Monterrey.- Las decisiones del PresidenteTrump buscan reposicionar a los Estados Unidos como país líder global, a costa de las transacciones de comercio. Sus actitudes y modo de relacionarse con los presidentes de otros países están alejados del trato diplomático convencional.
Sus decisiones también tienen que ver con las políticas internas. A través de una instancia administrativa recién creada, que dirige el empresario Elon Musk, se están aplicando recortes de presupuesto y despidos de personal que tienen un impacto importante. La supresión del presupuesto de la USAID, por ejemplo, eliminó las acciones del gobierno norteamericano que, de manera un tanto encubierta, le permitían incidir en la política interna de sus aliados. En México, por ejemplo, una organización que dejó de recibir millones de dólares fue la denominada “Mexicanos contra la Corrupción”. En Venezuela los opositores al gobierno ya no recibieron apoyo económico este año. En Ucrania también hubo recorte.
Con efectos hacia adentro y con repercusiones afuera se están tomando decisiones que afectan el accionar de los Institutos Nacionales de Salud. Organismos con prestigio internacional, que realizan investigación biomédica y que desarrollan vacunas, entre otros campos. El Secretario de Salud que nombró Trump es un Kennedy, a quien se le conoce su postura anti-vacunas, quien ya ha alterado los procedimientos e impedido avanzar en asuntos como los programas de desarrollo y actualización de vacunas.
El reconocido astrónomo Phil Plait expresó su rechazo a la que señala como una censura gubernamental a la investigación: “estamos frente al gobierno anticientífico más agresivo que jamás ha tenido los Estados Unidos”
El empeño por controlar el comercio internacional de Estados Unidos en base a la aplicación de aranceles a las importaciones, sin considerar los flujos de capital financiero asociado, responde a una visión muy estrecha de las relaciones económicas internacionales. Nada que ver con las teorías
Igual de trascendentes son las decisiones de dejar de apoyar a la Organización de las Naciones Unidas, retirarse de la Organización Mundial de la Salud y del Consejo de Derechos Humanos o no reconocer el ámbito de acción de la Corte Penal Internacional. Se está alterando el entramado institucional que se articuló al finalizar la Segunda Guerra Mundial y que se proponía reducir los conflictos entre países y alentar la cooperación. Se trataba en ese entonces de crear un espíritu de “comunidad” internacional.
Ante los embates del Cambio climático, que está afectando a buena parte del Mundo, se estableció hace algunos años el denominado Acuerdo de París. En el Acuerdo se establecieron metas, a cumplir en el año 2030 y al 2050, para reducir las afectaciones a la atmósfera terrestre. En las reuniones de seguimiento del Acuerdo no se ha logrado avanzar en la precisión de compromisos de los principales países contaminantes. Ahora, con Trump, los Estados Unidos se retiraron del Acuerdo de París. Además, contrario a lo deseable, Trump ya anunció que estimulará el uso de los combustibles fósiles, como el petróleo.
También se ha pronunciado y actuado en contra de las políticas de equidad de género, de inclusión y de aceptación de la diversidad. Ya ha emitido instrucciones para que su ideología se observe en las fuerzas armadas y está presionando a las empresas de producción y servicios a que se alineen.
La promoción de las monedas digitales o de los vehículos Tesla, como una acción personal del Presidente, rebasa con mucho sus funciones y dignidad del cargo.
Ante los conflictos de Ucrania y Palestina, la postura de Trump de empujar a los contendientes a firmar un acuerdo de paz, pasa por desvelar su visión estrictamente comercial en la manera de ver el escenario de posguerra: el desarrollo de un Resort en la Franja de Gaza y el acceso de los Estados Unidos a la “tierras raras” de Ucrania. Lo más alejado de una postura humanitaria o de respeto a la dignidad de las naciones.
La Organización del Tratado del Atlántico del Norte, alianza militar entre los aliados occidentales (E.U., Canadá, y los países europeos fuera de la órbita soviética) se está resquebrajando. Ya desde su primer periodo en la Casa Blanca, el Presidente Trump había demandado una mayor participación de los países europeos en el financiamiento de las tropas y armamento de la OTAN. Ahora, las garantías que Ucrania está planteando para firmar el acuerdo de paz con Rusia, estarían reclamando la participación económica de los Europeos (con pertrechos y hasta tropas), en una época de vacas flacas en los principales países europeos.
La llamada Alianza Occidental estaría llegando a su fin. Con Estados Unidos aislándose del resto del Mundo, perfilando una extraña alianza con Rusia y una riesgosa confrontación comercial con China, al tiempo que Europa expresa su desconfianza ante su antiguo aliado.
Como señala Guillermo Duval: “Estados Unidos está rompiendo abiertamente con los valores que alguna vez definieron el patrimonio compartido de "Occidente": la democracia, el imperio de la ley, los derechos humanos inalienables, el derecho a la seguridad física y social, el derecho internacional y un orden multilateral basado en reglas”.
Nada más falta que Trump se decida a invadir Groenlandia (para apropiarse de sus minerales estratégicos), y que presione a los canadienses a convertirse en un estado más de la Unión Americana.
La gestión pacífica de las controversias entre las naciones, reclaman un mejor activismo de los organismos internacionales. El Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas tendrá que asumir un papel más protagónico en la gestión de los asuntos bélicos. La llegada del nuevo Secretario General de la Organización de Estados Americanos (un diplomático de Surinam) puede ser un elemento que ayude a distender los procesos de fricción, al menos en las Américas. Por su parte, la Organización Mundial del Comercio debiera tomar la iniciativa para terciar en los procesos de negociaciones comerciales bilaterales.
Hasta hace poco tiempo, en los análisis académicos del sistema político norteamericano, se planteaba con admiración lo que se denominaba como sistema de pesos y contrapesos institucionales, que le daba estabilidad y equilibrio al régimen político norteamericano. Frente al poder del Presidente, se ubicaba al Poder Legislativo y como garante de la observancia de la ley al Poder Judicial. Sin embargo, el Presidente Trump está imponiendo sus decisiones via lo que se denominan “Órdenes Ejecutivas” o lo que sería: gobernar por decreto, para evitar toda interferencia del Poder Legislativo. En cuanto al Poder Judicial, no son pocos los jueces que están advertidos de que van a salir de sus puestos. Algunas autoridades estatales y municipales han confrontado las decisiones de Trump y, por supuesto, han recibido las amenazas correspondientes.
En el mes de enero pasado, al retirarse del cargo, el Presidente Biden se refirió a la “oligarquía” que estaba tomando el poder junto con el Presidente Trump: un pequeño grupo de individuos ultrarricos, cuyas fortunas dependen del acceso a los mercados globales.
Como dice Gabriel Zucman: si lo que Trump quiere es una guerra comercial, los consumidores de México, Canadá, Europa y otros lugares, deberían unirse para garantizar que Musk y sus compañeros oligarcas sientan el costo de sus promociones: las recientes caídas de las bolsas de valores o del valor de las acciones de Tesla, pueden ser una señal de que el sector financiero no ve claro el panorama que están creando Trump y asociados; habrá que esperar el accionar de los consumidores.
Una expectativa posible es que el sistema de pesos y contrapesos funcione, como decían que funcionaba y que se atemperen los procedimientos del Presidente Trump. De cualquier manera, la correlación de fuerzas en el escenario internacional ya cambió, pero el entramado institucional del nuevo orden tardará en articularse.