GOMEZ12102020

Hablando de libros con Guillermo Lozano
Eligio Coronado

Monterrey.- 1.- ¿Qué libros has publicado?
R= Hasta ahora, apenitas dos. En 2018 y 2019, tuve la suerte de que la editorial FIDES me publicara la primera y segunda edición de una novela corta («Amateur. Las historias de un diario sin días») y luego, en enero de este año (2020), me publicaron también un poemario: Canción de invierno para habitaciones vacías». Muy en la ruta de tus «Habitaciones», por cierto, mi estimado Eligio.

     Y, bueno, sin contar colaboraciones musicales de antaño que no eran tan mías, ya de otros vuelos, pero en la misma tonada, también entre el 2017 y el 2018, grabamos y difundimos, con la casa editora SECAV, del buen Carlos Liévano, mi primer disco de trova («Trayecto acústico vol.1. Crónicas para el desamor»).

2- ¿De qué tratan tus libros?
R= Van sobre pasión y mucha música; van sobre mucho cachondeo y hasta algo de ternura y humor, sin descuidar la ironía, el sarcasmo, la guasa; las referencias a las influencias, etc. Esa cámara de ecos que vamos armando también para testimoniar y no dejar de lado la denuncia y la crítica; pero más aún, la imaginación en desbandada.

3- ¿Cómo surge la idea de escribirlos?
R= Tanto para la novela y el poemario como para el disco, los recuerdos y las sensaciones vitales fueron y son detonantes. Pero como voy guardando poco a poco inventiva en carpetas temáticas y además procuro referenciar las posibles ubicaciones de los textos, el resultado final son libros que conjugan todos mis tiempos vitales. De modo que, por ejemplo, en el poemario «Canción de invierno… » hay poemas que escribí entre el 2000 y el 2001; quizá antes, y algunos otros que escribí apenas en 2019, meses antes de su publicación.

     Todo esto sin tomar en cuenta el otro gran goce: el que surge directamente de leer a otros autores y reinventar las sensaciones que me despiertan (otro factor clave para la pasión creativa), y sin mencionar el no pocas veces espinoso proceso de selección, que procuro asegurar de accidentes guardando textos en todos lados (jájá!!). Aunque sabemos que esa es una batalla perdida. Los textos nunca se han salvado de perderse, de naufragar y hasta de ser quemados ni con toda la historia de la humanidad, ni con la tecnología más avanzada.

4- ¿Cuáles eran tus objetivos al publicarlos?
R= Reírme, salvar la memoria y reinventar el mundo de múltiples formas; son quizá los más relevantes, por no decir que los únicos. Luego viene el goce de compartirlos. Después de esos dos, habría otros, estamos seguros de eso, pero no me parecen relevantes aunque pueden ser fortuitos; no estamos peleados con eso.

     Bueno, hay otro que, no por mencionar al último, no quiere decir que, al menos para mí, no va entre los primeros y que tiene que ver con compartir: he procurado apoyar algunas ONGs con un porcentaje de lo que gano con mis libros.

5- ¿Se cumplieron los objetivos?
R= No sin cierta ironía y en un orden más íntimo del que te explico en la pregunta anterior, pienso que a veces he obtenido logros que no me proponía, porque leer literatura y exponer cualquier forma de arte es cosa de valientes, y toda valentía conlleva riesgo.

     Además, como alguna vez dijo el maestro de maestros Genaro Saúl Reyes, cada lector interpreta el texto desde su mundo de vida, así que, como escritores, jamás nos salvaremos de que lo escrito sea usado en nuestra contra y de abrir cajitas de pandora que en realidad nos revelan a quién tenemos frente a nosotros.
Pero fuera de quebrar espejos a palabras y sin querer, te puedo decir que sí, que vamos bien hasta ahora. No hay viaje más gozoso que la aventura de la imaginación (y el deseo).

6- ¿Cómo escogiste los títulos?
R= No lo sé muy bien. Una querida amiga, quien además tuve la suerte de que fuera transcriptora de mis textos, dice que soy “bueno para los títulos”, así que confío en su augurio y diáfano espero también ser bueno para los textos.

     Como anécdota humorística, por poco y me desanimaba de titular «Amateur…» a mi primera novela, porque muchos años antes, cuando la escribí allá por el 2003, Molotov sacó una versión de “Amadeus” -del cantante “Falco”-, con ese mismo título.

     Pero luego pensé: Bueno, si los machines de Molo, que la molan chido, no se desanimaron frente a la versión tecno-pop de Falco, y el gran Falco no se desanimó frente a la divinidad de samplear violines de Mozart con sintetizadores para su canción, creo que sí puedo sacar mi roquerísima novela, que, en todo caso, y por afortunado descuido del azar divino, descansará en el cielo o en el infierno junto al espíritu de Mozart, de Falco y de los maestrazos de Molotov.

7- ¿Qué fue lo más importante de publicarlos?
R= Atreverse a seguir siendo una historia, diría más o menos Nietzsche y cantaría Juanes.

8- ¿Qué sentiste al tenerlos en tus manos por primera vez?
R= Íntima y humilde libertad. Gratitud. Una pequeña y feliz victoria. Pero creo que toda la alegre euforia la han sentido más mis padres, mi hermana, y Luz, mi esposa.

     Más que sentir algo al tener los libros frente a mí (porque no suelo abrir ninguno para mí), siento muy, pero muy chido, cuando de casa de mis padres o de casa de mi suegra, nos llaman o nos escriben para darnos la noticia de que llegaron los libros. Es como ir cumpliendo poquito a poco con una misión de vida.

9- ¿Cómo los promocionaste?
R= Además de la incansable labor de distribución que hacen Alex Morales y los cuates de la editorial, el Facebook ha sido clave; pero más aún, les debo infinita gratitud a mi familia y mi esposa; a amigos como tú, Eligio, y a otros tantos y tantos amigos que leen mis libros y los comentan donde sea.

     Menciono por ejemplo el caso de Moisés, un chavo prendidísimo que estudia psicología y leyó algún fragmento de «Amateur…» en pleno salón de clases de su escuela y me mandó la grabación. Ésta, entre muchas otras anécdotas que podría contarte, de cómo es que la mejor difusión sigue siendo la charla entre cuates, la lectura y el comentario sincero.

10- ¿Qué repercusión tuvieron?
R= Pues por fortuna, hasta ahora parece que no han ocurrido suicidios, como le pasó a Goethe con sus «Cuitas…» (no te creas, broma ácida); pero, por mencionarte un ejemplo, la novela de « Amateur», gracias a su chispa juvenil y neo-ondera, se la llevan mucho los chavos en la biblioteca (Capilla Alfonsina) donde laboro.

     Y aunque el poemario «Canción de invierno…» ha postergado su renacimiento debido al impuesto aislamiento que venimos padeciendo, ya he separado el libro para mucha gente. Será cuestión de que -ora sí- con el pretexto, vernos o que se los haga llegar.

11- ¿Anécdotas, experiencias, satisfacciones vividas con tus libros?
R= Nos dimos a la tarea de hacer un pequeño compendio de opiniones para la segunda edición del «Amateur…» que titulamos, con el permiso de los lectores, así: “Opinión lectora”. Y más que opiniones, muchas de ellas resultaron ser anécdotas, como las de un par de amigos a quienes no les gustaba leer, pero la novela los ganchó. O la de una chica que exigió a su potencial novio que, primero, antes de darle el sí, debía leer el «Amateur…» como prueba de amor. Por supuesto que el interés tuvo pies, ojos y tiempo, pues fui testigo de cómo, con absoluta devoción, el chavo iba a la biblioteca cada tarde.

     Por supuesto que la nena le dijo que sí, no sin antes preguntarme en calidad de testigo; pero además de volverse feliz novio de la damisela en cuestión, él fue uno de los más fervientes difusores de la novela entre sus amigos y compañeros de escuela. Fue realmente muy chévere.

12- A la distancia, ¿cómo los juzgas?
R= Tendrían que pasar al menos entre unos 5 y 10 años desde la publicación de los libros y el disco para emitir un juicio a la distancia; pero, en el caso de la novela «Amateur…», ocurre la interesante anécdota de que, aunque no es biográfica, me tardé mucho en publicarla porque no le hallaba un final como el que quería y por el pudor de verme reflejado. Quizá por eso la terminé publicando cuando ya no quedaba casi nada de las sensaciones vivenciales de aquel yo. La escribí entre el 2003 y el 2004, y no la publiqué sino hasta el 2018.

13- ¿Cómo recomendarías tus libros?
R= De la misma manera como recomiendo leer a otros autores: más o menos sondeo como qué quieren leer los usuarios de la biblioteca y en función de eso, hago mis sugerencias; de modo que los muchachos suelen llevarse algún libro mío y otros más, sobre todo en tiempos vacacionales o en fin de semana. Pero eso sí: no suelo ser impositor de lecturas, creo en eso de que el libro te encuentra o no.

14- ¿Qué aconsejarías a los autores que quieren publicar un libro y no saben cómo?
R= Les diría que registren sus textos; que no creyesen en pseudo-mecenas ni en sacerdotisos “iluminados” del tipo de que: “La literatura debe escribirse de ésta manera o que tienes que sufrir lo que yo sufrí, morirte de hambre y de lamer botas en ambigús con tal de publicar en una editorial de prestigio”, y todas esas cosas en las que han caído muchos colegas y que les han hecho volverse unos egocéntricos oportunistas y dejar de ser dignos, aunque logren reconocimiento (la fama, el ego y el estatus son lo de menos).

     Y les diría que, basados siempre en un trato justo, debemos estar abiertos a todas las posibilidades de publicación: que trabajen sus textos con quien les inspire confianza y conocimiento y que busquen -dignamente- becas y premios; pero que lo más importante es que vivan con devoción sus sueños y no sepan de desilusión, a pesar de tanta espina en el camino o de no siempre ganar buen dinero; que amen lo que hacen y que también está la ruta de la independencia, siempre y cuando procuren la mejor calidad para sus escritos.

15- ¿Tienes otros libros en el tintero?
R= Además de un disco de presentaciones radiales que marcó mi inicio como trovador, hay casi listos dos o tres poemarios: una compilación conmemorativa que va sobre literatura regional a lo largo de mis primeros diez años como articulista independiente, y un libro de cuentos. Veremos cuál sale primero.

     Como hasta ahora – y salvo por una beca académica que me otorgaron entre 2008 y 2011– mi camino ha sido la independencia, el siguiente proyecto dependerá de que se venda el poemario “«Canción de invierno…», proyecto que pudiera quedar postergado si resulta que, como le pasó al «Amateur…», logra suficiente demanda como para hacerle otra edición.

     Tengo confianza en que los libros se vendan sin importar el ritmo, ya que todo se alentó con esto de la pandemia, pero no nos ha ido nada mal para empezar, ya que, en promedio, estamos publicando un proyecto nuevo por año.