PEREZ20042020V

El pensamiento científico
José Ángel Pérez

Monterrey.- A lo largo de la historia el ser humano siempre ha buscado respuestas racionales a preguntas como las siguientes:

¿Qué leyes rigen a nuestro universo?

¿Cómo conocemos las leyes que rigen nuestro universo?

¿Cómo puede servirnos el conocimiento de las leyes que rigen el universo para comprender el mundo y con ello orientar sus acciones en nuestro provecho?

¿El Universo, se puede conocer?

¿El Universo, tuvo un principio?

¿El Universo, tendrá un final?

¿Existe un solo Universo o hay una infinidad de Universos paralelos?

     Las anteriores cuestiones han guiado la actividad racional de los hombres de ciencia desde Arquímedes, Eratóstenes, Platón, Aristóteles, Galileo, Newton, Maxwell, Darwin, Pasteur, Faraday, Einstein, Schrödinger, Feynman, Hawking y muchos más; constructores de la ciencia. Es importante que el profesor de ciencia de secundaria conozca la forma como grandes hombres, a lo largo de la historia de la humanidad, han participado en la construcción del conocimiento científico. Esto servirá de base para orientar su actividad de enseñanza desde una perspectiva social y humanista. Considerando el conocimiento científico como un campo firme y sólido, construido bajo esquemas racionales y experimentales que faculta al ser humano para conocer y transformar la realidad.

     La sociedad requiere del conocimiento científico, y por lo tanto, es importante que los estudiantes accedan a este conocimiento para entender una realidad compleja y ser motores de cambio en esa realidad. Algunos autores (Sagan, 1997), establecen que es peligroso y temerario que el ciudadano siga ignorando procesos como el calentamiento global, el adelgazamiento de la capa de ozono, la contaminación ambiental, la deforestación, el gasto indiscriminado de energía, los procesos de clonación, la generación de pandemias, la producción de transgénicos, la ignorancia de fuentes alternas de producción de energía, entre muchos otros grandes problemas y prácticas que la ciencia ya ha alertado pero que, al parecer, suenan ajenos a quienes toman decisiones desde las esferas del poder y, lo que es más grave, el ciudadano común, producto de un sistema educativo mal sustentado, no entiende y por lo tanto permanece ajeno. Es aquí donde la educación científica encuentra su razón de ser en la escuela secundaria, en su tarea de formar seres humanos informados, escépticos, inquisitivos y con los elementos básicos para entender y participar activamente en el mundo natural y social y para enfrentar racionalmente las adversidades.

     El trabajo del profesor de ciencias de Educación Secundaria es una tarea compleja ya que continuamente se enfrenta a preconcepciones, ideas erróneas o falsas concepciones. También debe luchar contra obsoletas prácticas de enseñanza científica que se niegan a desaparecer. Ante esta realidad, al profesor de ciencias se le deben proporcionar herramientas y estrategias didácticas, una metodología que clarifique el rumbo y permita hacer buen uso de los elementos que la tecnología ofrece para el diseño de un buen modelo de enseñanza, acorde a los nuevos tiempos y en sintonía con los intereses y las preferencias de los estudiantes habitantes de un mundo global e interconectado pero, contradictoriamente, más vulnerable.

     La enseñanza de la ciencia requiere de un diseño de la instrucción que, haciendo acopio de diversos materiales y estrategias didácticas, guíen el pensamiento de los estudiantes en el esclarecimiento de las leyes del mundo, desde una concepción clásica hasta la aprehensión de conceptos de la ciencia moderna. La ruptura epistémica del estudiante ha de ser tal, que transite de un pensamiento anticientífico que oscila entre lo vulgar, lo místico y lo mágico, a un pensamiento científico.

     Se requiere formar seres humanos alejados de dogmatismos y con una actitud crítica y permeable al cambio. Que no se aferren a viejos conceptos cuando surgen nuevas formas de indagar el mundo y nuevos esquemas racionales explican las leyes del Universo.