Mérida.- Lo que realmente está haciendo Donald Trump, el irascible cavernícola que desde el 20 de enero ocupa la presidencia de los Estados Unidos -que aunque extranjero, es líder espiritual de las derechas mexicanas- es darse, todos los días, tiros en el pie.
Algunas de sus mamarrachadas han sido: sacar a Estados Unidos del Acuerdo Climático de Paris; quitar el derecho de ciudadanía a los hijos de indocumentados nacidos en el país; eliminar las protecciones al medio ambiente que existen sobre amplias zonas marítimas y terrestres para librarlas de la explotación de hidrocarburos; destruir las reglas del libre comercio mundial; sacar a su país de la Organización Mundial de la Salud, etc.
No cabe duda que se trata de un desequilibrado mental altamente peligroso; pero lo que más admira es que haya quienes, por considerarlo un genio, votaron por él, aunque, a estas alturas, muchos de estos estén arrepentidos, los cuales, sumados a los que votaron en su contra hacen una cantidad similar mayor a la de quienes todavía lo apoyan. Quizás no ha habido en la historia de la potencia del norte otro presidente tan tocado del coco como este.
Es obvio que padece de esquizofrenia. Esta enfermedad de la psique consiste en una alteración en la percepción de la realidad, de tal modo que quien la padece tiene pensamientos desorganizados y comportamientos incoherentes, de tal modo que hoy dice o hace una cosa y mañana lo contrario.
En su anterior mandato, el 30 de noviembre de 2018, firmó con Enrique Peña Nieto y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, un tratado de comercio, el conocido como T-MEC, para que, de manera libre, sin gravámenes, circularan por los tres países mercancías producidas en ellos. Parecía entonces que pensaba que la libertad de comercio era lo mejor de la vida.
Seis años después le pega una patada al tablero y tira al suelo todo lo por él firmado. Para ello esgrime falsos argumentos que ni él cree, pero que usa de manera impúdica para engañar a su país y al mundo entero y justificar su prepotencia. El principal: que sus socios dejan pasar fentanilo a Estados Unidos y que México no ha hecho lo suficiente para detener la inmigración ilegal que fluye hacia su país. Pretextos todos para agredirlos y someterlos.
Es tan perverso que para demostrar sus “verdades” usa mentiras: una de ellas es que el gobierno de Claudia Sheinbaum tiene una alianza con el crimen organizado. Su “prueba" la publicó el 1 de febrero, en la cuenta de X (antes twiter) de la Casa Blanca. “Estos son los datos que necesita saber”, decía el título. Y a continuación un recorte de prensa de la agencia AP que informaba sobre la condena en Estados Unidos a García Luna. “Ex secretario de Seguridad Pública sentenciado a 38 años de prisión”, decía. Es su prueba. Como si el narcopolicía hubiera sido parte de los gobiernos de la 4T y no de dos gobiernos panistas, los de Fox y Calderón.
Con base en esta incoherencia, Trump, anunció ese mismo día, sus aranceles de 25 por ciento. “Las organizaciones mexicanas de narcotráfico tienen una alianza intolerable con el gobierno de México. El gobierno de México ha proporcionado refugios seguros a los cárteles para que se dediquen a la fabricación y el transporte de narcóticos peligrosos, que en conjunto han provocado la muerte por sobredosis de cientos de miles de víctimas estadunidenses. Esta alianza pone en peligro la seguridad nacional de los Estados Unidos y debemos erradicar la influencia de estos peligrosos cárteles”, dijo, hipócritamente airado.
El barbaján de la melena roja no se midió en sus calumnias. La suya fue una grave afrenta a las decenas de miembros de los equipos de seguridad de nuestro país que han perdido la vida en la lucha por proteger a la sociedad, incluso la estadounidense, del flagelo de las drogas -y, lo más irónico- muchos de ellos abatidos por armas fabricadas en Estados Unidos, de las que son proveídos los cárteles del crimen por los cárteles empresariales de las armas, integrantes de la corte de millonarios que apoyan al presidente a cambio de que este les permita su macabro giro.
La doctora Claudia Sheinbaum no le perdonó al difamador la calumnia y le contestó por la vía del mensaje por X: “Rechazamos categóricamente la calumnia que hace la Casa Blanca al Gobierno de México de tener alianzas con organizaciones criminales, así como cualquier intención injerencista en nuestro territorio. Si en algún lugar existe tal alianza es en las armerías de los Estados Unidos que venden armas de alto poder a estos grupos criminales, como lo demostró el propio Departamento de Justicia de Estados Unidos en enero de este año”.
Y le restregó en el rostro hechos irrefutables: “Nuestro gobierno ha asegurado en cuatro meses más de 40 toneladas de drogas, incluyendo 20 millones de dosis de fentanilo. También ha detenido a más de diez mil personas vinculadas con estos grupos” mientras en Estados Unidos los distribuidores de drogas campan por sus fueros en las calles de sus principales ciudades y no hay persecución del lavado de dinero que la actividad genera.
“México no quiere confrontación. Partimos de la colaboración entre países vecinos. México no solo no quiere que el fentanilo llegue a Estados Unidos, sino a ninguna parte. Por ello, si Estados Unidos quiere combatir a los grupos delictivos que trafican droga y generan violencia, debemos trabajar conjuntamente de forma integral, pero siempre bajo los principios de responsabilidad compartida, confianza mutua, colaboración y sobre todo, respeto a la soberanía, que no es negociable. Coordinación sí; subordinación, no”, concluyó.
Trump está engañando a su propio pueblo al decirle que lo hará de nuevo grande pasando por encina del tratado que firmó y hoy desconoce, y todos los actores políticos y económicos tanto de Estados Unidos como de México, Canadá y otros países lo saben. Lo que va a lograr es producir efectos perjudiciales en los tres países, en especial, el suyo, donde sus medidas impactarán en perjuicio grave de sus habitantes produciendo carestía, inflación, desempleo y desaceleración de la economía. Ya lo veremos.