No hemos valorado la profunda filosofía del mundo mesoamericano
Ciudad de México.- Es la segunda vez que lo entrevisto en un lapso de cinco años, y sigo preguntándome lo mismo: ¿Por qué Sergio Cruz Durán no es profeta en su tierra?
Increíble, pero su obra es conocida, en el orden que él mismo señala, primero en Inglaterra, luego en España y en tercer lugar en México.
Su pasión –“obsesión”, me insiste– es la mitología-filosofía mesoamericana. Y de esa pasión salen las figuras, los rostros, los símbolos, las ideas, que plasma en sus cuadros.
La primera vez que lo entrevisté fue durante una exposición en la Ciudad de México en el Casino Español. Por aquellos meses también llegó a exponer en el Senado de la República.
Pero Cruz Durán no es ningún improvisado. Tampoco un pintor que no trascienda. Desde su actitud apasionada, pero sin alardes ni poses públicas, el artista, nacido en Michoacán, ya ha sido incluido en un timbre postal por el gobierno federal. “Es la primera vez que se publica una obra como timbre de un artista vivo”, afirma.
Además se le rindió homenaje en un billete de la Lotería Nacional en el 2014 (Sorteo “de Diez” No. 17, difundiendo la obra “Xóchitl III”). “Fue un reconocimiento muy halagador para mí, la verdad”, señala.
“Y en Inglaterra, el hecho de que tenga la Universidad de Oxford una exposición permanente de mi trabajo también es una indicación muy halagadora para mí”.
Después de cinco años, su arte, su vida, su evolución –con una mortal epidemia y una (¿otra?) guerra inútil de por medio–, ¿qué ha sido de Sergio Cruz Durán?
Reunidos en el Sanborns de los azulejos en la Ciudad de México, revela su faceta post pandemia.
“Creo que las obras que presenté hace cinco años en el Casino Español son notoriamente diferentes de lo que presento ahora.
“Por una parte la temática es un poco más centrada, y la técnica más depurada”.
También, dice, el formato ha cambiado. “Ya casi dibujo exclusivamente en tamaños grandes, 56 por 75 centímetros, más o menos, obras grandes, que me tardo entre tres y cuatro meses en terminarlos.
“Pero me ha gustado más porque puedo explorar más, puedo hacer más detalle, cambiar la idea en el proceso, pues es un proceso largo, de tres meses o cuatro. Y el cuadro en sí ya dice una historia de cómo va evolucionando”, expresa.
Cruz Durán explica que unas partes del cuadro son diferentes a las partes finales porque el tiempo transcurrió “y yo quizá implementé algunas otras ideas que no tenía al principio”.
Sin embargo, la obra de Cruz Durán no ha cambiado por los sucesos que han golpeado al mundo, sino por la evolución de su propia experiencia, de su trabajo diario.
Entonces, ¿de qué habla este pintor mexicano que prácticamente ha triunfado en Europa y no en su país natal?
¿De qué habla cuando describe los tamaños de su obra de 56 por 75 centímetros?
En su trabajo, el michoacano emplea tintas acrílicas que son aplicadas con una pluma técnica muy fina (estilógrafo), de mucha precisión, que se usa para hacer planos. Y la obra se complementa con líneas y puntos.
Ya concluidos, Cruz Durán utiliza la técnica “Giclée” (rociamiento de tintas) para reproducir sus cuadros.
“Es la manera en la que se reproduce mi trabajo, una técnica relativamente nueva comparada con otras, y que es un rociamiento de tintas que ahora con las técnicas modernas, con las impresoras nuevas, lo hacen muy, muy, metódica, y con una muy alta calidad en cuanto a la fidelidad del trabajo original”, expresa.
“Se llaman reproducciones ‘Giclée’, o impresiones ‘Giclée’, y cuando comparas una impresión ‘Giclée’ con el original, es difícil saber cuál es el original. Entonces es un método muy exacto.
“A mí me ha gustado mucho ese sistema, y todas mis obras las reproduzco 125 veces nada más, edición limitada, 125 veces y se acabó”.
Cruz Durán tiene una preparación inicial de arquitecto, profesión que lo llevó a dibujar por hobby, a retratar plazas públicas y, a la vez, a Oxford (donde reside), pero que después combinó con otra o la mayor de sus pasiones, la cultura y filosofía mesoamericana.
Y es aquí, cuando tocamos éste tema, que su emoción es más visible.
“Ante mi formación como arquitecto, mi paso a la preferencia por la mitología maya fue un cambio radical, porque poco a poco el terreno mitológico fue ganando espacio en mi mente hasta que redujo la arquitectura y el urbanismo a un rincón”.
Admite que no ha cesado su gusto por la buena arquitectura o por los espacios públicos, pero indica que lo que le obsesiona realmente es la mitología porque es una manera de vivir, “de pensar en cómo tú puedes fincar tu vida, tu manera de actuar con otras personas; ante la política, el arte, la naturaleza, sobre todo”.
Entonces, dice, realmente las ideas que dominan mi mente no son ya de arquitectura, son de mitología, y la mitología, hasta cierto punto, se traduce en filosofía, a veces en religión, que no es mi caso. Y la filosofía se traduce en tu manera de actuar todos los días.
La mesoamericana, una mitología vigente
Al extenderse en el tema que le apasiona, y por el que ha realizado decenas de cuadros, Cruz Durán afirma que hay elementos de la mitología griega, “o la que quieras, la de los rusos que vive todavía, que se traduce muchas veces en elementos religiosos”.
Comenta que en México aún hay adoración o ceremonias que se vinculan directamente con el mundo mitológico de los aztecas.
“Podemos decir mitológico o filosófico, pero es más fácil decir mitológico porque proviene de esa época de las creencias que ellos tenían”, expresa.
“Una de mis creencias más firmes por las que hago mi trabajo”, agrega, “es porque creo que la mitología o la filosofía mesoamericana tienen vigencia todavía porque el concepto de dualidad es vigente en todo, el día y la noche, el hombre y la mujer. Estos, individualmente, son seres estériles, pero si se juntan pueden crear una nueva vida, entonces es una dualidad que siempre ha existido y siempre va a existir, yo quiero pensar”.
Otra cosa que es muy evidente dentro de la sociedad, añade, es que no solamente aplica a los que conocemos un poco de la mitología mesoamericana, sino que hay elementos universales que son válidos en cualquier parte del mundo.
Y explica, por ejemplo, el concepto de Quetzalcóatl, el hombre representado por la serpiente y el dios representado por el águila, por las plumas.
“Entonces, Quetzalcóatl es, teóricamente, un hombre-dios, pero en realidad Quetzalcóatl –‘Quet-zal-cóatl’– somos cada uno de los seres humanos, porque todos tenemos nuestra dualidad dentro de, primero, tener limitaciones del cuerpo físico, y segundo tener la posibilidad de volar, de imaginarnos y de soñar con otras cosas que pueden ser imposibles en este momento, pero con el tiempo pueden fructificar.
“En otra parte de la divinidad, un elemento importante, es que somos capaces de reproducirnos, de crear una nueva vida. ¿Cómo le hacemos? Sin pensarlo podemos crear un ser humano complejísimo, que si nos pusiéramos a pensar nunca lo podríamos crear artificialmente, pero tenemos ese poder casi sin querer –algunos queremos y otros no–, pero tenemos esa posibilidad.
“Sigo creyendo que en el mundo mesoamericano hay una filosofía bastante profunda en él, y que no hemos descubierto todo, pero que, sobre todo, no lo hemos valorado”.
‘Ni Covid, ni guerra… sobrevivo’
Para Sergio Cruz Durán, ni la pandemia del Covid-19, ni la guerra entre Rusia y Ucrania, han modificado su manera de pintar.
Pero también nos aclara: “Tampoco ha cambiado mi manera de pensar acerca del arte, que es una actividad de sobrevivencia para mí.
“Es vital para mí, diario estoy dibujando. Me levanto y lo primero que hago, después de hacer un poquito de ejercicio y desayunar, es ir al restirador, a dibujar”.
Asegura que dibuja un promedio de cinco horas, mínimo, diario.
“Y, a veces, cuando me entusiasmo, pues hasta 10 o más, dependiendo de las cosas que tenga que hacer”.
Estos acontecimientos, añade (la pandemia y la guerra) no cambian tampoco mi forma de pintar.
“La pandemia obviamente me ha afectado hasta cierto punto porque no tenemos las libertades que teníamos antes, pero yo de hecho ya vivía enclaustrado. Mi estudio está en mi casa, y de mi casa no salgo si no hay una necesidad”, revela.
“Los acontecimientos que alteran el orden mundial no cambian mi trabajo porque yo estoy inmerso en lo que es la mitología mesoamericana”, agrega.
“Sí me hacen ver, me recuerdan, el tipo de conflictos que hay inherentemente entre seres humanos. Tenemos conflictos porque el mundo está dividido, siempre está dividido.
“Es otra forma de ver el mundo, viéndolo como una dualidad: los que jalan para un lado y los que jalan para el otro, y cómo se va polarizando cada vez más”.
En cuestión de política, afirma Cruz Durán, la Derecha es cada vez más derechista, y la Izquierda es cada vez más izquierdista, y de los extremos muy pocos están en el poder, casi siempre es alguien de en medio, alguien más moderado. Añade que en Inglaterra ocurre lo mismo. “En verdad, cambia mi visión, pero no mi modo de pintar”.
Difusión, trabajo solitario
El pintor mexicano radicado en Inglaterra, asegura que en la difusión de su obra, poca o mucha, “hay algo de todo”.
Considera que hace falta difundir más su trabajo, y que por ello ahora tiene dos representantes que hacen esa labor tanto en Inglaterra como en España y México.
“Como profesional, tengo más exposición al público. También he mejorado en cuestión de difusión, ahora con las redes y la pandemia se hizo mucho énfasis en la difusión de mi trabajo a través de las redes sociales. Y sí ha tenido efecto”, afirma.
Pero señala que hace falta una mayor labor del gobierno para difundir el trabajo de los artistas.
“La actividad del gobierno deja mucho que desear en cuanto a eso, sobre todo ahora, que hay cierta reticencia del gobierno a la difusión y la creación del arte.
“Ojalá y esto mejore, pero ya sabemos que este régimen se casa con sus ideas muy fácilmente, no cambia de ideas, no tiene flexibilidad, y eso no le ayuda a nadie ni a ellos mismos, porque no se adapta a las nuevas circunstancias que necesariamente cambian con el tiempo”.
Le pregunto si ha tenido algún contacto, por ejemplo, con el Instituto Nacional de Bellas Artes.
“Creo que a los artistas lo que menos nos interesa, o lo que menos queremos hacer, es andar buscando lugares para expresión, o bien haciendo cosas para ver a fulanito o a zutanito de tal, en Bellas Artes o en el Rufino Tamayo.
“Por eso mis representantes han sido una gran ayuda para mí. Porque eso además de que no me gusta se me hace secundario”.
Aunque nunca han tenido ningún acercamiento formal con él, revela que alguna vez hubo una conexión con Conaculta para la impresión de un libro suyo.
“Pero por cuestiones de que el régimen ya se va a terminar, y que el nuevo régimen no está publicando, entonces se canceló la publicación”, lamenta.
La publicación de ese libro, indica, la ha retomado y ha hecho modificaciones, y hasta augura que en las próximas semanas saldría al público.
“Un libro exclusivamente de imágenes. Domina en un 80 por ciento las imágenes sobre mitología mesoamericana, y un 20 por ciento de imágenes diversas, entre ellas arquitectura”.
Cruz Durán manifiesta que cambiar su residencia a México, después de vivir en Inglaterra ya varias décadas, es muy difícil.
“En Inglaterra ya estoy establecido, allá tengo mi casa, mi esposa es inglesa, mis hijos también están allá.
“Tengo ya un círculo social muy sólido en varios campos del arte; gente que conozco que le gusta mi trabajo”.
Añade que también en el sector académico tiene varias conexiones, amigos con quienes disfruta pláticas cada mes, sin ningún calendario.
“Nos reunimos en Oxford. También juego basquetbol, lo practico dos veces a la semana”.
Afirma que en cuanto al reconocimiento de su obra él es la persona menos indicada para decir qué tanto se le ha reconocido.
Pero asegura que hay ciertas evidencias que dicen que sí ha habido un reconocimiento (el timbre postal, el billete de la Lotería Nacional y su exposición permanente en Oxford).
Interacción con la gente
Para Cruz Durán, una faceta más en su vida de pintor es la interacción con la gente -cada vez más- a partir de lo que dibuja y pinta.
Recuerda que en su exposición en el Casino Español, hace ya casi cinco años, algunas personas se le acercaron para comentar lo que sentían al admirar su obra.
“Me identifico con este cuadro porque representa la soledad en la que yo vivo”, afirma que le dijo una persona.
“¡Quiúbole, dónde está la soledad, a ver explícame!”, expresa sorprendido.
Por ello, añade, para él es muy satisfactorio exponer su obra.
Asegura que observar una obra de arte, en este caso su pintura, es como la poesía: Cada quien le da su propia interpretación.
“(En la exposición del Casino Español) había un cuadro de la Tonantzin, y era una mezcla de la Virgen de Guadalupe y la diosa azteca”, comenta.
Y cuenta que la señora que hace el aseo en el lugar estaba limpiando el piso, cuando apenas montaban la exposición, entonces levantó la cara, vio el cuadro y se persignó.
“Son de esas sorpresas que me da la gente a mí también, comentarios muy bonitos, tan halagüeños que no me los puedo creer, la verdad, porque yo tengo mi propia idea de lo que hago, de lo que soy”, explica.
Cruz Durán afirma que comentarios nocivos casi no ve “porque a la gente que no le gusta mi obra, o que la detesta, nunca hace comentarios, se va nada más, da un vistazo y se va de la exposición”.
“Pero sí es una de las satisfacciones más grandes como pintor, el recibir comentarios de la gente diciendo que esa obra ha tenido una influencia en su manera, no tanto de pensar, sino de sentir… de identificación”.
‘En mi obra hay muchos símbolos’
“En mi obra nada es muy obvio”, advierte el pintor michoacano.
“Casi todo tiene un significado sutil y está representado, más que nada, por símbolos”, expresa.
“Pero nunca he puesto, por ejemplo, contra la muerte una espada. Quizá insinuado, pero no. Un revólver, mucho menos.
“Yo lo que he tratado de hacer es plasmar mi idea de una manera sutil, no tan obvia; no es tan legible a primera vista, hay que buscarle un poquito”.
Cruz Durán menciona uno de esos símbolos. “Está el Quincunx, por ejemplo, que es un símbolo que utilizaban ya los mayas, que representaba las cuatro direcciones, los cuatro puntos cardinales, que yo los he reinterpretado como los cuatro elementos que forman el cuerpo humano”.
Éstos, añade, son, en su interpretación, cuerpo, alma, mente e instinto, todos unidos por el centro que es el que mantiene el equilibrio.
“Entonces para ver a una persona yo veo un Quincunx con cuatro partes unidas por un centro. Y eso en la filosofía maya se interpreta como un símbolo que tiene presencia universal.
Cuando le pregunto si le ha llamado la atención el realizar murales, responde que sus técnicas no se pueden aplicar a un mural.
“Evidentemente no. De los tres murales en los que he estado invitado hasta ahorita solo se ha realizado uno. Yo diseño un mural, hago un bosquejo, un dibujo más o menos detallado y se lo doy a una persona que sepa hacer murales; yo no sé hacer murales, porque hay que trabajar el fresco y eso no”, indica.
“Podría hacerlo quizá, pero me tardaría 10 años en adquirir la técnica adecuada, quizá menos, pero no es mi inquietud”.
Revela que ya varias veces le han preguntado si puede hacer un mural, como, por ejemplo, en un hospital en Oxford, conmemorando precisamente lo que es el efecto del coronavirus.
Pero, asegura, que hasta ahorita se ha quedado en proyecto, porque todavía, ante la pandemia, no hay libertad para estar trabajando en una pared de un hospital.
Nos dice que en Aguascalientes, recientemente, se plasmó un trabajo suyo a nivel de mural.
“Se amplificó de 60 por 60 centímetros, usando inicialmente el método de reproducción Giclée, a 3 metros por 3 metros”. Señala que el sistema de reproducción es muy exacto. “Entonces quedó fabuloso, a mí me gustó mucho. Es de un coleccionista privado y somos dos autores”, asegura.
Los jóvenes y la técnica ‘giclée’
A través de los años, Cruz Durán se ha dado cuenta que una parte importante de la gente, los jóvenes, cada vez más se interesan por su pintura.
Y afirma que en parte se debe a la técnica “Giclée” que utiliza para reproducir su obra.
“Mi obra, claro, sí ha sido vista y comprada por jóvenes. He tenido comentarios de ellos tanto en las exposiciones como en mi página web”.
El pintor nos cuenta otra anécdota: “Una persona llegó a una exposición, a una tienda de arte, vio un cuadro mío, y dijo: ‘¿Cuánto cuesta?’. No sé, vamos a decir 80 libras. Y pregunta, ‘oiga, no tengo para comprarla, pero qué le parece si le dejo 20 libras y cada semana le traigo 20 libras hasta que complete lo que vale el cuadro’. Yo dije qué buena idea, quiero conocer a esta persona”.
Una cosa importante del método de reproducción “Giclée”, añade, es que se ha hecho más accesible a los jóvenes. “Gente que no puede pagar un original compra una reproducción, y la reproducción es muy fiel, pero puede ser en diferentes tamaños, doble carta, cuatro, ocho, dieciséis cartas.
Señala que hay precios de mucha accesibilidad y eso hace que la gente joven compre su obra.
Explica el proceso de reproducción de su obra y toma como ejemplo el cuadro de la Tonantzin.
Ese cuadro, el original, indica, ya está con un coleccionista.
“Pero yo conservé los derechos de reproducción, y puedo reproducirlo hasta 125 veces, y vender esas imágenes, que no valen una cantidad cercana al original, son muchas más baratas”.
Esa, agrega, es una ventaja que tiene este tipo de reproducción. “La comparación entre original e impresión es casi igual. Es una variación de 5 por ciento”.
La textura, explica, varía un poquito si se amplía mucho. “Si un original es pequeño, digamos tamaño doble carta y se amplifica a 16 cartas, sí se nota la diferencia en textura, pero aun así me ha gustado mucho”.
Las texturas que a mí me gustan más de mis cuadros, añade Cruz Durán, son muy densas, entonces al amplificarse conservan mucho de la textura original.
Sobre su influencia en artistas jóvenes, comenta que algunos sí han experimentado con su técnica.
“Yo daba clases de dibujo y pintura en Inglaterra”, expresa, “entonces hay entre quienes fueron mis alumnos algunos que han seguido, si no en tiempo completo, sí han experimentado con mi técnica también. Una de ellas ya tiene su nombre, ya expone en Inglaterra”.
Y sobre la influencia de otros artistas en él, asegura que directamente de los pintores anónimos aztecas y mayas.
Aunque afirma que le gusta mucho la obra de Saturnino Herrán, Raúl Anguiano y José Chávez Morado, ese gusto no ha permeado hasta influirle, “porque ellos pintan con pinceles, una textura totalmente diferente”.