con la pobreza, la desigualdad, la corrupción, la violencia, las crisis ambientales y muchos de los problemas y grandes desafíos que enfrentamos como sociedad global. Me refiero a una política pública olvidada y poco considerada: invertir en los primeros años de vida de niñas y niños, sobre todo de aquellos menos favorecidos de nuestro país y del mundo. Esto no es una suposición personal, pues lo demuestra la evidencia científica de múltiples disciplinas, entre estas las neurociencias, la economía, la psicología, por mencionar algunas.

     Esto también se puede medir de otra manera, ya que en tres décadas de construir un modelo de transformación social en contextos de pobreza, que son los CENDI, significa que esas niñas y esos niños que iniciaron en las aulas, son hombres y mujeres de 30 años y de acuerdo con el Programa de Seguimiento que llevamos, con certeza puedo decir que hoy la gran mayoría son ciudadanos preparados, socialmente comprometidos, equilibrados emocionalmente, exitosos y, sobre todo, como decimos, felices.

     He tenido la grata experiencia de ser testigo, día tras día, año tras año, de ver cómo los CENDI, al brindar una atención y una educación temprana, científica, amorosa y de calidad, propician la oportunidad que niñas y niños más vulnerables de nuestra sociedad puedan desdoblar sus increíbles talentos y potencialidades humanas y desarrollarse como personas capaces no sólo de lograr el éxito escolar, sino también de enfrentar con mayor probabilidad de éxito los desafíos del mundo actual y de acceder así a una vida digna.

     Tras 25 años de esfuerzos para abatir la pobreza a través del Frente Popular ‘Tierra y Libertad’, constatamos que la igualdad de oportunidades no existe, que es un mito del sistema. Se supone que la igualdad de oportunidades es un principio de justicia social cuando todas las familias tienen los mismos derechos sociales y políticos y las mismas posibilidades de acceder al bienestar. Y esto está muy lejos aún de alcanzarse.

     Las oportunidades para los menos favorecidos se abren desde la edad temprana y una vez cerradas, que es lo más doloroso, son muy difíciles de reabrir, a menos que haya una intervención oportuna y adecuada desde la primerísima etapa de la vida. Es así como identificamos que invertir en la primera infancia es factor medular para poner fin al círculo intergeneracional de reproducción de la pobreza, tal como en los estados donde sí la atienden, lo cual genera altos beneficios económicos y sociales al aumentar las capacidades físicas, cognitivas y socioemocionales de la niñez, promoviendo así una mayor escolaridad y, por ende, mayor fuerza laboral, mejores niveles de salud, menos tasas de criminalidad y mayor calidad de vida.

     Según estudios, de cada cien mexicanos que nacen pobres, 74 de ellos permanecerán en esa condición por el resto de su vida ¡Esto es una gran injusticia! Es reflejo de un Estado que no cumple con sus responsabilidades para el desarrollo de las personas, en especial la salud y la educación.

     La práctica nos enseñó que educar es formar capital humano. Es la estrategia más efectiva para fomentar la igualdad de oportunidades, reducir la pobreza, promover la movilidad social y el crecimiento económico. Por el contrario, no invertir en edades tempranas es altamente costoso, porque sus consecuencias negativas se manifestarán durante el resto de sus vidas. En cambio, recibir una nutrición adecuada y estímulos e interacciones positivas desde los primeros años, incrementa los aprendizajes y las posibilidades de estudios superiores, reduce el embarazo adolescente y la propensión hacia la criminalidad. Por esta razón, la inversión en la primera infancia tiene un retorno social y económico mayor que en otras etapas de la vida.

     Invertir en la primera infancia es altamente redituable, sobre todo cuando se focaliza en quienes más lo necesitan: las niñas y los niños que viven en condición de pobreza. En México tenemos 5.8 de niños entre 0 y 3 años y de ellos tres millones viven en condición de pobreza. Frente a esto y ante los beneficios económicos y sociales de incentivar el desarrollo infantil temprano la evidencia es irrefutable y en nuestra próxima colaboración señalaremos cómo emprendimos el gran proyecto social de los CENDI.