RODRIGUEZ29112024

La democracia, el mejor método de control
Filiberto Pinelo Sansores

Mérida.- La derecha no cambia; sigue con su viejo estilo de mentir; no le hacen mella las lecciones que le da la vida. Sus representantes siguen repitiendo mentiras que, de tan obvias, quedan, de inmediato, al descubierto. Parafraseando un viejo refrán, es “el único animal que se tropieza siempre con la misma piedra”. La que la llevó al suelo la última vez que ejerció el único oficio que practica, es la misma con que se sigue tropezando y, por lo visto, con la que lo seguirá haciendo, al parecer, por siempre.

Fue lo que le pasó hace poco. Durante los seis años del sexenio de López Obrador sus agentes estuvieron, todos los días, propalando información falsa sobre todo lo que su gobierno hacía, o intentando manchar su honor, denigrando a los integrantes de su equipo o difamando a miembros de su familia. Creían que el pueblo se tragaría las mentiras porque piensan que el pueblo es tonto. Llegó la campaña y arreció la andanada. Las falsedades eran amplificadas por poderosos medios de información a su servicio. Tejieron una narrativa de falsedades que tenían como fin garantizar que el pueblo se volcara a las urnas y echara a los guindas del poder.

Sucedió lo contrario. Por primera vez en 42 años, el pueblo votó masivamente –sin necesidad de acarreos, como en su tiempo hacían PRI y PAN– por la opción que gobernaba. El pueblo, juez único en cualquier contienda democrática decidió que eran tan falsas las afirmaciones que se iban al suelo por su propio peso y decidió con su voto poner a cada quien en su lugar. Esto explica por qué la votación que obtuvo la opción gobernante fue de tal modo apabullante que sus niveles de representación en ambas cámaras fueron mucho mayores que los que obtuvo seis años antes y la opción mentirosa quedó reducida a su ínfima expresión.

Pero sigue actuando igual. Ahora sus personeros están usando las mentiras para tratar de conservar bastiones de poder, dentro de la estructura del estado, que les permiten operar, desde fuera, en favor de los intereses que servían cuando eran gobierno y sirven aún. En su tiempo los usaron para simular que estaban acotados. Hoy, se desgarran las vestiduras porque el régimen que los expulsó está a punto de liquidar a sus llamados órganos autónomos que los ayudaban a conservar el viejo orden.

¿Qué hacían los órganos autónomos que fueron creados dizque para luchar contra la corrupción o los monopolios durante los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto y qué han hecho en los dos gobiernos de la Cuarta Transformación? ¿Cuánto cuestan al pueblo y al servicio de quiénes han estado y están? ¿Hubo transparencia y rendición de cuentas durante esos tres gobiernos a pesar de la existencia de esos órganos? Dice un dicho: Por sus frutos los conoceréis. Y los frutos de esos órganos son nulos porque fueron creados para simular y proteger intereses contrarios al pueblo y ayudar a los gobiernos en turno a realizar su cometido de saquear las arcas y entregar bienes públicos a intereses contrarios a los del pueblo y la nación.

Es falso que sean contrapeso al gobierno y a favor de la sociedad, son contrapesos a favor de intereses ajenos a esta y favorables a sectores de privilegiados. ¿Acaso no crecieron los monopolios durante su funcionamiento? ¿Acaso no han estado al servicio de estos monopolios cuando han impedido al gobierno actual dar servicios de Internet al pueblo? ¿O cuando han impedido que la CFE use sus hidroeléctricas para dar preferencia a grandes empresas privadas en la producción de energía eléctrica? O, ¿mejoró la vida de la sociedad con la existencia de estos órganos? Si la respuesta fuera sí, no hubiera tenido el pueblo que cambiar de régimen y seguirían gobernando los mismos que se fueron echados por aquel.

Las funciones de estas entidades son sumamente costosas porque fueron creadas, también, para dar ubicación a amigos del régimen en buen número y bien pagados. Por ejemplo, en el INAI, los sueldos de los comisionados en 2023 ascendieron a 156,085.96 pesos mensuales por cada uno. Pero tienen además otras “prestaciones” que ellos mismos se asignan. Una revisión hecha por la Auditoría Superior de la Federación descubrió que algunos de los comisionados usaban tarjetas de American Express con las que pagaban cuentas por consumo en antros de table dance.

Ningún beneficio le ha traído a México la existencia de estos organismos y sí, por el contrario, le han representado erogaciones innecesarias que podrían servir para aumentar las inversiones sociales a favor del pueblo. Sus funciones pueden ser desempeñadas muy bien por dependencias del propio gobierno pues como dice la presidenta Claudia Sheinbaum “la transparencia es una de las obligaciones sustantivas de los gobiernos, lo mismo que la rendición de cuentas y la protección de datos personales”.

La mejor transparencia es la que se expresa cuando quienes gobiernan dan la cara a la sociedad y, como hiciera AMLO y hace ahora Claudia, se enfrentan todos los días a los medios de comunicación y responden todas las preguntas que estos les hacen sobre la actuación de funcionarios, cuerpos policiacos, empleados de sus gobiernos, etc. El pueblo puede enterarse de todos los asuntos del país sin limitación y, por los cuestionamientos de los periodistas y los reporteros, saber si le están mintiendo.

Y puede, como hizo en 2018 y en 2024, castigar con su voto a quienes considera corruptos y reconocer a quienes, a pesar de las campañas de descalificaciones en su contra, le son leales. El pueblo es el verdadero contrapeso del poder. Y tiene las herramientas para ejercer esta función. Está a su disposición en la Carta Magna el artículo 35 que le reconoce su derecho a revocar a mitad de sexenio el mandato de quien le falló.

Salen sobrando, en consecuencia, órganos a los que no ha nombrado y que, además, le salen muy caro, para que lo representen. La democracia participativa es la única vía que puede garantizarle al pueblo el ejercicio de su voluntad.