GOMEZ12102020

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
Educación superior gratuita y obligatoria
Edilberto Cervantes Galván

Monterrey.- Con la expedición de la Ley General de Educación Superior (20 de abril de 2021) se creó el marco legal para cumplir el propósito de garantizar la obligatoriedad del Estado en ese nivel educativo y la gratuidad en la prestación del servicio. Corresponde al Estado diseñar las políticas y proporcionar las condiciones para hacerla efectiva.

El 30 de noviembre próximo pasado se celebró la segunda reunión del Consejo Nacional para la Coordinación de la Educación Superior (CONACES) con el propósito de dar cumplimiento a lo dispuesto en la Ley y avanzar en la armonización legal de las 32 entidades federativas.

En la Ley se garantiza la autonomía de las instituciones y la libertad de cátedra y se reconoce a la educación superior como un derecho humano que coadyuvará al bienestar social y al desarrollo integral de las personas.

Uno de los aspectos clave para cumplir con el carácter obligatorio y gratuito es el financiamiento de las instituciones.

En el caso de la educación media superior, cuya obligatoriedad se estableció en el 2012, se presentó el desafío de generar una oferta que remontara una tasa de cobertura del sesenta al cien por ciento. Esto implica llevar oportunidades de formación a todos los rincones del país. El programa de becas Benito Juárez del gobierno de AMLO es un buen apoyo para las familias de los jóvenes inscritos en las prepas.

En la educación superior se plantea un paso gradual hacia la gratuidad total. Con nuevas políticas de financiamiento de las instituciones y la integración de un Fondo. No obstante, la Directora del CONACYT anunció que a partir del 2022 se cancelará cualquier tipo de colegiatura y cuota a los estudiantes de los 26 “centros públicos de investigación” que coordina el Consejo. Se trata, dijo, de revertir las inercias y lógicas del mercado que se aplicaron durante décadas en el sistema educativo.

Se prevén transformaciones en diversas instituciones públicas como el Tecnológico Nacional de México, las Universidades Tecnológicas y las Universidades Politécnicas. También la configuración de tres subsistemas: el universitario, el tecnológico y el de educación normal y de instituciones de formación docente.

En la reunión de la CONACES se informó sobre los avances en la integración de un Registro Nacional de Opciones en la Educación Superior, como un servicio de información para los estudiantes; con recursos de orientación vocacional, orientación laboral; talleres de orientación educativa y análisis de la colocación de egresados. Así como una “territorialización” de la oferta educativa para orientar sobre las opciones más cercanas a los jóvenes.

También se revisó el tema de las COEPES: organismos de concertación y deliberación de las instituciones de educación superior que operan en las entidades federativas.

Otro anuncio significativo fue el de que ya está en operación un Sistema Integrado de Información de la Educación Superior. Este Sistema integra información sobre muy distintos aspectos de las 4 mil 371 instituciones de educación superior (públicas y privadas) que operan en el país. Es un proyecto de la SEP y que desarrolló la UNAM.

Desde otra perspectiva, vale mencionar que son escasos los estudios sobre el mercado de trabajo de los egresados de la educación superior. De acuerdo con un reporte de Sebastián Guevara y Santiago de Regil, publicado en la revista Nexos (diciembre 2019), la política de expansión de la matrícula en la educación superior, que se ha seguido en las últimas tres décadas, no ha sido acompañada por una ampliación de oportunidades en el mercado laboral.

La redituabilidad económica de la educación superior en términos de oportunidades de empleo y salario ha ido a la baja. “En 2005, la diferencia en ingreso entre alguien con educación media superior y alguien con educación superior era de 61 %. En 2019 la diferencia bajó a 42 %. ¡Una caída relativa en los retornos a educación superior a 30 %! Esto significa que se está devaluando el título universitario”.

Parece que la mayoría de las fuentes de trabajo que se ofrecen a los jóvenes no requieren de un nivel de preparación tan especializado como el que obtienen en educación superior. Esto habla de un mercado laboral que no ha evolucionado para captar el nuevo talento generado por la expansión de la educación superior.

Guevara y de Regil señalan que los jóvenes también son los más afectados por el desempleo, especialmente aquellos con educación superior. “Las personas entre 20 y 24 años presentan una tasa de desocupación de 6.17 % con educación básica, 7.20 % con educación media superior y 8.36 % con educación superior. Como referencia, la tasa de desocupación general fue de 3.16 %”.

“Por ejemplo, –señalan Guevara y de Regil– cuando una persona invierte 4 años de su vida a recibir educación superior y se encuentra con ofertas laborales que únicamente requerían la media superior, entonces perdió 4 años de ingresos”.

Recientemente se dio a conocer que de los estudiantes que egresan de la educación superior un porcentaje importante no logra graduarse: recibir su título.