Puebla.- Agradezco las recientes palabras de Marx Arriaga, que me permiten hablar de mi placer como lector. Recupero la definición que da el diccionario de placer: “goce, disfrute espiritual”.
Quizá lo que más me ha impactado de lo que he leído es el famoso pasaje de Los miserables de Víctor Hugo, en el que el protagonista, Jean Valjean, roba la plata de un sacerdote. La policía detiene al ladrón y lo lleva con el dueño de los bienes, para devolverlos. El clérigo reacciona de manera curiosa: miente, dice que no hubo robo, que él le regaló a plata al presunto.
Esa mentira le cambia la vida a Valjean, y lo convierte en un hombre de bien. ¿Qué hay de “goce”, de “disfrute espiritual” en esta anécdota literaria? Una especie de placer ético: un hombre que viola el séptimo mandamiento de su religión, que comete pecado, cambia la vida de otro. No solo lo libra de la cárcel, sino de su anterior vida de delincuencia.
Este “placer ético” es resultado de constatar que hay personas que pueden hacer el bien, que están por encima de las reglas rígidas, que tienen la capacidad de cambiar las cosas. En este caso, de cambiar el rumbo de una vida.
En otro ámbito muy distinto, y aprovechando que estamos en los 500 años de la caída de Tenochtitlan y en los 100 de la muerte de Ramón López Velarde, rescato el placer que producen alguno de sus versos. Los que se refieren a Cuauhtémoc. Algunos bien conocidos: “joven abuelo”. ¿Qué clase de gozo hay en estas dos palabras juntas, y en referirlas al último emperador azteca?
Otro, también lugar común: “Único héroe a la altura del arte”. ¿Se puede decir algo mejor de un héroe? ¿Por qué Cuauhtémoc es único en esto?
Menos conocido, pero más profundo: “el sollozar de tus mitologías”. ¿Hay alguna forma más dramática de expresar la muerte de una civilización?
Placeres éticos, estéticos, históricos, valiosos en sí mismos, pero que mueven a la reflexión, que exigen profundizar en distintos aspectos de la vida. Lo que no me queda claro es qué tienen que ver con el capitalismo.
* Profesor de la UDLAP