Monterrey.- 1.- ¿Qué libros has publicado?
R= He publicado, principalmente, libros de ensayos, aunque también podría decir que son libros de crítica literaria, o partes de una autobiografía escrita a partir de las lecturas que me han marcado. Casi todo lo que he escrito tiene que ver con esa experiencia, con el vínculo entre literatura y vida, entre las letras y las historias individuales; y se pueden leer de diversas maneras, incluso como formas peculiares de invención: creaciones a partir de la crítica. (N.del E.: Víctor ha publicado a la fecha 16 libros).
2- ¿De qué tratan tus libros?
R= Tratan de otros escritores, por lo general. Pero también de ciertas experiencias, creo que al final ése ha sido mi propósito: partir de un caso concreto para describir algo más general. Por ejemplo, escribí un libro sobre la formación literaria de Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes y terminé hablando de la amistad literaria. El ensayo suele trabajar así: surge de algo concreto y se dirige hacia lo universal, en ese sentido podríamos decir que es una escritura inductiva, y por lo tanto también es especulativa y ficcional.
3- ¿Cómo surge la idea de escribirlos?
R= Hay diversos detonantes; pero, por lo común, suele ser la lectura: leer literatura es un gran estimulante para pergeñar páginas. No es el único, sin embargo. También pueden serlo las conversaciones, las amistades, los viajes y la soledad. Al principio es sólo el atisbo de algo, más una sensación que una idea, ésta llega después, cuando comienzan a aterrizar frases y posibles caminos. Posteriormente, viene la escritura que implica cambiarlo todo: las primeras sensaciones e ideas se van transformando, muchas veces se modifican de manera contundente y radical. Es un proceso, y como tal, hay una gran distancia entre el principio y el final. Esa idea primigenia suele convertirse en otra cosa. Y eso es lo fascinante de la escritura, su condición performativa. No es una herramienta (o un vehículo), sino un fin en sí misma.
4- ¿Cuáles eran tus objetivos al publicarlos?
R= Por lo común, no tengo un objetivo claro al comenzar. Supongo que busco tratar de decir algo sobre algún tema: no decir “algo nuevo”, sino postular alguna variante, una posible vuelta de tuerca. Esto, claro, no siempre se logra. Pero es el intento lo que vale, creo yo. Me considero una persona racional, pero mi trabajo dista mucho de ser razonable. Lo azaroso es una constante en mi escritura.
5- ¿Se cumplieron los objetivos?
R= En algunas ocasiones sí; en otras, el resultado ha sido totalmente diferente e incluso mejor al esperado. La verdad: una vez que termino de escribir un libro no me preocupo mucho de su destino, tal vez porque el vínculo se rompe de manera significativa: los libros siempre quedan por su cuenta y los autores poco pueden decir sobre ellos después de que se han publicado, pues terminan convirtiéndose en un lector más de los mismos.
6- ¿Cómo escogiste los títulos?
R= Suelo elegir el título cuando me encuentro ya inmerso en la escritura del libro. Al principio sólo tengo una idea vaga de cómo podría llamarse, es una noción que se ciñe más a lo “específico”: al tema de fondo. Luego, de pronto, aparece el título casi como una forma de revelación, porque surge de improvisto (aunque tras largas jornadas de estar inmerso en el trabajo). Entonces, no le doy más vueltas al asunto: lo apunto y queda listo.
7- ¿Qué fue lo más importante de publicarlos?
R= Publicar libros es algo misterioso: ejercicio y convergencia de voluntades que va mucho más allá del trabajo solitario de la escritura. La publicación implica un proceso de relaciones entre varios agentes e instituciones. Si se trata de una editorial pública o universitaria, hay que añadir también una buena dosis de burocracia. El tiempo se puede alargar entre la entrega del manuscrito y la salida del libro de la imprenta. En ese sentido, lo más importante puede ser el hecho de culminar un proceso que comenzó como un chispazo, una vaga idea que poco a poco se fue concretando.
8- ¿Qué sentiste al tenerlos en tus manos por primera vez?
R= Alegría, por supuesto. Sin embargo, suele ser una sensación pasajera. Como mencioné más arriba, una vez que el libro sale de la imprenta, ya no me ocupo mucho de él, salvo lo indispensable para promocionarlo. Pero esto también es un acto simbólico, como una suerte de bautizo. Cumplir con las formalidades y dar vuelta a la página.
9- ¿Cómo los promocionaste?
R= A través de presentaciones, entrevistas y toda esa parafernalia que, en rigor, sirve sólo para darlo a conocer; el resto, lo importante, vendrá después: que sea leído. Hay mucha distancia entre adquirir un libro y leerlo. Y en esa “segunda parte” el autor ya no tiene mucho que ver.
10- ¿Qué repercusión tuvieron?
R= Han tenido diversos tipos de repercusiones. A veces inmediata; otras, retardada. De pronto me encuentro con alguna reseña de un libro que escribí hace años. No hay un solo tipo de temporalidad en estos menesteres. Los libros van encontrando a sus lectores sin prisas ni apuros, sin forzar relaciones. Y eso es lo maravillosos del asunto. Nunca me ha interesado tener muchos lectores; por fortuna he tenido lectores que se han convertido en interlocutores, y eso es más de lo que pueda pedir.
11- ¿Anécdotas, experiencias, satisfacciones vividas con tus libros?
R= Hay muchas, pero supongo que una sensación especial es verlos en bibliotecas públicas o, incluso, en las librerías de viejo. Uno puede pensar que llegan ahí porque han sido “abandonados” o vendidos por sus dueños, y puede ser cierto; pero, en realidad, siguen buscando lectores. Yo me formé como lector (y me sigo formando) en las librerías de viejo y en las bibliotecas públicas, con libros que habían sido de alguien más. Me gustaría creer que así podría pasar con mis libros, que podían viajar de mano en mano hasta dar con el lector adecuado.
12- A la distancia, ¿cómo los juzgas?
R= Como capítulos de una biografía, fragmentos desordenados de una vida también desordenada pero dedicada a la lectura (tal vez la única constante en mi existencia). También, por supuesto, se pueden leer de manera individual, como un todo. No tengo mucho que decir sobre ellos en el presente, lo que dije o traté de decir está en sus páginas. Lo que sí puedo hacer es evocar el momento en que los escribí y las circunstancias que los rodearon.
13- ¿Cómo recomendarías tus libros?
R= Me cuesta trabajo recomendarlos, como me cuesta trabajo también hacerme promoción. Supongo que si alguien tiene interés los encontrará de alguna manera. Buscar libros es una aventura fascinante.
14- ¿Qué aconsejarías a los autores que quieren publicar un libro y no saben cómo?
R= La publicación es el paso final; yo recomendaría, antes que nada, el trabajo arduo y autocrítico en la propia edición. Me explico: una vez que se termina el primer borrador, hay que cambiar de rol y pasar de creador a crítico y editor: borrar, corregir, añadir. Es un proceso intenso, pero muy satisfactorio, al menos yo lo disfruto mucho. Una vez concluido, ahora sí pensar en la publicación. Aquí hay que tener paciencia y templanza; podrán venir rechazos, dilaciones, y todo tipo de obstáculos. Pero hay que sortearlos. Enviar el manuscrito a diferentes tipos de editoriales, y también a concursos. Todo puede ayudar. Pero no hay una fórmula fija.
15- ¿Tienes otros libros en el tintero?
R= Sí, en unos meses saldrán dos. Al menos eso espero. Uno sobre las «Memorias» de Nemesio García Naranjo, que en rigor es un ensayo sobre la legislación literaria (sobre la manera en que se reglamentan y censuran los gustos y comportamientos en el campo literario); el otro son ensayos sobre la etapa madrileña de Alfonso Reyes, las más creativa en cuanto a la escritura ensayística de este escritor regiomontano.