MIRANDA25052020

ESQUINA NORESTE
Mazapil
Octavio Herrera Pérez

Ciudad Victoria.- Siempre resulta provechoso para un historiador, en sus oportunidades de viajar, el visitar aquellos sitios que significan a sus intereses de conocimiento. Es una práctica de este oficio que comprendió desde un principio el iniciador de nuestra disciplina, Heródoto de Helicarnaso, al concebir la historia como una investigación personal y una exploración de lo ocurrido en tiempos pretéritos en sitios especialmente significativos. Con ese principio ejemplar, el quehacer de la historia se potencia notablemente cuando quien la práctica, tiene la oportunidad de visitar los lugares donde se sucedieron acontecimientos emblemáticos. En el caso de nuestro país, en toda su geografía se nos presenta una gama múltiple para realizar un atisbo para comprender el proceso de la conformación de lo que es la nación mexicana, aún en los lugares más modestos; en aquellos donde apenas pensaríamos que pudo suceder algo, y que nadie considera ni la más remota posibilidad de ir allí algún día.

     Tal es el caso de Mazapil, Zacatecas un pueblecito localizado en el desierto de la Mesa del Norte, rodeado de montañas y apartado de las vías principales comunicantes; antes perdido aparentemente en la nada, aunque ahora es posible llegar hasta allí en una serpenteante, angosta y espectacular carretera (que vino a suplir otra, casi suicida de transitar). Pues resulta, que este lugar, fundado en 1568, como parte de las avanzadas de conquista y poblamiento novohispano proveniente de la Nueva Galicia y la Nueva Vizcaya. Jurisdiccionalmente perteneció al primero de esos reinos, que hasta aquí dejó de expandirse, en tanto que los conquistadores novovizcaínos ganaron la partida para seguir penetrando más en profundidad hacia el norte. De toda esta dinámica el motor fue la riqueza de la plata descubierta en Mazapil, generando fortunas que a su vez permitieron la organización de las expediciones que ambicionaban ir más allá. De este binomio resultó el descubrimiento del valle del Saltillo y la consecuente fundación de la villa de ese nombre en 1577 por el capitán Alberto del Canto, al que seguiría poco después el pujante Francisco de Urdiñola, convertido en gran señor de este frente de avanzada, fundando Santa María de las Parras en el valle de los Pirineos y la hacienda Patos, donde estableció su enorme latifundio (hoy Parras y General Cepeda, Coahuila), que fue la base para la posterior configuración del marquesado de San Miguel de Aguayo.

     Y del conocimiento de Mazapil proveniente de la Huasteca –de Tampico, Tamaholipa y Tanchipa–, tendría lugar el otro frente de ocupación del norte oriental de la Nueva España, debido a la iniciativa de Luis Carvajal y de la Cueva, que travesó la Sierra Madre Oriental, llegó hasta el mineral zacatecano y de allí exploró para ir a reconocer el valle de Extremadura, donde más tarde se erigiría la ciudad de Monterrey. Tal es la envergadura histórica de Mazapil, en el momento mismo de la génesis histórica del noreste de México.

     Hoy en día encontramos en Mazapil imponentes evidencias de aquél intenso pasado. Y como era habitual en la devoción religiosa judeocristiana el mundo novohispano, el existo de la riqueza mineral se reflejó en la edificación de portentosas edificaciones al culto, en este caso en la iglesia dedicada a San Gregorio Magno, una extraordinaria obra barroca, en cuyas puertas permanece el escudo de Castilla y León, el símbolo de la corona y la nación española; y ya en su interior, una diversidad de obras pictóricas, resaltando en especial la figura de bulto de un dramático Jesús adolorido, una pieza extraordinaria del temprano siglo XVI. Otro elemento relevante, esta vez de la arquitectura civil, es el palacio de los marqueses de Aguayo, una obra en dos niveles, que se ha conservado casi intacto. Pero, lo sorprendente, del palacio, que funciona como museo (muy rústico, por cierto), es que en su interior se conserva el acervo documental de Mazapil, que contiene documentación desde mediados del siglo XVII hasta el siglo XX; material de un valor de enorme trascendencia.

     Y si hacemos un atisbo hacia el presente, hay que señalar que en Mazapil se encuentra la mina de plata, a cielo abierto, más grande del mundo; la razón de su origen y de su permanencia hasta hoy. Se trata de una inmensa oquedad, que labra sus profundidades en un riquísimo sedimento geológico de mineral argentífero (por cierto, se trata de una empresa de origen canadiense, que ha generado muchos conflictos con la población local, pero eso será tema de otra entrega). Es decir, los conquistadores del septentrión novohispano siempre tuvieron la razón en apuntalar sus pasos.