Ya en otras nos había sorprendido con esta temática, sobre todo en su libro «En sintonía con las cuatro estaciones del amor. Voz en libertad» (2022), pero ahora su escritura alcanza altos niveles filosóficos y poéticos.
Pero si en «Sintonía…» el escenario era montañoso, aquí es una playa mexicana entre cuyos personajes sobresale una niña trigueña, misma que representa un “¿Torbellino o tornado? Huracán desatado, terremoto que hace vibrar el suelo que pisa, salta y brinca y después se desliza desafiando la gravedad. Se detiene, avanza, todo está en proceso, esperando impaciente al ingenio para jugar”.
En «Trigueña…» el proverbial estilo didáctico del maestro Tavitas se vuelve también entusiasta y celebratorio, lo cual contribuye a contagiar el espíritu del hábitat que lo ha cautivado: “Aromas en el aire motivan, traen la magia escondida para recargar de energía a un corazón que se ha quedado dormido y cansado en la monotonía. En los hábitos invariables de cada día, la costumbre lo ha hecho predecible, gobernable, dominado por la atonía y la insensibilidad. Cuesta arrancar de nuevo pero la esperanza comienza a latir fuerte en el interior”.
El crecimiento de un autor se mide por el uso del lenguaje, pues éste dimensiona con precisión el traslado de sus emociones al lector, y el maestro Tavitas lo demuestra con creces: “En el agua salada de la mar la dulzura de la vida parece llegar al corazón, acostado en la húmeda arena con el rostro al cielo cierro mis ojos y comienzo a suspirar, mis brazos abiertos rompen las olas que se deslizan sin tanta fuerza y acarician mi piel. Empapado del amor de la naturaleza, el océano me muestra su generosidad. Somos agua y tierra, creados especialmente para poblar este planeta”.
También destacan en su lenguaje los giros filosóficos y poéticos que contribuyen a potenciar y privilegiar el mensaje del maestro en grado superlativo: “En la naturaleza todo cambia, evoluciona, está en constante movimiento, después de hoy estará allí pero ya nada será igual, y aunque no lo quisiera, aun permaneciendo en el mismo lugar, yo ya no seré el mismo de ahora. El tiempo modifica, mejora, altera, el ayer es pasado y se convierte en un recuerdo, una nueva luz llegará y nos iluminará para continuar en el camino de la vida”.
Esta demostración de fina sensibilidad no es novedad, ya antes la habíamos constatado en otros volúmenes del maestro Tavitas, es sólo que ahora parece haberse concentrado en esta espléndida pieza de orfebrería literaria: “Una estrella ilumina más que las demás, la luna me envía una sonrisa y en el viento hay un rumor que atrae con intensidad, en las aguas profundas hay misterio, resplandores de ninfas ocultas que embellecen el panorama nocturnal”.
Hay en estas líneas un paraíso que quiere salirse de las páginas, tanta es su majestuosidad lírica: “Sin duda tengo una perspectiva de la vida, pero es preciso renovarla, actualizarla, modificarla para seguir adelante, de aquí saldré más fortalecido, como el ser vivo que soy, pero nutrido espiritualmente por una existencia superior que hace presencia en cada elemento de la naturaleza”.
No olvida el maestro complementar su paseo sensorial con la (para nosotros) exótica nómina de la flora y fauna, así como la gastronomía local: “luciérnagas y cocuyos dan un bello espectáculo de luces, los grillos ponen la música intermitente en nuestros oídos”, “pan de elote, plátanos fritos o unas hojuelas con miel, calientitas, recién hechas para dar gusto al paladar”, “Hay empanadas de jaiba y de minilla, además de las clásicas de queso, carne y pollo. De estos tres se hacen garnachas, picaditas y memelas, tacos dorados, tostadas, enchiladas y tamales. El mole tradicional lleva una gran variedad de chiles y se le puede agregar chocolate, galleta molida, canela, anís, ajonjolí pasita, cacahuate”, “Después de comer, las nieves de coco, guanábana y mamey son una delicia que hay que probar”.
Sólo queda conjeturar cuál de todas las facetas del maestro será la mejor: educador, poeta, narrador, ensayista, filósofo, ecologista, promotor vocacional o humanista.
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*Manuel Tavitas Rodríguez. «Trigueña, la niña del mar. Un canto de amor a la vida y a la libertad».