Monterrey.- A primera hora, todas las mañanas, Andrés Manuel López Obrador pontifica desde Palacio Nacional. Ofrece a los medios de comunicación un recuento de las actividades. Del estado de la nación. Lo hace de forma pausada. En eso se parece al Papa Francisco. En la meditación de cada uno de los enunciados.
Luego da espacio para preguntas. Entre el fuego cruzado, las líneas ideológicas de las mesas de redacción muestran los encargos. Andrés es el responsable de la situación nacional. Solo a él se le cobran los desastres de los 32 estados. Debe responder por Tabasco, Oaxaca, Veracruz, Nuevo León, la CDM, entre todos.
La pandemia del COVID-19 puso en evidencia la ruina financiera y las malas administraciones de los alcaldes y gobernadores. Nuestra CONAGO insiste en socializar las perdidas. Cargarlas al gobierno federal. A los contribuyentes. El desacuerdo nace de las supuestas aportaciones y las devoluciones en programas.
La CONAGO acusa al Presidente López Obrador y a la mayoría del Congreso de apropiarse de los recursos financieros. Tiene razón la CONAGO. Andrés Manuel ha roto la dinámica de enviar a fondo perdido los apoyos adicionales. Cuando muchos legisladores federales ofrecían bolsas millonarias para proyectos urgentes.
De facturación alta y desvío discreto a cuentas en paraísos fiscales. La CONAGO seguirá presionando. Enlodando a la opinión pública. Distrayendo alegremente a sus ciudadanos.