Mérida.- En nuestro país sigue avanzando el proceso de recuperación del ejercicio pleno de su soberanía. Esto quiere decir que, cada vez más, el pueblo tiene mayor injerencia en las decisiones que toman quienes gobiernan y, al mismo tiempo, estos se identifican, en mayor medida, con las necesidades de aquel. Si cuando AMLO, inició la lucha por llevar al pueblo al poder, el avance fue impetuoso, ahora, con la acumulación de fuerzas en favor del cambio y el aumento de la conciencia ciudadana, es más enérgico.
En la primera parte del proceso transformador no pudieron hacerse todos los cambios legales y constitucionales que hacían falta para poner en marcha la nueva forma de gobernar en favor de las grandes mayorías pues la estructura jurídica del país, como una intrincada telaraña tejida por los políticos ladrones y tramposos que antes dominaron -para protegerse los unos a los otros- era un obstáculo difícil de superar. Ante esto, la derecha se sentía feliz. Pensaba que hasta ahí había llegado el potencial transformador.
Pero, ¡oh, sorpresa!, vino la segunda parte del proceso y, no obstante la tremenda movilización de todas las fuerzas añorantes del pasado, integradas por políticos corruptos, comentócratas estrellas de la radio y la televisión, editorialistas maiceados, cadenas de periódicos que dejaron de recibir “embutes” del gobierno, organismos que se decían representantes de la sociedad civil pero financiados desde el extranjero, y otras, el 2 de junio, las fuerzas de la izquierda las vencieron de manera apabullante, de tal forma, que quedaron reducidas a su mínima expresión.
Al terminar la contienda sólo les quedaron 8 gubernaturas de 32 que tiene el país; menos de un tercio de los legisladores en cada cámara del Congreso de la Unión -por lo que no pueden ganar, en ninguna de ellas, una sola votación-; son minoría en congresos estatales de 27 entidades y, aparejado a esto, quedó preparado el escenario para el proceso que los llevará a perder su último bastión: el Poder Judicial de la federación, que, actualmente, da sus últimas patadas de ahogado. Si continuaran por la misma senda su presencia quedará reducida en la escena nacional a ser sólo testimonial.
Sin embargo, no parecen dispuestos a corregir el rumbo. Ejemplo es que mientras la inmensa mayoría de los mexicanos expresaba su apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum en la defensa que está haciendo del país frente a los embates del orate de la Casa Blanca, los líderes del PAN y el PRI, mezquinamente, le regateaban su apoyo, poniéndose así de parte del enemigo del país. Esto lo hicieron en la cámara de diputados del Congreso de la Unión, donde se planteó hacer un frente de todas las fuerzas políticas representadas en él para apoyar a quien por mandato constitucional encabeza la lucha.
Usando pretextos burdos para no solidarizarse con la postura mayoritaria de México que es hacer un solo frente contra la agresión de Donald Trump, cuya embestida es no sólo contra los mexicanos que radican en Estados Unidos sino contra nuestro país como nación, se negaron a firmar un acuerdo de todas las fuerzas políticas representadas en ella para respaldar a quien enarbola la bandera de México en la lucha por defendernos.
La vice coordinadora de los diputados del PRI en la Cámara de Diputados, Xitlalic Ceja García, tomó la palabra por órdenes de su jefe, el corruptísimo Alito Moreno no sólo para negar el apoyo de su bancada al acuerdo que se propuso sino para decir que tenía razón el gobierno de Trump en su agresión contra México pues echó la culpa al gobierno de este de la agresión que está llevando a cabo con sus medidas lesivas la potencia del Norte.
“El actuar criminal de los gobiernos de Morena -dijo la priista- tienen hoy a México al borde de la peor crisis económica y migratoria de su historia” y, enseguida, justificó la intromisión yanqui en nuestros asuntos internos diciendo que son “un tremendo jalón de orejas a este gobierno, por el mal manejo de la crisis migratoria y la negligencia ante el combate contra la delincuencia, que ha escalado niveles nunca antes vistos en nuestro país”, mostrando, claramente, su disposición a lustrar las botas del agresor en caso de una invasión.
Y la representante del PAN no se quedó atrás en cuanto a descalificaciones altisonantes para justificar su negativa de apoyo a quien dirige a su país para presentar un frente unido a un enemigo que se suponía, era común, pero que ahora, claramente, se ve es el patrón de la derecha mexicana.
Noemí Luna, hasta entonces coordinadora de la bancada del blanquiazul en la cámara, justificó la postura antipatriota de su partido con el comunicado calumnioso que publicó la Casa Blanca en su cuenta de X el 4 de febrero, que a falta de una mejor prueba “demostraba” que el gobierno mexicano estaba coludido con el narco, con un recorte de prensa que decía: “Exjefe de seguridad pública de México sentenciado a más de 38 años en Estados Unidos por aceptar sobornos de cárteles”, en referencia a la condena a Genaro García Luna, miembro de gobiernos panistas.
Mientras en el país el pueblo brinda todo su apoyo a la presidenta por su intachable conducción frente a las acometidas del descocado gobernante estadounidense, increíblemente, las fuerzas de la derecha se ponen del lado del agresor de los intereses de nuestro pueblo y le mandan mensajes para que siga elucubrando medidas propias de su índole de gobierno imperial que muestra las fauces y amenaza con tragarse a su vecino.
No es la primera vez en la historia de México que una porción de quienes nacieron en él actúan como lo hacen los dirigentes del PRI y el PAN, en aras de sus sectarios intereses. Cuando se revisa aquella se encuentran episodios en que “gusanos” -como llaman en Cuba a los traidores- ayudan como Caballos de Troya a enemigos su patria a introducirse en ella. Afortunadamente, la más que inmensa mayoría de los mexicanos, el 80 por ciento, estamos conscientes de que la unidad nacional en torno a sus defensores es elemental para continuar siendo el país libre y soberano que somos.