Monterrey.- Las páginas dedicadas a la filosofía y su historia son incalculables, destaca en ellas la pasión por conocimiento, así como la invitación a la actividad de pensar como una actividad que define la libertad y nuestra pasión por el conocimiento. La filosofía es la construcción de un edificio que se llena de palabras, razonamientos, conceptos y definiciones tan grande como la historia de occidente. Hoy nos preguntamos si la filosofía debe seguir siendo una profesión o bien será una especie de conocimiento esotérico interesante pero que no debería rebasar el ámbito de las cafeterías y las bibliotecas. Penoso trato el que se le dispensa en los presupuestos educativos; no encontramos apoyo a las materias de filosofía en las escuelas primarias, secundaria y preparatoria, y sí existen no se asignan en la mayoría de los casos, profesores/as especializados en la materia. La filosofía como asignatura o bien como actividad pensante no destaca entre los niños y adolescentes, así como también la falta de un apoyo decidido a otras disciplinas igualmente necesarias como la matemática, la educación física o el civismo. Una civilización destacará por el desarrollo de las capacidades de sus individuos, así como su capacidad para plantear interrogantes que expandan, tal como dice Gunther Anders 1, nuestra consciencia. Esto último significa ser conscientes de nuestras limitaciones y el reconocimiento de las limitaciones de nuestro mundo humano, siendo así estamos listos para crear caminos y propuestas que avancen en nuestro conocimiento. La filosofía tiene como base la pregunta, la exigencia de explicación como una prerrogativa de libertad. Hoy en día es más necesaria que nunca frente a la multitud de agentes que se proclaman como salvadores y nos ofrecen no el ejercicio del pensamiento y la libertad sino el medicamento inmediato, las palabras confortables basadas en experiencias personales. La literatura motivacional, la religión o bien la misma psicología pueden ser alternativas válidas para la persona que busca un alivio o un referente para su circunstancia o crisis, sin embargo, y así lo subrayan los autores de filosofía, se trata de incorporarse a un diálogo abierto al infinito, mismo que se ha construido en una tradición milenaria. ¿La filosofía no ayuda a la persona en su malestar o angustia? Claro que sí, y ahí tenemos a Epicteto por ejemplo que con sus “Disertaciones” libro interesante y práctico nos puede ofrecer consejos para aliviar nuestra tristeza y confusión. Más allá de la utilidad que la filosofía nos puede aportar, es necesario pensar en su valor como actividad humana reflexiva y critica de nuestro entorno que se encuentra amenazada por la excesiva banalidad de la sociedad de consumo, así como de los grupos de poder que la utilizan como arma de poder para su beneficio o el beneficio de personas que se erigen como guardianes exclusivos del saber filosófico. La filosofía, bien decía Gilles Deleuze, no tiene patria de origen sino ciudadanos del pensamiento, los cuales están en cualquier lugar donde se pueda hacer filosofía; defendamos esta prerrogativa de la filosofía y defendamos su lugar como la profesión del ser humano.
1 Recomiendo en especial: “El piloto que lanzó la bomba sobre Hiroshima”