Monterrey.- En la escuela básica persiste una deficiente educación científica y la falta de proyectos capaces de frenar el avance de la pseudociencia entre la población. Si bien es cierto que la ciencia ha alcanzado un gran nivel de desarrollo, contradictoriamente, no se han generado las condiciones que permitan que sus beneficios lleguen a toda la humanidad debido a la propiedad que se adjudican los hacedores de la misma o quienes financian a sus hacedores.
Es increíble cómo a Carl Sagan, uno de los principales divulgadores de la ciencia y del pensamiento científico, se le negó el ingreso a la Academia de Ciencias de Estados Unidos a pesar de que tenía más de cien artículos científicos publicados en revistas arbitradas así como publicaciones importantes en astronomía, uno de los más bellos trabajos de este eminente científico y divulgador de la ciencia es la serie Cosmos. A pesar de todo, para los arrogantes y elitistas miembros de la Academia de Ciencias, era indecoroso para sus miembros, ser un divulgador.
Es preocupante el avance de las pseudociencias en la sociedad. Resulta increíble que en tiempos en los que la ciencia ha abierto nuevos canales para conocer la realidad, nuevas formas de desentrañar los secretos del universo, estos secretos, el beneficio que aporta este conocimiento y lo que se puede construir con él, permanece oculto para casi la totalidad de la población mundial, manteniéndola en un analfabetismo científico y lo que es peor, a merced de “brujos”, charlatanes y explotadores. Sam Pitroda, fundador de las telecomunicaciones en la India decía: El problema es que tenemos una mentalidad del siglo diecinueve, realizamos procesos del siglo veinte y enfrentamos necesidades del siglo veintiuno”.
Desde la escuela se deben formar seres humanos con actitudes de búsqueda e indagación, con habilidades y destrezas para buscar y procesar información que les permitan conocer cómo funciona el mundo. El profesor de ciencias del siglo veintiuno debe tener la capacidad de realizar transposiciones didácticas, es decir, deberá conocer los principios fundamentales de la ciencia, pero, a la vez, poseer la formación pedagógica para acercar el conocimiento científico al joven estudiante.
Enseñar ciencia básica tal como hasta ahora se ha hecho, privilegiando la memorización, enseñando conocimientos teóricos descontextualizados sin desarrollar mecanismos de comprensión. Enseñar “recetas” para el trabajo experimental, soslayando actitudes de búsqueda y habilidades para la indagación, condenará a la humanidad a su destrucción, ya que la avaricia de los detentadores del conocimiento mantendrá la docilidad, la creencia en la brujería y en la magia. Y lo que es más preocupante: mantendrá el control del mundo y de la vida en unas pocas manos, aumentando la brecha entre ricos y pobres.