GOMEZ12102020

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
La nueva escuela mexicana
Edilberto Cervantes Galván

Monterrey.- Los contenidos de la educación siempre han sido materia de debate. El decidir qué se enseña y cómo se enseña es de interés para los diferentes grupos sociales, las organizaciones de poder, las iglesias.

Los intentos de “reforma educativa”, como los de cualquier reforma de política pública, generan controversia. Por un lado se ubican los que defienden el statu quo (las cosas como están, están bien); por otro, quienes consideran que lo que se viene haciendo se puede mejorar y, con una tercera posición, quienes consideran que es necesaria una transformación.

Una investigación académica en la Universidad de Harvard, sobre las reformas educativas que se impulsaron en los últimos cien años en Estados Unidos, encontró que las reformas las han impulsado los grupos empresariales, el gobierno, los sindicatos, el ejército, las iglesias; cada quien con su propia perspectiva y en diferentes circunstancias.

El hallazgo más importante fue que en la mayor parte de los casos las “reformas” se fueron diluyendo, sin que llegaran a impactar realmente al sistema educativo. De un impulso inicial muy fuerte o con estruendo a una asimilación paulatina de las presiones para cambiar, por parte de la estructura y organización de la educación: los directivos y maestros.

En México, la política educativa de los gobiernos nacionales se ha anunciado y promovido con frecuencia con el calificativo de “reforma”. Cada gobierno procura imponer su sello en los libros de texto gratuito, en los planes y programas de estudio, en la forma de tratar a los directivos y a los maestros. El papel que los gobiernos le han otorgado a las organizaciones sindicales, también ha variado de una administración a otra.

El hecho es que cada seis años el gobierno impulsa una política educativa y los resultados han sido, por lo menos en los últimos cuarenta años, muy poco exitosos. Hasta los años ochenta del siglo pasado, los avances paulatinos en el índice de “cobertura” en la educación básica se utilizaban para mostrar efectividad en el esfuerzo. A partir de los años noventa la cobertura al cien por ciento en media superior y superior se mantiene como una lejana aspiración. La educación media superior es obligatoria desde hace una década y ahora lo es la educación superior.

Los cuestionamientos de los gobiernos neoliberales, sobre el trabajo académico y sus resultados en las escuelas de México, condujeron a la incorporación del sistema educativo mexicano en un mecanismo de evaluación diseñado y operado por la OCDE. En este, se aplican reactivos a los alumnos de 15 años (no importa si están en secundaria o preparatoria) para evaluar habilidades básicas de lectura, matemáticas y ciencias. Las pruebas se han aplicado desde el año 2000. El propósito de la evaluación es medir las capacidades y tener elementos de comparación de país a país. El resultado ha sido que México no ha podido superar, en veinte años, su ubicación en los últimos lugares.

Con la prueba PISA de la OCDE se estableció un estándar único para todos los países miembros de la organización. Estas pruebas, denominadas estandarizadas, miden con un mismo criterio a jóvenes de muy diversos entornos sociales y culturales. El propósito neoliberal era precisamente que los alumnos mexicanos lograran estándares internacionales en su desempeño académico. En veinte años se hicieron todas las mediciones, pero no se instrumentó ninguna estrategia efectiva para mejorar las competencias de los jóvenes mexicanos. Hasta la fecha.

Otro recurso que es básico para que los alumnos mexicanos logren capacidades y habilidades que les permitan competir en los mercados internacionales es el de las tecnologías de la información. En los años noventa no se diseñó ningún programa federal para dotar a las escuelas de equipo informático y tampoco ningún programa para capacitar a los maestros en el manejo de las TIC. En los gobiernos del 2000 al 2012 los intentos por incorporar las TIC en el sistema educativo fueron tímidos y obsoletos. En el gobierno del 2012 al 2018, se prometió, en la campaña electoral, que se dotaría de una computadora portátil a cada alumno de educación básica. La computadora se cambió por una Tablet, y sólo se distribuyeron algunos miles y no hubo más. Cuando sobrevino la pandemia del COVID 19, fueron los maestros, con sus teléfonos digitales, los que sostuvieron la comunicación con sus alumnos; quienes también usaron sus teléfonos. El número de escuelas con señal digital es muy reducido y los equipos disponibles igual.

Ahora que el gobierno de la “Cuarta Transformación” ha puesto a consulta un nuevo plan de estudios para la educación básica, con el que se deja a un lado el enfoque utilitarista neoliberal y se le sustituye con un objetivo de desarrollo humano integral, las críticas de quienes en sexenios anteriores fueron responsables de la educación nacional se han expresado de inmediato. Se trata de una propuesta que responde a una “ideología confusa y barata”, dijo Gilberto Guevara Niebla.

El mundo está cambiando, la globalización neoliberal se desquició. Ver hacia adelante obliga a revisar críticamente lo que se ha venido haciendo y que no ofrece resultados. Los maestros y directores de escuela tienen la palabra. Convendría analizar la propuesta del nuevo plan de estudios con cierta amplitud de criterio.