GOMEZ12102020

El mundo y sus demonios
Ismael Vidales

Monterrey.- Este es el título de un libro escrito por el astrónomo y especialista en ciencias espaciales Carl Sagan (9 de noviembre de 1934-20 de diciembre de 1996). Esta obra da respuesta a la pregunta ¿Estamos al borde de una nueva edad oscura de irracionalismo o superstición? Sagan nos platica la forma en que se interesó por el método científico. Dice que fue en su casa y en la universidad donde encontró profesores que no sólo entendían la ciencia sino que además eran capaces de explicarla.

     ¿Cómo fue que lo influyeron sus padres? Relata Sagan que siendo pequeño, se vio obligado a responder la agresión de otro niño y su puño rompió el vidrio de la puerta de una farmacia, el dueño salió pronto y lejos de regañarlo, le dijo, no pasa nada, tengo seguro, y acto seguido lo curó y aplicó dos puntos. Por la noche, Sagan pensaba cómo era posible que hubiera sido violento, roto un vidrio, recibido dos puntos, provocado un gasto inesperado en la familia que no estaba en abundancia y el chico con el que riñó ni siquiera lo recordaba y estaba de nuevo jugando con él. ¡No es posible, que nadie esté enfadado conmigo! Decía Sagan para su interior.

     Luego empezó la lluvia, su madre y él, miraban cómo el agua iba de nuevo a la bahía de Nueva York, se quedan mirando a lo lejos y ella dice, allá hay gente que lucha y se matan unos a otros. Sagan dijo: Lo sé, los veo. No, no los puedes ver, repuso con severidad su madre, están demasiado lejos. Entonces, dice Sagan ¿Me pregunté, cómo sabe ella que no los veo? ¿Cómo se puede saber cuándo alguien sólo imagina?

     Agrega, que en 1939, sus padres lo llevaron a la Feria Mundial de Nueva York, allí vio un futuro perfecto que la ciencia y la alta tecnología habían hecho posible. Ya en casa, vino la pregunta a su padre ¿Cuándo se acaban los números? ¡Vamos a descubrirlo!, le respondió su padre. Siendo sastre, le apiló papel de patrones de pantalón suficientes para que entre los dos fuesen escribiendo los números desde el uno hasta donde se acabaran… él se cansaba y caía dormido, el padre continuaba, luego el avanzaba… hasta que llegó el momento ¡Papá, no se acaban!

     Ya formado en la ciencia y famoso como astrónomo, Sagan bajó del avión para dar una conferencia a científicos y comentaristas de televisión. El chofer que fue a recibirlo llevaba un letrero en un cartel con el nombre de Carl Sagan. Al subirlo, el taxista le empezó a decir cuántos libros leía sobre extraterrestres congelados que languidecen en una base de las Fuerzas Aéreas cerca de San Antonio, de la manera de oír lo que dice la mente de los muertos (canalización) en cuarzos y cristales, de las profecías de Nostradamus, de astrología, del sudario de Turín.

     Sagan, se preguntó, cómo era posible que un científico trabajara arduamente por varios años para desentrañar los secretos de la ciencia, publicara un libro del que difícilmente vendería cien ejemplares y los embusteros y charlatanes, imprimieran millones de obras-basura, y se quedaran tan campantes. Entonces decidió escribir “El mundo y sus demonios” para desenmascarar a los farsantes y echar por tierra las “abducciones por extraterrestres”, las “canalizaciones”, el fraude de los curanderos, la “Cara de Marte”, las señales de extraterrestres en los sembradíos y mucho más.

     Además en su obra rechaza la idea de que la ciencia destruya la espiritualidad o de que es otro sistema arbitrario de creencias. Se duele que la actividad científica esté tan estigmatizada y la sociedad sea tan proclive a vivir en el oscurantismo medieval de las brujas, aparecidos, demonios, chamanes, nahuales, curaciones por el iris, por imposición de manos, con pastillas verdes, agua mágica, y todo cuanto al margen de la ciencia, hace su agosto con los ingenuos que son incapaces de preguntarse cosas tan simples como ¿cuándo se acaban los números?