RODRIGUEZ29112024

Los polkos están de vuelta
Filiberto Pinelo Sansores

Mérida.- La asunción a la presidencia de los Estados Unidos de Donald Trump toma a México más unido que nunca, con una presidenta a la cabeza dispuesta a defender al país y a los mexicanos de dentro y fuera hasta las últimas consecuencias. Los diversos sectores sociales que componen a la sociedad mexicana, desde los más encumbrados hasta los más desfavorecidos, han expresado su apoyo a las políticas que el gobierno de Claudia Sheinbaum ha puesto en marcha para hacer frente a las medidas agresivas que el barbaján de la melena zanahoria está poniendo en práctica.

Son unos cuantos los apátridas que ante una agresión del extranjero, como la que lleva a cabo el mandatario gringo, se ponen a favor de este y en contra de quienes defienden al país, como la senadora panista Lilly Téllez que escribió en sus redes: “Jamás cerraré filas ni me uniré con la presidente (sic) que vendió la soberanía de México a los cárteles”, recordándonos que todavía nacen en nuestro suelo émulos de Miramón y Mejía.

Es de recordar también la postura del ex dirigente del PAN, Marko Cortés que no deja de insistir en que se clasifique en nuestras leyes a los cárteles de las drogas como terroristas, haciéndole el juego a Trump y pueda este, con el pretexto de combatirlos, enviar su ejército a invadirnos.

En periódicos de la derecha no faltan los vendepatrias que usan la mentira para desacreditar el esfuerzo que la presidenta hace para defender los intereses de los mexicanos, tanto los que viven en nuestro suelo como los que habitan en el país vecino.

Los infundios que inventan unos son retomados por otros, todos parte de una cadena de la desinformación alevosamente construida para sus fines. Ejemplo es el director del Diario de Yucatán, Carlos Menéndez Losa, que cada domingo escribe como editorial principal del periódico, una monserga alimentada con mentiras que antes publicaron falsarios compulsivos como Anabel Hernández, Loret de Mola y otros profesionales del embuste.

En la del domingo pasado, primero criticó a Claudia Sheinbaum porque “reaccionó con tibieza a las bravatas de Trump”, pues hizo “un llamado a la calma” y pidió analizar la situación “con cabeza fría”, tanto así que el “magnate populista la recompensó con elogios en la cumbre de Davos”, como premio a “su sumisión”; sin embargo, de inmediato, se contradijo al decir que “Claudia Sheinbaum debe actuar con prudencia para no poner en riesgo importantes fuentes de financiamiento”. Entonces, ¿fue sumisa o fue prudente? No importa, el caso es denostar a la presidenta.

Siguió adelante con sus calumniosos comentarios: La designación de los cárteles como organizaciones terroristas –hecha por Trump–, “podría afectar seriamente la oscura relación del morenismo con el crimen organizado, que aporta millones de pesos al clientelismo populista que mantiene al régimen en el poder”, escribió insidiosamente. ¿Qué quiere hacer con esta mentira? Asfaltar el camino de una intervención en nuestro territorio.

No aporta la más mínima prueba de lo que afirma acerca de que el crimen organizado le da dinero al gobierno o a Morena pero echa lodo sobre la izquierda, sobre todo, para manchar el prestigio de la presidenta, al decir que el régimen recibe “millones de pesos” del crimen organizado que sirven para los programas sociales, es decir, el “clientelismo populista”.

Lo peor es que lo hace cuando más se necesita la unidad de los mexicanos para defender a nuestra patria de un poder extranjero. Por fortuna, son muy pocos los que creen en estas patrañas. La inmensa mayoría de nuestros compatriotas cierran filas en defensa de principios tan caros a quienes aman a su país, como es el del respeto a nuestra soberanía y nuestra integridad territorial que estarían en peligro si se materializaran los cálculos desvergonzados de quienes aplauden las declaraciones intervencionistas de Trump porque tienen la esperanza de que nos invada.

Todo el que haciéndose el tonto trata de engañar con declaraciones que favorecen invasiones de nuestro territorio es un facilitador de la bota ajena que quiere mancillar nuestro suelo patrio. Todo el que se hace eco de las amenazas del presidente de la potencia del norte que se engulló la mitad de nuestro territorio, cualquiera que sea su pretexto, es, ni más ni menos, que un traidor a la patria.

Por eso, cuando dice en su escrito que la decisión de Trump de declarar terroristas a los cárteles –rechazada por los mexicanos, no sólo de Morena sino de todos los credos y banderías, siempre y cuando sean patriotas– perjudica al gobierno mexicano, porque, según dice, recibe este beneficios de los cárteles, no hace sino ponerse del lado de los vendepatrias de nuestro tiempo que no pueden acceder al poder más que sentados sobre la punta de las bayonetas de una invasión extranjera ya que por el pueblo, jamás.

En Estados Unidos existen varias leyes mediante las cuales los yanquis se arrogan el derecho de invadir a cualquier país que consideren ponga en riesgo “su democracia”. La Ley de Poderes de Guerra (War Powers Resolution) de 1973 y la Ley de Enemigos Extranjeros (Alien Enemies Act) de 1798 son dos de ellas. Asimismo, una de las primeras órdenes ejecutivas que firmó Trump cuando asumió fue la que clasifica como terroristas a los cárteles de las drogas y poder combatirlos fuera de su territorio.

Si en México Marko Cortés, presidente del Partido Acción Nacional (PAN) haciéndole el juego ha propuesto en el senado, que acá también sean declarados los cárteles con la misma clasificación que Trump, no hay duda en lo que busca: facilitarle a un poder extraño la invasión de su país.

Los polkos fueron en 1847 un grupo de militares mexicanos que se sublevaron durante la Guerra entre México y Estados Unidos. Su nombre proviene de la danza polca, que era popular entre ellos. Los Polkos se oponían al gobierno del presidente Gómez Farías y a las reformas liberales que intentaba implementar, especialmente aquellas que afectaban a la Iglesia y al ejército. Y por eso era su actitud antipatriótica. Hoy, sus herederos espirituales están de vuelta. Pero para su desgracia, están solos.