Sí, claro que se informa sobre lo que pasa en algunas partes del resto del Mundo: la guerra en Ucrania o ahora la guerra en Israel, las iniciativas de Milei o las andanzas del Donald Trump.
Hace unos días leí los artículos “editoriales” de tres colaboradores del El Norte-Reforma. Si bien cada uno de ellos aborda temas aparentemente distintos, al final de cuentas se identifican en el fondo: la toma de decisiones del gobierno o desde el gobierno. Todos publicados el 24 de diciembre pasado.
Carlos Elizondo Mayer-Sierra, empieza señalando que: “Para la gran mayoría de los mexicanos, la infraestructura pública en estos últimos cinco años, lejos de mejorar se ha deteriorado”. Sin demostrar su acerto, centra su crítica en la construcción del aeropuerto AIFA (al que califica de: “un caso extremo de inutilidad”) y la anulación, cancelación o supresión, del mega aeropuerto que el gobierno de Peña Nieto había empezado a construir hace seis años en Texcoco.
Se pregunta entonces: “¿Por qué el Presidente impulsa la modernización del sureste, a costa de más de 3.4 millones de árboles, de comunidades afectadas, de cenotes atravesados por pilotes y no quiere modernizar a la Ciudad de México, dando como pretexto una corrupción en la obra de Texcoco nunca demostrada? Para mí es un misterio”.
Cierra su artículo diciendo: “El siguiente gobierno deberá ser capaz de invertir en las obras que el país requiere, no las que el soberano cree adecuadas. Ya vimos el costo de ello.”
Por su parte, Luis Rubio escribe un artículo que titula: “Mis lecturas”, en el que hace referencia a 7 libros. El primero, es el de Raymundo M. Campos Vázquez: “Desigualdades. Por qué nos beneficia un país más igualitario”. El argumento que destaca Rubio es el de que: si no se crean las condiciones que permitan que cualquier mexicano tenga “oportunidades similares de entrada”, el País jamás resolverá sus problemas de crecimiento, desarrollo o seguridad. Y califica como “indisputable” la propuesta central de Campos V.: “México requiere una burocracia profesional apartidista –un Estado que funcione– para atender este mal central para el desarrollo del País”.
La segunda obra que comenta Rubio se titula: No Blank Check, de Reeves y Rogowski. “Analiza la tradicional suspicacia que los estadounidenses tienen sobre el poder de su Presidente”. La conclusión a la que llegan los autores es que al electorado americano, por encima de todo, “le disgustan los Presidentes que se van por la libre”.
El tercer libro, dice Rubio: “es el mejor de los que he leído en una década”. The Tragic Mind, de Robert Kaplan. Se trata de: “una profunda reflexión sobre el orden, la anarquía y el liderazgo capaces de conducir a un país…donde las alternativas no son blanco y negro, pero las consecuencias de una mala decisión pueden ser trágicas. El valor del libro radica en su clarividencia: la importancia del conocimiento y la sabiduría en la toma de decisiones…”
El cuarto libro es el de Yeonmi Park, una “emigrante de Corea del Norte” que vive en los Estados Unidos: “Mientras haya tiempo”. De acuerdo con Rubio, Park describe la precariedad de la vida en su país natal, la “brutalidad” de las ambiciones de China y sus preocupaciones por la forma en que evolucionan “las guerras culturales americanas, explicando cómo la nueva religión de género, equidad y lenguaje está envenenando la interacción entre las personas y la política en general al grado de comenzar a parecerse a su tierra natal”. Una “nueva religión” y “guerras culturales” en los Estados Unidos: habrá que estar atentos.
El quinto libro es: “¿Por qué colapsan los imperios?” de Heather y Ripley. Según los autores Roma no tenía que haber acabado colapsada como ocurrió. Se refieren entonces a la necesidad de atender “los males estructurales, sobre todo financieros y presupuestales que aquejan a las principales naciones occidentales y que, como en el caso de Roma, pudieran ser la causa de su colapso”. Entonces, a las “guerras culturales americanas” y a la “nueva religión” habría que agregar los “males” financieros y presupuestales, que pueden acabar con el imperio “de Occidente”.
El sexto libro, “La revolución rusa” (así con minúsculas) de Víctor Sebestyen: “para presentar una historia devastadora de destrucción, opresión y abuso que uno pudiera imaginar”. Y Rubio sentencia: “Una historia bien contada que explica mucho de lo que hoy vive y padece el mundo”. Me surge la pregunta: ¿Cómo entender esa gran influencia de la experiencia rusa, en lo que “hoy vive y padece el mundo”? Hay quienes opinan que la Revolución Rusa se acabó con la llegada del régimen de Stalin (hace casi cien años) y la Unión Soviética se desintegró hace más de treinta años.
El sexto libro es: “Beijing Rules”, de Bethany Allen. “El libro contiene una extraordinaria descripción de la forma de evolucionar de las decisiones que fueron dando forma al desarrollo de esa gran nación asiática”. Rubio destaca el “argumento” de la autora: China tenía su propio plan y optó por aplicarlo de manera sistemática. De nuevo el asunto de la toma de decisiones, pero aquí reconociendo que “desde el principio” los chinos se aplicaron a su plan.
El séptimo libro: “Espinoza en el Parque México”, de Enrique Krauze, lo califica Rubio como un libro erudito y aleccionador, sin dar mayores elementos.
Sin embargo, Krauze es el tercer colaborador de El Norte-Reforma que publicó un artículo editorial el mismo día que Mayer-Serra y Rubio. Krauze sustenta su comentario en el libro: “La Navidad en las montañas”, de Ignacio Manuel Altamirano, publicado en el siglo XIX, en 1870. En medio de la Guerra de Reforma, un capitán “juarista” (o sea liberal) quien, recorriendo la sierra, en vísperas de la Navidad, coincide en una aldea con un fraile carmelita “secularizado”; este encuentro traerá al capitán recuerdos del protector de su juventud a quien asocia con este fraile: “Usted es un demócrata verdadero exclama el capitán; demócrata o discípulo de Jesús, ¿no es acaso la misma cosa”, responde el sacerdote. “Un chinaco liberal –dice Krauze– y un sacerdote católico se reconocen uno al otro en su irreductible humanidad. El liberal recobra sus raíces cristianas, el cura reconoce la raíz cristiana del liberal”. Entonces, se pregunta Krauze, “¿No es ese el mensaje de reconciliación que reclama y merece México tras estos años de oscura, innecesaria, criminal discordia inducida por el poder?” En pleno siglo XXI, la “criminal discordia”, inducida según Krauze, por el poder civil, puede solucionarse si hay buena voluntad entre los mexicanos: claro, si se dejan a un lado ideologías y religiones.
¿Hacia dónde vamos?
En la etapa actual de la evolución de las instituciones sociales, con la democracia representativa como forma de gobierno, con luchas político-electorales para elegir dirigentes, con estructuras de gobierno que tienen la responsabilidad de resolver los asuntos públicos, parece simplista acudir al expediente de dejar la toma de decisiones en una “burocracia profesional apartidista”, o acotar la toma de decisiones del Presidente. O la propuesta, que se adelantó en un documento de la actual campaña política de la oposición, de establecer un gobierno de coalición, para evitar que un solo partido tome las decisiones.
Sí, considero que es necesario mejorar el proceso de toma de decisiones, pero no al estilo tecnocrático con el que se quiere vestir de racionalidad a las políticas públicas. Convendría aprovechar el actual proceso electoral para analizar con apertura las alternativas de política pública que ofrecen partidos y candidatos, dar espacio a la discusión entre los distintos segmentos de la sociedad y de los grupos económicos. Eso sería mejor que la actual estrategia electoral basada en atraer simpatías o generar likes.
O replantear el actual formato electoral, que ha convertido a las elecciones en un proceso de “política administrada” por un organismo que en cada elección cambia las reglas del juego, y con élites partidistas que se mantienen (eternizan) en los puestos públicos, mediante el “chapulineo” y la reelección.
Pareciera que el régimen presidencialista que se ha mantenido en México desde hace décadas ya no satisface a los grupos antagónicos a AMLO. Si es así, ¿cuál es la alternativa que proponen y cómo se lograría? Como una opción, ahí está el régimen parlamentario.
El régimen político en los Estados Unidos también se califica como Presidencialista. Pero allá no están cambiando la Constitución con la alta frecuencia que se hace en México.
De cualquier manera, El Norte-Reforma debiera adoptar sus propios consejos de año nuevo: “Que la oposición vaya más allá del “no” y diga “cómo sí”. No se puede construir un proyecto de país sobre la base, solamente, de repudiar a un Presidente, se necesitan soluciones. Propuestas innovadoras, tan variadas y coloridas como en un puesto de gelatinas.” Columna Templo Mayor, 2023-12-31.
En el 2024, la mitad de la humanidad está llamada a las urnas en elecciones.