Monterrey.- Los crímenes perfectos si existen, digo, sin solución. La causa de que no sean resueltos siempre estará bajo sospecha, en México hay miles. De eso trata esta obra de teatro basada en un hecho real: el brutal asesinato de una chica que soñó con ser estrella de Hollywood y cuyo cadáver fue encontrado el 15 de enero de 1947 en un terreno baldío por la señora Betty Bersinger quien caminaba con su hija de tres años hacia un pequeño taller de reparación de calzado cuando la niña divisó entre los matorrales y la basura de un terreno baldío una especie de maniquí blanco partido en dos. Al acercarse vieron que se trataba del cuerpo de una mujer joven, partido en pedazos, con el rostro totalmente destrozado.
Los policías encontraron además que tenía cortadas las comisuras de sus labios lo que le daba parecido a un grotesco payaso loco. Sus pechos habían sido lacerados y mostraban múltiples quemaduras de cigarrillos. Su cuerpo estaba profusamente mutilado, desangrado y sin vísceras, mostraba señales de haber sido atada con cuerdas y torturada al menos durante unos tres días en estado consciente. El cadáver estaba bañado, se le había teñido el cabello de color rojizo; tenía arregladas las uñas de manos y pies; le habían quitado un trozo de carne de un muslo y le había sido introducido en la vagina; había sido sodomizada y sometida a todo tipo de abusos sexuales.
El gobierno prohibió que los periódicos publicaran las fotos de la joven a quien la policía identificó como Elizabeth Short (en la foto), una chica de 22 años de edad, cabello oscuro, ojos azules y estatura alta.
La noticia todavía no era liberada por la policía cuando los reporteros del periódico Los Ángeles Examiner con muy poca ética, para conseguir información telefonearon a la madre de Elizabeth, a Cambridge, Massachusetts, y le dijeron que su hija había ganado un concurso de belleza. Así obtuvieron numerosos datos sobre la vida de la muchacha y se dedicaron a difamarla y degradarla dejando el tema del asesino en un lugar secundario.
Elizabteh había nacido el 29 de julio de 1924. Su padre, se había quedado sin dinero en el crack del 29, intentó suicidarse, luego abandonó el hogar dejando a su esposa y a sus cinco hijas en total desamparo. Elizabeth soñaba con ser actriz de Hollywood, viajó a California, sólo para encontrar licor, prostitución, drogas, cine pornográfico y muerte.
Siempre vestía de negro. La prensa, tras su asesinato, la bautizó como “La Dalia Negra”, emulando el título de una película del género Noir (negro) estrenada por aquél entonces, titulada “La Dalia Azul.”
La policía destinó inicialmente más de doscientos cincuenta oficiales que realizaron entrevistas puerta a puerta sin resultados que les permitieran encontrar al asesino o asesinos. Abundaron las pistas falsas, confesiones increíbles, llamadas anónimas; se investigó a todo mundo: a la mujer que encontró el cadáver, a los empleados de un hotel de paso donde se la había visto entrar o salir algunas noches, a un comerciante de 25 años apodado “Red” Manley, al propio padre de Elizabeth.
Un astrólogo prometió proporcionar el nombre del asesino… un iridiólogo pidió que tomasen imágenes del globo ocular derecho de la víctima, pues éste podría haber “fotografiado” al asesino. Alrededor de 60 hombres y otras tantas mujeres confesaron ser los autores del crimen. Entre los cientos de sospechosos estuvo el famoso actor Orson Wells y el gánster Bugsy Siegel, creador de Las Vegas e implicado en múltiples asesinatos a lo largo de su vida.
El asesinato de Elizabeth Short, ocurrido en el país donde sus series policiacas no dejan ningún criminal sin castigo... sigue sin resolverse. Si usted vio la obra teatral en el 2016 en el Teatro de la Ciudad (Monterrey) seguramente planteará su propia hipótesis sobre quién o quiénes fueron los asesinos. Yo terminé sospechando de un gordo que está sentado en la butaca delantera y no dejaba de mover los pies.