A cincuenta años de su fundación como carrera
Monterrey.- Hace cincuenta años se fundó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León la carrera de Licenciado en Sociología. Ese mismo año, en la Universidad Autónoma Metropolitana se funda también la mima carrera, debiendo recordar que, en la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1951 se funda la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la que se ofrece la carrera de Sociología. El personaje más reconocido en el origen de la carrera de sociología mexicana es, sin duda, Lucio Mendieta y Núñez1 (1895-1988), quien impulsó el desarrollo de publicaciones de sociología, el establecimiento de Centros de Investigación y la integración de Asociaciones Profesionales de Sociología, todo lo cual sirvió como una sólida base para que se constituyera una carrera académica con sus diversos niveles de licenciatura y de posgrado. Además, la “institucionalización” de la sociología tuvo antecedentes en las obras de autores como Gabino Barreda, Porfirio Parra y Antonio Caso, por mencionar a los más representativos.
El caso de la Carrera de Sociología en Nuevo León tuvo un origen diferente, sin contar con los antecedentes académicos ubicados en relación con la UNAM; su apertura se ubica en el contexto escolar de la UANL, que posibilitaba la apertura de nuevas carreras, con base en iniciativas académicas. Pero también hay que marcar el contexto sociopolítico a nivel local, nacional e internacional, en los que se operaban cambios trascendentales que debían ser explicados. A pesar de no ser tan abundantes como en la capital del país, se pueden mencionar antecedentes académicos de estudios sociales con autores como José Eleuterio González, Santiago Roel Melo, Héctor González, Isidro Vizcaya Canales, entre otros más. Pero quien merece atención especial por su trabajo específicamente sociológico, es Genaro Salinas Quiroga. Institucionalmente se reconocen como antecedentes el Instituto de Estudios Sociales de Monterrey AC, que funcionó alrededor de 1950 y el Centro de Investigaciones Económicas de la Facultad de Economía de la UANL, fundado en 1960.
En mi particular juicio, el estudio sociológico de mayor relevancia en Monterrey2 fue el realizado por Jorge Balán, Harley L. Browning y Elizabeth Jelín, patrocinado conjuntamente por el ya mencionado Centro de Investigaciones Económicas de la Facultad de Economía de la UANL y el Population Research Center de la Facultad de Sociología de la Universidad de Texas en Austin; además, la investigación fue subvencionda por la Ford Fundation. Lo que mejor distingue este estudio es su perspectiva evidentemente sociológica, enfocando uno de los problemas básicos de las sociedades en desarrollo en esa época, que era el de la movilidad social y geográfica en diferentes condiciones estructurales, superando los asuntos clásicos de las Ciencias Sociales, como el de la lucha de clases; además de su enfoque, el estudio trata de interconectar historia y biografía, lo cual constituye una de las tareas fundamentales de la teoría sociológica. El aspecto metodológico presenta los reconocimientos propios de un trabajo de investigación de tales dimensiones, enfatizando que el proceso de investigación es un “proceso dialéctico” en el que surgen nuevas hipótesis, aparecen nuevos datos y por lo tanto se deben elaborar nuevas explicaciones. En el mismo sentido, se revisa la pertinencia de pruebas estadísticas para respaldar los resultados, pero nunca más allá de los datos.
Los anteriores antecedentes académicos institucionales serían suficientes para sustentar la apertura de una carrera como la de Sociología, pero faltan, desde luego, las plataformas escolares y legales que permitieran hacerlo. El más importante de todos los elementos escolares es el de la constitución de un núcleo académico formado por sociólogos profesionales encargados de las tareas de enseñanza, reforzados por maestros especialistas en disciplinas conectadas con la sociología, como la historia, la ciencia política, la economía y la antropología, entre otras. El profesorado debía también estar constituido por especialistas en metodología de investigación científica y social, técnicas e instrumentos de investigación y en estadística, los cuales no serían fáciles de localizar, de contratar ni de consolidar; sin embargo, se debía iniciar con la carrera a pesar de las limitaciones, para aprovechar las oportunidades institucionales.
Una vez iniciado el proceso de enseñanza y aprendizaje, el activismo de participación política y social desbordaría los ámbitos tradicionales de la enseñanza formal, tanto por parte de los profesores como de los estudiantes, pues se compartían antecedentes de participación política. Las sesiones de clase no podían ser comunes a otros estudios, pues el propio objeto de estudio y apropiación de contenidos como aprendizaje se acompañaba del análisis político, de la develación de la ideología, de la indagación epistemológica y, en fin, de todos los contextos de la dinámica social. Autores como Marx, Durkheim, Weber, Gramsci y Althusser eran realmente muy difíciles de asimilar como contenidos escolares, pues su tendencia crítica y muchas veces revolucionaria contrastaba con las intenciones institucionales de someterlos a programas, actividades y hasta a evaluaciones escolares. Es muy difícil comprender el pensamiento marxista y después presentar un examen de sus ideas, simplemente no habría congruencia en esos propósitos. Estudiar sociología no tenía la intención de volverse un profesionista exitoso en esta disciplina, sino un compromiso de utilización de esos conocimientos para mejorar la sociedad.
El estudio de la sociología era especialmente alentador, para comprender y explicar, pero, sobre todo, para transformar la sociedad. El que considero personalmente como el más inspirador estudio de la sociología, desde mi punto de vista, es el titulado “La Promesa”, que aparece como primer capítulo de uno de los mejores libros3 de sociología, el cual fue escrito por el sociólogo estadounidense Charles Wright Mills (1916-1962). La “Promesa” recupera la vocación de la sociología como conocimiento útil para comprender y mejorar la sociedad, y no solo como conocimiento científico, propio de académicos, quienes se afanan en el uso de términos técnicos ensamblados en rigurosos procedimientos metodológicos para lograr el reconocimiento de la comunidad de científicos institucionalizados. El estudio de la sociedad, a través de la sociología, confiere a quienes lo hacen, de acuerdo a Mills, la capacidad de comprender su biografía como parte entramada con la historia dentro de la estructura social, permite también entender las formas de pensar, los problemas, las aspiraciones y los logros, no solo como asuntos individuales, sino como relaciones con el mundo social; del mismo modo se explica cómo la estructura social no se sobrepone sobre el individuo ni determina sus acciones, al igual que tampoco la historia puede definir lo que el individuo hace o piensa. Esa es la promesa: pensar y actuar como individuos dentro de la sociedad, construyendo la estructura social.
La sociología, tan científica como la formuló Comte o tan comprometida con el individuo y la sociedad como lo prometió Mills, se convirtió en carrera profesional en Monterrey. La transformación de la promesa en realidad, sea solo para los estudiosos de la sociología o para toda la sociedad, quedó confinada a una institución académica formadora de profesionistas; sin embargo, para cumplir su tarea desde ese marco debería por lo menos haber contar con los requerimientos mínimos de la producción de conocimientos científicos con valor social:
Establecer un Centro de Investigaciones Sociológicas.
Tener una revista en la que se publiquen investigaciones, análisis y opiniones sociológicas.
Articular la carrera con pregrado y posgrado (licenciatura, maestría y posgrado).
Celebrar congresos locales, nacionales e internacionales de Sociología.
Promover y apoyar el establecimiento de una Asociación Estatal de Sociología.
Desde luego que los requerimientos anteriores solo se pueden cumplir a partir de acciones institucionales y gubernamentales que confieran sentido a la existencia de cincuenta años de una carrera profesional basada en una disciplina científica, en la que no solo el transcurrir del tiempo defina lo que es una celebración de aniversario.
1 Margarita Olvera Serrano (2016) Los aportes de Lucio Mendieta y Núñez a la institucionalización de la sociología en México (1939-1951) Tempo Social, Revista de Sociología de la Universidad de Sao Paulo.
2 El Hombre en una Sociedad en Desarrollo. Movilidad Geográfica y Social en Monterrey. Se publicó originalmente en inglés en 1973 y posteriormente en español por el Fondo de Cultura Económica, en 1977.
3 La imaginación Sociológica, apareció en 1959 en inglés y posteriormente, en 1961 en español, editado por el Fondo de Cultura Económica en México.