Puebla.- Hace unos días un periodista de televisión presentaba, con ánimo crítico, y hasta con cierto horror, casos de políticos que tenían seis, nueve y hasta 12 años en cargos legislativos, y todavía pensaban reelegirse. En esos mismos días un periodista de una radiodifusora nacional comentó, orgulloso y emocionado, que cumplía 15 en esa empresa. Nadie lo criticó: lo felicitaron y hasta le tocaron Las Mañanitas.
Llama la atención el contraste. En la labor legislativa es criticable la experiencia en el cargo; en casi todo lo demás es loable. Es una idea muy difundida en nuestro país.
Sospecho que la mayoría de los mexicanos no sabe cuándo se estableció la no reelección inmediata de diputados, senadores y miembros de cabildo. Sospecho que la mayoría cree que era parte del lema maderista en 1910.
Pero no es el caso. La prohibición de reelegirse en esos cargos no la planteó Madero, ni ningún otro revolucionario: se estableció hasta 1933.
Supongo también que la mayoría de los mexicanos no saben en cuántos países democráticos existe la no reelección. Hasta dónde tengo datos, solo en dos: Costa Rica y Filipinas. Todas las demás democracias consolidadas ven la reelección como algo normal y positivo.
Desde fines del siglo pasado se ha planteado considerar la reelección en algunos cargos (no en la presidencia, ni en las gubernaturas). Reproduzco los cuatro argumentos que planteó Alonso Lujambio en el 2000:
Primero: la reelección profesionalizaría a los legisladores. Nadie adquiere profesionalismo en 3 años. Esto, que es obvio para casi todas las actividades profesionales (periodismo, academia, medicina), etcétera, no lo vemos obvio para la actividad legislativa.
Segundo: permitirían que los ciudadanos llamaran a cuentas a sus representantes. Hay políticos impresentables: si trataran de reelegirse, los más probable es que los ciudadanos los rechacen.
Tercero: capacidad para negociar compromisos de mediano y largo plazo. La política es negociación. Pero si la perspectiva del político es máximo de tres años, las negociaciones posibles son muy limitadas.
Cuarto: productividad legislativa. Es frecuente que legisladores y miembros del cabildo dediquen parte de su tiempo al final de su cargo para buscar su próxima chamba, descuidando sus actividades.
Estos cuatro argumentos no plantean que la reelección sea una panacea, por dos razones. Primero porque las panaceas no existen. Segundo, porque hay otras variables y realidades que complican el asunto.
Pero sí inclinan la balanza, hasta donde alcanzo a ver, a favor de la reelección inmediata.