Monterrey.- El coronavirus evidenció que no habíamos capacitado a los profesores para enseñar en línea y a distancia pues es una realidad que para la mayoría de los docentes, impartir clases en línea ha sido todo un problema.
Los modestos resultados que se vislumbran al cierre del ciclo escolar 2020-2021 se deben al esfuerzo y al profesionalismo de los docentes, quienes, pese a limitaciones de todo tipo han sacado adelante a algunos de sus alumnos.
Ante la falta de un programa de capacitación oficial, la ausencia de una plataforma de gestión del conocimiento que responda a los intereses de la escuela pública, los profesores son continuamente bombardeados con ofertas de empresas particulares cuyo fin es económico. Es lamentable el abandono en que se ha tenido al docente, en lo que va de la pandemia. Como diría Marx: El maestro es un trabajador al que se le ordena trabajar sin dotarlos de las herramientas de trabajo.
La enseñanza en línea difiere de la presencial. Antes del coronavirus propusimos programas de capacitación docente que combinara actividades presenciales y en línea, rescatando para ello, las experiencias y los resultados de EFIT (Enseñanza de la Física con Tecnología), EMAT (Enseñanza de las Matemáticas con Tecnología), ECIT (Enseñanza de la Ciencia con Tecnología), Sec 21 (Secundarias Siglo Veintiuno), Comunidades Digitales, incluso los malogrados ENCICLOMEDIA y Habilidades Digitales para Todos (HDT). Sin embargo, la experiencia y los resultados de la investigación de los anteriores proyectos piloto se dejaron de lado y las consecuencias las estamos sufriendo el día de hoy pues la tecnología no espera y la pedagogía se ha quedado atrás.
Los anteriores proyectos nos enseñaron que las actividades en línea ofrecen una riqueza de matices que se deben aprovechar, algunas se pueden realizar en forma sincrónica, otras asincrónicas.
regresar a clases presenciales, que esperamos sea pronto, es urgente llevar a cabo una evaluación de lo realizado y lo no realizado, que sirva de plataforma para una planeación integral que involucre aspectos soslayados hasta el momento como equipamiento tecnológico, diseño de materiales didácticos sustentados en la investigación y que apuntalen la enseñanza con tecnología. El profesor está harto de propuestas inoperantes que sólo se elaboran en “mentes iluminadas” fuera de la realidad.
El docente necesita mucho apoyo disciplinar, pedagógico, psicológico y económico.
Es urgente, también, una evaluación de las actividades del personal administrativo de la Secretaría de Educación de Nuevo León, porque me parece que ahí hay mucha gente que está de sobra.