y comprometer nuestro bienestar.
Journal of Social Issues, (2019)
Monterrey.- La NEM es una propuesta del actual gobierno, creada en 2019, que busca transformar el sistema educativo nacional mexicano para ofrecer una educación de calidad, inclusiva y ecuánime; en la que, centrada en el alumno, el maestro juegue un papel fundamental y, bajo procedimienos eficaces, involucre a la sociedad como partícipe en la formación integral de las y los escolares en la mejora de la vida comunitaria.
La puesta en práctica de un sistema educativo, ha sido la base de toda organización social capaz de evolucionar a favor del bienestar humano. Para formar un criterio acerca de la naturaleza de la NEM es oportuno, como ejemplo, remontarnos a las bases establecidas en el proceso de colonización americano.
Seguramente, acatando al histórico aforismo de “gobernar para poblar” las Américas, debió incorporase otro que dijera, “si, pero poblar es educar”; y considerar que la acción emprendida por el mundo europeo para extenderse hacia América a partir del S. XVI, debió fincarse en los principios marcados por una conciliación cultural, dando prioridad a la educación como el mejor medio para agilizar la integración de los pueblos, en lugar de tener como fondo la colonización, un calificativo derivado de la desmedida ambición material que privó en el espíritu de los conquistadores.
Persiste la opinión de que, en realidad, la educación mexicana ha evolucionado sin poder abandonar, por lo general, los rasgos de la estructura colonial que marcaron su historia. Pero en esa visión de nuestro pasado didáctico casi no se cuenta con la gran influencia del movimiento liberal laicista surgido a escasos dos lustros de la consumación de la Independencia de México. Un proceso que el conservadurismo contuvo, pero renació con notable vigor en la época de la Reforma. Fue la dictadura porfirista la perpetuadora del rezago educativo que apenas empezó a superarse en la víspera del fin de la Revolución Mexicana, una vez pasadas dos primeras décadas del siglo XX.
A partir de entonces, y a lo largo de dos tercios de siglo, la escuela mexicana fue prosperando hasta consolidar una tradición educativa inspirada en el método unidireccional del liberalismo europeo vigente en el siglo XIX, consistente en la transmisión de conocimientos normalizados a través de un cuerpo magisterial vinculado al poder; una estructura que resultó compatible con el pragmatismo educativo implícito en el Neoliberalismo, el cual arribó como modelo del sistema social al iniciarse la década de 1980.
En el Neoliberalismo, visto en perspectiva, se dan señales claras de su trascendencia en todos los ámbitos de la vida humana. Actualmente la educación, como el medio más eficaz, se está utilizando para integrar una sociedad mundial caracterizada por categorías simples y uniformes. Como un indicador significativo está el caso de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que inició, a fines del siglo pasado, acciones tendientes hacia la homologación educativa a nivel general, lo cual implica establecer el pensamiento único para todos sus países miembros donde, además, predomina el conocimiento material sobre la visión humanista contemporánea.
En la NEM están implícitos los principios, de ética y solidaridad, contenidos en un modelo educativo orientado hacia el pensamiento crítico, como la más legítima esencia para crear el conocimiento necesario en una la sociedad agobiada en su bienestar por el Neoliberalismo.
En contraste con la escuela tradicional mexicana, limitada a la conducción de ideas, la NEM considera la posibilidad de crear conocimiento en el proceso de enseñanza aprendizaje, “al transformar las aulas en unidades pensadoras”, a partir de profesores provistos con mentalidad crítica, involucrando a la sociedad como destinataria de los beneficios del saber científico.
Quienes se oponen a la NEM argumentan en contra de su forma, no van al fondo; los medios, no el fin. Nadie podrá negar que la estructura del nuevo modelo educativo es acorde con el sentido real, enseñado por la historia del saber, en la incursión hacia el conocimiento científico, actual y futuro. La ciencia surgió a partir de los interrogantes planteados ante una realidad, que llevaron al hombre a la abstracción para aproximarse a la respuesta, y no al revés.